El báculo de Sitatunga (1ª parte)
Escrito por Tonny y Montse (Desconectado Offline), el 29 de julio de 2008
A la mañana, me encontraba bajo un techado de hojas de palmera, y, con dificultad, me levante del arenoso suelo sobre el que me encontraba…Despacio, avanzaba por la aldea, donde tan sólo el ladrido de aquellos animales parecidos a perros rompían el silencio… Aquella situación era extraña, puesto que no me encontré con ninguna persona, lo cual contrastaba con la gran concentración del festejo de la noche anterior. Rápidamente, decidí dirigirme hacia la cabaña del chamán, donde con cautela, intentaba inútilmente pasar desapercibido del gran animal que me sorprendió el día anterior en el mismo lugar. Por ello, únicamente llamé al Chamán por su nombre varias veces, y, observando que no había respuesta a mi llamada, constaté que era el único ser humano en aquel lugar. Algo había ocurrido en la mañana, algún gran acontecimiento que había hecho a la tribu dejar ese lugar precipitadamente. Por algún motivo, no se me había permitido dejar la aldea. Y probablemente, el motivo estaba relacionado con mi seguridad…Por otra parte, pensé que mi vida en aquel lugar estaba estrechamente relacionada con la vida de aquella tribu, ya que mi regreso al mundo de la realidad era bastante confuso. Es por ello que intenté buscar cualquier objeto que me sirviese de arma en aquel fortín, y recordé, tal y como me lo había mostrado Sitatunga, que en el gran corral de la aldea había algunas armas. Al entrar, pude contemplar que no sólo algunas hachas y ballestas se encontraban, sino también el báculo de Sitatunga .No era aquel un báculo común, pues de lo contrario, poseía algunos atributos de explicación imposible, como el mismo Chamán me expresó la noche anterior .Pero, ¿qué hacía Sitatunga sin su báculo? . Decidí averiguarlo, y cogiéndo una daga que entre las armas se encontraba, me dispuse a montar a una de las dos grandes bestias que permanecían en el corral. De interminables crines, aquel animal de color gris oscuro, y el tamaño de un gran buey, poseía unas fuertes patas alargadas, tanto que elevaban su lomo por encima de los dos metros. Aquella especie de bovino carente de cuernos, era el animal que montaba Gerifalte en el atardecer del día anterior. Aunque me pareció un animal difícil de dominar, me impresionó notablemente cuando descubrí que se trataba de un animal increíblemente dócil. Algo que no pude descubrir el día anterior, por no llevar yo el dominio del mismo. Sin embargo, lo más difícil fue conseguir llegar hasta el dorso del animal…Sintiéndome preparado, sólo el destino podía ayudarme a llegar a mi meta: Encontrar a Sitatunga y devolverle su báculo, así como descubrir el motivo de la partida de aquellas personas.

Al salir de aquella fortaleza casi prehistórica, pude contemplar inmensas pisadas de algún ser sin antecedentes en el arenoso suelo de un gran perímetro del exterior, que parecían dirigirse campo a través. A pocos metros, un enorme cánido, con las mismas características que el que encontré en la cabaña de Sitatunga media hora antes y también el día anterior, yacía muerto con una gran marca en el cuello que asemejaba ser hecha con un punzón. Me acerque al animal, el cual mostraba unas grandes fauces que dejaban asomar una lengua azulina, además de unos grandes ojos amarillos semivueltos. El animal parecía haber muerto sólo unas dos horas atrás, puesto que sus extremidades a penas habían comenzado a entumecerse. Sólo unos cincuenta metros de matorral bajo separaban al animal de una colina de dunas arenosas que permitían contemplar un frío horizonte de neblina retadora. Al avanzar sobre el animal que me portaba, llegué delante de aquella gran cuesta arenosa cubierta de plantas espinosas, y al asomarme para observar el paisaje que aguardaba bajo mí, pude contemplar algo que me causó una gran impresión y desagrado: Se trataba de un pequeño charco de sangre sobre el que otro cánido, de dimensiones más apropiadas a la realidad, yacía moribundo...emitiendo leves gemidos que lo aferraban a la vida. Aquella imagen hizo que me bajara lentamente del animal sobre el cual me encontraba y que a reatas hiciera que bajase tras de mi para dirigirme hacia aquel llano donde el jadeante animal se encontraba. Al llegar a él, me di cuenta de la existencia a su alrededor de multitud de huevos eclosionados, que por sus características, parecían de reptil, y que junto con abundantes huellas semejantes a las encontradas cerca del primer cánido, pero de tamaño muy inferior, envolvían el caso de un gran misterio. Al volver sobre mis pasos, el báculo de Sitatunga comenzó a brillar con una intensa luz verdecina que podía observarse a kilómetros de distancia y que llegaba muy arriba en el cielo tornado de nubes oscuras que asomaban bajo la intensa niebla de aquella mañana. Entonces, un poderoso rayo incendió de rojo fuego las viejas ramas del soberbio árbol bajo el cual aquel animal lanzaba sus quejas al viento…

 

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Escrito por Tonny y Montse (Desconectado Offline), el 30 de julio de 2008
 1 voto · Leído 75 veces · 5 comentarios · 1 pasaje debajo
En ese instante, y sin que pudiera dar crédito a lo ocurrido, el animal que yacía en el húmedo suelo de aquella mañana de leyenda desapareció del lugar en el cual se encontraba, al tornar mis ojos al grisáceo cielo que había infundido ... Leer mas


 
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Comentarios
very very good !!

ya me dejaste picada...te sigo te sigo

ya me esta fluyendo la imaginacion

jajaaa


tkm. Montserrat Jimenez
Escrito: 3 meses atrás
yacko79 dijo:
me gustó el capítulo. saludos.
Escrito: 3 meses atrás
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