EL laberinto / primer canto
Escrito por modestoh (Desconectado Offline), el 05 de junio de 2008
He recorrido muchos senderos que parecían
haberse desvanecido con el paso de los años
la idea primera siempre fue el principio del
despertar en otros mundos aún desconocidos.

Ahora los vislumbro, pasaron por mis ojos sin
percatarme que se encontraban esperándome
en todos estos años que dormía en la parte de la
vida que era rutina, supervivencia, materia etérea.


Inicié el viaje con el líder camuflaje-hado entre
las diferentes sílabas cabalísticas de dos o tres teorías,
pensaba que en el transporte de las letras me podría
quedar suspendido en ese estado entre una nota
de Rock y un compás de buena música esotérica.

Pero al final del inicio, al comienzo de la segunda
vuelta en el destino, la oportunidad llega nuevamente
ahora no busco las palabras brillantes o engañosas;
sino el misterio (uno de ellos) como punto final en
que el principio se confunde a cada paso por la vida,
como si fuera el guijarro escondido por la bruja del
norte en un cuento diferente al de Hansel y Gretel.

Al fin y al cabo el mundo de los misterios es como
un caldo pastoso en que los brujos lo cocinan para
los que no pueden beber de el, solo el intento es lo
que permite seguir aderezándolo con las respuestas
sin preguntas que nacieron en el mes del conejo.

No he querido pensar, ni escribir, ni soñar, ni sentir
que la historia es una parte sustancial de este viaje
Eneico por las aldeas solitarias de la ausencia,
el vacío que se encuentra en ese punto imaginario:

La nada como el color blanco al atravesar la luz por
el prisma construido de los cristales del silencio.


El espejo que repite incesante la misma melodía
En el juego inexistente de Dios con él mismo
en la conjugación del verbo en todos sus tiempos,
no solamente en el principio.

Se que esta travesía emprendida por cada uno de los
que pensamos que vale la pena pensar que hay algo
diferente al sol y la luna, o Dios y los fantasmas;
los que creemos aún que la palabra se inventó a si misma,

Los que inventamos historias de cómo se formó todo esto
o los que se las creemos de vez en cuando y tomamos partido,
los que contamos cuentos o los que asombrados oímos
e interpretamos que así tiene que ser y los que no escuchamos,

los que tenemos miedo siempre y solo cerramos los ojos
para después abrirlos en otros mundos que no son
los mismos de ayer, y que seguimos buscándolos
entre dos o tres misterios menos engañosos que los tres.

Los inconformes, los subversivos, los soñadores, los
locos, los desvariados, los perdidos, los buscadores
los guerreros, los miedosos a pesar de todo, los que
no piensan que el día es una cuestión de medida y
los que saben que la noche es el taller en que los
sueños se reparan para continuar en la solución
del acertijo.

Todos percibimos que el camino es una ilusión,
que el laberinto se planteó al principio y tiene
muchas salidas para los que no continúan y
además, a pesar de los ojos cerrados nuevamente,
el misterio que se desdobla, se encuentra escondido
esperando el momento en que vacilamos para que
esta viaje no valga la pena, como si la permanencia
y la eternidad, lo perpetuo que detiene a la propia
historia nos dijera algo.

La trampa se encuentra en una ecuación sin incógnitas
un teorema resuelto que desemboca en anatemas
en seguir pensando que vale la pena jugarse el todo
por la nada y que el murmullo del sonido o el incesante
juego de la vida y la muerte sean los actores principales.

Es tan difícil pensar sin las palabras, sin los símbolos,
buscar el punto perdido en que la nada era el todo
quedarse mudo y no sentir.


Algunas ocasiones en lo mas alto del mundo, en el
lugar en que las cordilleras se borraron y el tiempo
se detuvo, han querido atrapar el misterio con un juego
de espejos y silencio, con un juego de no hacer nada,
con el juego, solo con el juego como la sonrisa del monje
que nos dice que no hay nada mas allá de lo que no somos.

El sonido forma parte incesante del silencio, también
la paradoja de la travesía es no pensar en el antes de
llenarse con todos ellos.

Ótico, palabra en el taller de sueños, sentimiento de
viajes a través del viaje como el camión de los “Ferry
Pranksters” y el retorno al Zen después del silencio.

Ese es el misterio descubierto, el rompimiento,
la entropía, el caos, como partes yuxtapuestas
de la misma soledad de sentirse terriblemente solos,
del abandono de nosotros mismos, de caminos que
conducen al mismo sitio, y que algunas veces comentaba,
o me llegaba el aviso sin querer, que era ese viaje
prolongado de la fatalidad que es la nada.


Somos una réplica de alguien, una larga trayectoria
en que la secuencia de imágenes se repiten desde
los primeros días como si fueran los últimos;
es decir, somos lo que otro soñó que éramos
y que alguna vez soñamos que seríamos.

Laberintos sin pasajes ni salidas, laberintos que nos
encuentran, escenarios que nos dibujan, caminos
que no conducen a ningún sitio, transcurrir de almas
en pena, fantasmas de lo que nunca fuimos.

Solo instantes recuperados de memoria entre los
sueños que nos sueñan como diálogos incesantes
de la nada nuevamente,
el transcurrir de nuestros deseos
el despertar de nuestras realidades
el dolor
la ausencia
el vacío
el soplo de ángel.

Pero no solamente somos
el lado interno del espejo
ni la imagen repetida
en el otro igual a todos
ni el beso dibujado en la montaña
ni la lluvia que sorprende en la mañana.

No solamente somos polvo que se inventa,
ni el beso de la bruja en el lago de la luna,
no somos el mecanismo perfecto de la vida
o parte de otro sistema cronométrico.

En realidad no somos nada cuando se piensa
ni nadie cuando se sueña
ni nadie cuando se acusa
ni nadie cuando se vive
ni nadie cuando se muere;

entonces ¿quienes somos los que somos
si no es lo que somos
que sin ser no somos nada?

El misterio se resuelve en no buscar,
dejarse ir y continuar el camino
a un hogar que se ha perdido,
y no sabemos si se encuentra al final.

El laberinto es una trampa
elaborada por las palabras.

 

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Escrito por modestoh (Desconectado Offline), el 16 de junio de 2008
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