La hamaca oxidada
Escrito por Semilla Planetaria (Desconectado Offline), el 28 de Mayo de 2008
Aquella niña se sentó en esa vieja y oxidada hamaca, como tantas otras veces, para disfrutar el sol del atardecer.

A su lado había una pared, que escondía lo que ella pensaba, una hermosa casa llena de flores. Sus vastas y exóticas enredaderas traspasaban el muro y ella solía ponerse en puntas de pie para poder acariciar las hojas con sus pequeñas manos. A juzgar por los mezclados aromas que el viento le traía, sus vecinos seguramente tenían un jardín lleno de rosas, jazmines y tulipanes.

Tentada por la curiosidad, mil veces pensó en asomarse con su hamaca para contemplar aquel nuevo mundo, pero nunca se animó: sentía miedo. Miedo a volar, miedo a las alturas.. miedo a lo desconocido, por más bello que fuese.

Era tal ese miedo que jamás había podido siquiera hamacarse: se sentaba tranquila, con sus pies firmemente apoyados en la tierra, para no marearse o de vez en cuando se mecía tímidamente.

Lo cierto es que en aquellas tardes dejaba volar su imaginación, aunque no pudiera hacer lo mismo con su cuerpo. Pensaba en todo lo que quería ser, pero la desilucionaba la idea de no llegar a lograrlo.

Asi transcurrieron sus tardes, entre lo que deseaba ser y lo que en verdad era.

Aquella misma niña, ya adolescente, se hallaba sentada en la hamaca escribiendo en su diario íntimo, con los pies firmemente apoyados.

De a ratos recordaba su niñez con cierta nostalgia. Rememoraba sus desamores, las pérdidas que sin querer le había regalado la vida... Pasaba más tiempo lamentando lo que no tenía, que disfrutando lo que aún conservaba.

Esa misma adolescente, ya adulta, se sentó una vez más en aquella vieja hamaca. Las cadenas que la sostenían se hallaban tan cubiertas de óxido que no hubiera podido siquiera moverla. Se había sentado decidida a afrontar su miedo, pero al comprobar la estática sillita, le dieron ganas de llorar, debido a la impotencia que sentía de no poder mecerse cuando al fin había tomado la decisión de hacerlo.

Casi milagrosamente sus lágrimas tomaron contacto con las cadenas y al rozarlas fueron quitando el óxido que las enmascaraba. Al instante sintió como si dos brazos invisibles la empujaran por la espalda, invitándola a hamacarse.

 

Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.

 
Ir a la página principal
de esta historia
Escribe tú el
próximo pasaje

 
Comentarios
Nadie dejó comentarios en este pasaje.
Escribe el tuyo
Te gustaría comentar aquí
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios
Obtén tu cuenta gratis | Ingresa
Leído 68 veces
Privacidad: Pública
Rating
Puntaje: Sin votos
Ideas
Personajes
Argumento
Comparte esta historia
LINK:
Para enviar por mensajería instantánea o e-mail.
HTML:
Para pegar en tu blog, foro o espacio web.
 
Tu cuenta
Ingreso
Obtén tu cuenta gratis
 
 
 
Mensaje


Exito


Error


Aviso