Tu / Tercer canto
Escrito por modestoh (Desconectado Offline), el 04 de julio de 2008
"... entonces ¿quienes somos los que somos
si no es lo que somos
que sin ser no somos nada?"


No puedo sustraerme de tu encanto, me tienes atrapado
en medio de dos corrientes de agua en esencia diferentes
ambas son anáforas, sinónimas, parónimas, contrarias,
hermanas, rivales, sacerdotisas de la vida y de la muerte;
a veces parecen enemigas y otras por su origen incestuosas,
una baña el árbol que me brinda un manto protector
seductor y cristalino, la otra abre su boca siempre inmensa
y se empacha con su imagen por la esquina de mi casa.


Eres el mar embravecido, la calma necesaria en la tormenta,
el faro inservible en una noche brumosa y sin estrellas,
pero también la música de pájaros, luz que se cuela en mi ventana
tardes de abril sin prisas, la mirada serena y fija en la montaña.

Sin ti el tiempo entre una jugada de ajedrez es el rey muerto
pero también sin ti la reina es la señora pintora de los cuadros
la albacea de herencias sin fortuna en una mañana desolada,
un jardín sin crisantemos y vacío sin eco transparente.

En ocasiones voz solitaria sin orquesta, canción sin armonía,
a veces lince, pantera o loba protegiendo a sus cachorros de la hiena;
la selva negra, el momento anterior al sacrificio, la antesala de la vida aprisionada. Pero contigo, el mar verde y azul de las 6 de la mañana,
red que vence a las gaviotas y los peces, pescador de sueños,
coral arrepentido de agua dulce y huellas dejadas por el sol
en las arenas de la playa mientras mis sentimientos flotan.

No puedo abstenerme de tus reglas construidas en la nada
la conciencia sin verbo, la ausencia de palabras, la ausencia
de todo lo que pueda percibir o imaginar el pensamiento,
necesarias para poder acechar al hacedor de nuestro tiempo.
No quiero que seas mujer, amante, adverbio o adjetivo
no quiero mezclar las recetas que conjuran al misterio
y lo hacen regresar desde atrás para llegar a ese instante
en que la pluma o la máquina, al fin y al cabo dos cosas parecidas,
resuelvan la pugna entre lo que es verso a secas y poesía.

Vuelvo mis pasos a las canciones que escuché en otro poema
con otras voces ahora que no me dicen nada y sin embargo
pueden decirme lo que busco: el encuentro de mi yo perdido
entre tantas caminatas acompañado por el sonido en el vacío.

No puedo desprenderme de tu espera y salgo a tu búsqueda
con un par de cuencas, una bocanada de humo, papel y lápiz
la mirada difractada en el vidrio de la historia, amores idos
ilusiones escondidas en los caminos recorridos del silencio.

Sigo mis pensamientos que se refugian en el diccionario
ellos quieren encontrar la palabra que lo diga todo como
alguna vez fue el Verbo y otras veces el espejo, el sentimiento
desolado, la muerte, los fantasmas, el cuerpo fragmentado,
las frases congeladas como la rabia, el destino, la soledad,
el mismo tiempo.

Llevo a cuestas un proceso estéril al tratar de cocinar
nuevas palabras, saco algunas de mi viejo portafolios
construido por el viento, quiero coser una frase hecha
con otra ya desecha, la intersección o un conector diferente
a las vocales permutadas, el dedal, el horno a cuatrocientos grados,
los botones del placer, el ojal y el cierre, hilvanados
al cristal de las ideas de la misma forma que el camello
pasa por el ojo trasparente del misterio.

Pongo punto y aparte en este momento en que te busco
y te encuentro, te acepto y te rechazo y sin embargo estoy
de nuevo en la conjura del sol de las once de la noche, repitiendo
las mismas frases, leyendo el cuento de una forma parecida
sin pensar que esto puede volverse diferente; el cansancio y los párpados cerrados, el ron, el viaje, el cigarro, las reumas
que de un tiempo acá le aquejan a mi mente y sin poder contar
con esa yerba milagrosa que aligera las neuralgias y las penas.

II

Sigo en mi pensar, me duermo y pienso que al despertar
seré otro, después de una taza de café, y otros sueños,
después de haber atravesado tres historias de Toltecas,
Yoremes y Huicholes, de haber tomado un té en el alba
de salvia, romero y cruda, tres flores rojas, palo mulato,

después de haberme bañado con flor cuatemocate, anís
de estrellas y corazón de palo, con el poder del águila
que me dan por nacimiento los abuelos del Tlalocan
para emprender sin dolor las enseñanzas del Toltecayotl.

Me apresto a recibir tu ausencia con palabras nuevas
que en realidad son palabras que tienen dos mil años
y en la cornisa en que el tiempo y el vacío construyeron,
ellas esperan que una oración diferente las haga canto.

Ahora te invoco con el sonido del grillo y del tambor,
con los 20 cantos chamánicos del aprendiz de brujo
cuando el aliado le sopló en el ayuno del sexo,
y los bordaron con el fuego y los pases danzados
al compás del grito soñado del silencio.

La noche regresa una vez mas reclamando tu presencia;
te conjuro en una ceremonia conducida por el cuervo,
el coyote y la culebra y alrededor del fuego, la polilla
envidiosa nuevamente de las otras mariposas.

No es que seas una mujer,
o un collar de cuentas
o las ocasiones en que nuevamente
la nada te nombraba sin presencias nocturnas
ni aliados invisibles,
o reclamos de poderes en la cueva del abuelo;
solo eres la abstracción del principio de los tiempos,
la historia del mito en ambas partes del océano,
la mezcla de colores
para tejer con ellos el tapete del venado,
del peyote y el toloache,
agazapados en la bolsa que guarda los deseos
de dialogar con Tate Wari,
el viejo padrecito que ilumina la conciencia.

Soy el ayudante del que sueña sueños y por lo mismo
los descifra, explica, a los que sin ilusiones, mas allá
de los reclamos de esta gran sociedad de los insectos
consumen el alimento enajenado de las cosas
que no dan saber, ni aceptación, solo el hastío;
de igual forma ellos detienen los trabajos
de quien hace daño;
no se por qué no escriben sus memorias
aquellos que entre ellos se llaman Jiteveris,
Maracames, Ahuizotes, sanadores, brujos, poetas,
todos juntos artífices de símbolos rescatados en los sueños.

No se si en Wirikuta la tierra añorada del peyote,
haya abedules u otros tipos de árbol, solo se que
el viejo huichol emprende el camino cada año
mucho tiempo antes que Don Juan fuera leído.


III

No es el toque mágico el que me impulsa a continuar
ni el camino del corazón por las calzadas de la vida
esa idea que encierra el intento de bordar en el manto
de la noche mi firma indisoluble y manifiesta.

No es que piense en las palabras
cuando te estoy pensando,
quizá porque el largo cortejo de los rostros
como películas añejas ha pasado,
como pasa el tiempo
que a veces sin pasar por estos lugares
en que la paciencia es limitada,
parece decir que aquí efectivamente
no ha pasado nada, solo palabras ancladas
vetustas y caducas, como disco de acetato
que en los surcos de la ausencia
se repiten gastados, como ellas
que al mirarse en el espejo ante tu espera,
aparentan el cansancio de tantas líneas repetidas,
muchas oraciones que de tanto repetirse,
tampoco dicen nada.

No es cuestión de conjurar al diccionario
y rescatar los signos escondidos
del polvo de los libros no leídos, olvidados
y ansiosos por ser una vez mas renacidos.
Repetirse entre frases nuevas
que digan lo mismo repetido,
sentimientos que quieren ser los únicos,
los que en un momento exquisito del silencio,
se pueden convertir en criaturas diferentes
al batir de alas y pájaros nocturnos
y se esconden en el lado oscuro
de hace muchos siglos y milenios.

IV

El mundo híbrido ya no es mágico,
no hay burbujas encantadas;
los manuscritos
no revelados
para el grueso de la gente,
grabados con las piedras y el silencio;
son reescritos nuevamente por los signos
ocultos de la luz estacionada en la cabaña
en que el viejo Hooker cantaba “of big town”.

Ciudades grandes que se tragan mis palabras,
anzuelos como máquinas rastreras a la búsqueda
de mundos aún no descubiertos por los sueños.


Me encuentro a la espera de la carta
que se ha escrito en mil lugares,
con manos diferentes,
de personas con un solo lenguaje
que acechan la palabra que se esconde
en el sonido del jaguar y del tigrillo,
producido por varios instrumentos,
antes tambor, sonaja, teponaztli, huehuetl,
caracol, chirimía, berimbau, clavicordio, laúd
y ahora una guitarra valenciana.

V


Estoy rodeado de papeles y de libros,
de objetos inservibles,
y cuadros de los Beatles
de Alberto Einstein,
del Ché,
de Marcos,
de mi madre,
yo mismo hace treinta años,
mi mujer, mi hija;
un viejo pizarrón, discos
y una silla verde que recuerda mi nostalgia,
dos aparatos de sonido
y dos computadoras,
varias revistas de historia y de poesía,
un perro, viejo,
que por soledad, le hago compañía.


Sigo revolcado en mis entrañas mar adentro
de mis viajes interiores como Jasón y Eneas,
buscando nuevos continentes de palabras,
amuletos encontrados en la mitad del viaje
que acompañan este sentimiento de ausencia
y ansiedad por nuevas frases que atisben
el mundo de los muertos y renacer con ellos
en un país de olvidos y de símbolos perdidos.

Tengo en mis manos y releo Altazor de Huidobro,
Piedra de sol de Paz y Muerte sin fin de Gorostiza.
Narradores de ciudades celestiales e invisibles
exploradores del ser entre las trampas de la historia,
prisioneros de su búsqueda,
universales de si mismos,
sonajeros haciendo ruidos con metáforas
miradores del hombre
creadores de ventanas
hacedores de estrellas silenciosas
inventores de letras y de mundos
náufragos en mares de palabras
nuevos inquilinos en nuevos continentes
creados, recreados
y vueltos árbol y pájaros
en los pasajes desérticos de arenas amorosas,
críticos de si mismos y de los otros
que al final son ellos mismos de otra forma
recogiendo sus pedazos de alma
en los fragmentos del cuerpo repetido
en uno y otro viajando por los vientres
de mujer, oficiantes en catedrales
(de campanas) mudas,
suicidas concientes al caer en los desfiladeros
como tropos,
exploradores de montañas,
senos manando la savia de la vida
y muriendo en ellos.
Los que desnudan el agua
y le dan a Dios forma de vaso
y al vaso recipiente de almas hechas a medida,
sedientos de tiempo cuando los belfos fueron agua,
monjes cartujos que en sus celdas
hay reclamos de tiempos paralíticos
y silencios como pájaros
alrededor del beso
como pensamiento
al escribir en sus versos
la palabra beso.

Cantos a la poesía y el lenguaje,
creadores de infinitos,
inventores del amor con otras formas
y como pretexto:
el hombre, sus pasiones,
la mujer y Dios.

VI

Salgo de un mundo y entro a otro en que “el otro”
es el locutor del yo extraviado y fragmentado
de los espejos rotos, la llama como imagen fortuita
la cárcel con barrotes de palabras y de versos;
de animales mitológicos que vuelan a la mitad
del cuarto y buitres al acecho de los tiempos
olvidados por los muertos del mañana.

Mi cuarto es otra trampa, y otra trampa mi ventana
los ruidos yuxtapuestos, los sonidos lejanos
el poco viento, el ulular de la sirenas prediciendo
que el sol se extingue entre las ramas de los árboles.

El mediodía no es una hora adecuada para hacer poesía,
preferible la noche, recinto donde se aparean las serpientes,
lenguaje mudo de arañas cuando ellas tejen
la colcha del silencio, los hilos invisibles del rocío.

Una sombra que se piensa en su propio pensamiento
presagia lo que hoy es placer inmenso, después nostalgia,
líneas que marcan territorios y expulsan negaciones;
mala vibras, malos viajes en el rito del mitote
me impulsan a pensar en la meseta y abajo en la cañada,
el refugio del coyote cuando abandona la otra parte.

Me enfrento a mi Nahual, un animal de seis cabezas,
soy el coyote, la víbora y el conejo escapando de ambos,
vuelo con el cuervo al prestarme sus graznidos.
Regreso a mi cuarto aquí no hay nadie, ni yo mismo,
Lo cotidiano me persigue y en vez de sortilegios esperados
descubro nuevamente el holograma de mi ser que se pierde
en un vieja foto cuando me torno pájaro y después serpiente
que se arrastra por la tierra para encontrarse al fin con su morada.



VII

Me sustraigo en mi pensar
y solo te evoco y me recreo;
el dichoso pensamiento es un vórtice fotónico
en hoyos negros, micrométricos,
que me chupan energía,
es tu imagen que gravita por mis venas
y mi cuello,
detiene mi cerebro la oración precipitada
para clamar por tu regreso,
mientras el sonido de las almas
diluyéndose en el humo,
ahuyentan de igual forma los espíritus molestos
e invocan con su ruido silencioso
a todos mis aliados y mis muertos.
Hoy es el tiempo del conejo,
el salto de la iguana y de la rana,
afuera la explanada espera por sus velas,
la cañada es de nuevo el laberinto,
entonces escuchamos al que canta letanías y parábolas,
el hacedor de cuentas y de cuentos,
el que provoca que las piedras graviten alrededor del fuego;
danzan las partículas del cosmos
dibujan en un soplo los mapas de la nada
y en la segunda noche,
cuando el árbol tiene sed y el animal se duerme,
pueda salir del círculo de fuego,
robándole el secreto que me conduce a ti,
mariposa de las alas negras
y en el centro de su vientre
un punto rojo simbolizando al fuego
y en su manto nocturno las pinceladas de plata
las estrellas y una bola amarilla en cada ala
invocándose a ella misma, mariposa de la luna,
la que provoca terremotos al otro lado del océano,
la que desborda las palabras
y las convierte en manantial
de pájaros volando al infinito,
ecuaciones silenciosas
tapizando las respuestas que la ciencia niega
y eso que llamamos brujería,
tampoco explica,
solo el canto del hombre con bastón y la lechuza,
el que sueña los sueños de todos sus ancestros
y todos los ancestros de los hombres,
el que escribió la primera palabra
con las plumas del águila y del cóndor;
aquel que también se convierte en zopilote
para limpiar al mundo
de todas las inmundicias de los hombres
y todas las mentiras
y todas las verdades de la historia,
el que nos deja sin lenguaje
y nos conduce hacia la muerte
y nos regresa hacia la vida,
el que sueña que puede soñar lo que soñamos
cuando el sueño es el lado oscuro en que habita el universo
con todo su manar de gravedades y de cuerpos
y entonces, solamente entonces,
es el verbo, que nace igualmente de la nada.

 

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Escrito por modestoh (Desconectado Offline), el 09 de julio de 2008
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