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CAPITULO 3:
Escrito por Carlos Javier Teves © (
Era el primer día de guardia nocturna para Laura; la neófita enfermera con una taza de café en mano y sus apuntes de la facultad de medicina transitaba por sus primeras horas de guardia nocturna. Caminaba por los pasillos y entretanto dedicaba su concentración a dichos apuntes; también a su vez, chequeaba (de habitación en habitación) que todo estuviera en orden. Al asomarse y pegar un avistamiento por la ventanilla de la habitación 27, ella no esperaba encontrarse al desvalido y moribundo Adrián, quien se hallaba en un rincón de la habitación tirado en el suelo llevando sus piernas y brazos al centro de su cuerpo, como si estuviera en un estado de hipotermia concentrando todo el calor posible en su anatomía. Además, debajo de su figura, estaba un charco de sangre.
Ante la desesperación y pánico quedó la inexperta enfermera; corrió en busca de ayuda y lograron socorrerlo mientras que con espanto veían el mensaje que había dejado Adrián escrito. Mientras lo llevaban en camilla hacia terapia intensiva, Laura lo seguía notando que el corazón parecía explotarle de sus propios latidos, atribuyó esta sensación de adrenalina a los acontecimientos dados y antes de entrar a la sala, le despidió con una caricia melancólica que recorrió el rostro y cabello de Adrián, casi compadeciéndose del personaje. Sin embargo, se dibujo en Laura una pequeña sonrisa de complicidad, ya que tenía la seguridad de que sobreviviría y muy posiblemente debería darle gracias a ella. Transcurrieron 5 semanas después del nuevo enfrentamiento cara a cara con la muerte que tuvo Adrián. Durante las 5 semanas, todos los días Laura pasaba a visitarle y aunque en mayor parte por su trabajo diario, incluso en sus días de descanso pasaba a una vez al menos. Fue un jueves en el que Adrián retomó la consciencia y le otorgó la sorpresa a Laura, que controlaba los sueros que le estaban suministrando a él. Lacónicamente detuvo sus labores y fijó la mirada en la de él. Ella fue lo primero que encontraron los ojos del paciente y ambos quedaron pausados por unos instantes, hasta que ella reconoció el hecho de que él le estaba viendo y no hay un error tipográfico o de concepto literario al decir que “le estaba viendo”, porque asi fue, milagrosamente recuperó la vista. Después del diagnostico, Adrián supo que recuperó la vista en un 70% y sin ser una recuperación total, aún asi era, un milagro clínico. Abatido y ya sin rumbo, el cielo le otorgó la redención en forma de mujer. Laura cayó a su vida para salvarlo del bruno abismo que es la hoguera del remordimiento. Nuestro maltrecho personaje encontraría en Laura el amor de su vida; un amor tan intenso que lo dejaba perplejo y encantado; cuando ella aparecía, el fondo de la escena se matizaba totalmente blanco para él. Cuando se hallaba presente, sus ojos no eran capaces de distinguir nada más que la silueta de Laura. Adrián aprendió a valorar su vida y también a quererla, quedó desde aquel despertar enamorado totalmente de Laura y ésta no fue inerte a esos sentimientos. Cada vez que Laura descubría que el paciente la miraba maravillado, quedaba embelesada y no lograba reprimir ese sentimiento que en un principio trató de ocultar (ella no quería en su trabajo relacionarse de tal forma con un paciente y más aún con el triste historial de éste). No obstante, se sentía en lo más profundo de su ser y alma atraída con el historial de Adrián, éste le dejaba la sensación de pena y tristeza mal afortunada por un simple acto de descuido. Por su parte, Adrián no bajaba los brazos en sus intentos de cautivar y conquistar a dicha enfermera, le planteaba sus sentimientos cada vez que se podía y cómo ese sentimiento le era mágico e increíble. Al pasar 3 meses del último despertar de Adrián, uno de los médicos encargados del lugar le solicitó en una cita especial y le explicó en ésta, que estaban todos pasmados por su rehabilitación física y psicológica. Le comunicó con alegría que en pocos meses podía ser dado de alta. Adrián con una sonrisa de oreja a oreja tatuada en su rostro, fue a comunicarle la gran noticia a Laura y ésta, rebozando de alegría, prefirió contenerse de decirle que se estaba enamorando de él; sabía ahora que llegaría próximamente la oportunidad de hacerlo. Dos meses más tarde, Adrián sería dado de alta, pero una semana antes de irse un último acto de amor conquistaría por completo a su enamorada: Sabiendo los horarios en que ella transitaba, se preparó y con ayuda de otra enfermera (la cual le prestó un lápiz labial rojo) dejó un mensaje en el mismo lugar en el que había colocado su nota de suicidio antes de que Laura lo interrumpiera. Laura recorriendo los pasillos, pasó por la habitación del paciente que estaría por irse del lugar, pero, estaría por entrar en su vida. Patidifusa quedó al mirar por la ventanilla 27 y ver que adrián terminaba de escribir un nuevo mensaje. Se asustó impresionantemente durante algunos segundos, tanto fue así, que cuando Adrián le explicó la sorpresa, lo hizo pidiéndole perdón por haberla hecho llorar del susto. En definitiva las lágrimas generadas por el miedo se transformaban, a medida que leía en mensaje, en lagrimas de alegría, el mensaje decía así: “Sustancial calidad de los sueños, viniste a darme amor entero, ese amor que hace siglos no tengo. Ese al que tengo que pedirle de rodillas consuelo, porque ha pasado por mí todo el mal que hice, sin de ello tener algún conocimiento neto. De misericordia imploré a mil dioses que las palabras ajenas, esas miradas de total prejuicio que creen que todo esta escrito, me dejen en paz y liberen las penas. Ahora miro a la redención tocándome la puerta y una vez mas, tiemblo porque puede ser un simple espejismo como muchos que ya he visto. Me aterra esa forma de mirarme con algo de recelo, atención y anhelo, como miraste ayer, diciéndome sin decirlo que estabas en mi pasado, en mi presente y esperándome en el futuro incierto, hermoso y bello. Ubicuo es mi amor y libre de superfluos pensamientos el corazón que te entrego, que ha llegado al cielo de la redención, donde el dharma quita su espada y me entrega la luna en conjunto de una mujer que se hace mi sol, en un nuevo amanecer donde no hay ocasos y el paisaje hermoso de tus ojos, que componen a tu mirada, llena de sonrisas mi alma, esa mirada que me petrifica las manos y el cuerpo, que está saliendo de un féretro preguntándose ¿por qué el omnisciente me ha dado el perdón y me ha dejado en manos de un ángel?” Al terminar de contemplar con total atención las palabras que Adrián le entregaba, Laura tomó el rostro del paciente con ambas manos y tuvieron su primer beso, un beso que pareció eterno, que convulsionaba el sentir de ambos dejandoles a cuentas que se hallaban en un amor verdadero. Una vez libre, Adrián y su enamorada decidieron vivir juntos. Adrián obtuvo una seguidilla de alrededor de 10 trabajos mediocres, con lo que apenas lograba subsistir. Las cosas cambiaron para mejor al cumplir un año de convivencia; Adrián empezaba a descubrir de nuevo sus ambiciones, comprando y vendiendo toda clase de objetos a través de diferentes medios. Su favorito fue Internet, que le dejó ganancias del doble de las de su sueldo, alcanzando una fuerte suba en sus expectativas económicas, las cuales se vieron truncadas al llegar la fantástica noticia de que Laura estaba embarazada. CAPITULO 4 "EL FINAL FANTASTICO" Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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