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Cuarto Canto / El despeñadero de las culpas
Escrito por modestoh (
![]() Caigo en mi mismo
y me despeño en otro ser distinto a mi. No es cierto que el hombre, sea igual al hombre antes de mí y los que leo ahora desde la buhardilla en que habita el infinito. No importa si en un principio fue el verbo o la palabra; para entonces la idea ha dado muchos giros alrededor de un universo muchas veces reinventado. Nosotros que en ese tiempo dejamos para siempre el hogar limitado de la esfera continuamos navegando con las mismas preguntas y encontrando respuestas diferentes. Sin embargo nosotros, yo mismo, enfrentamos el camino del intento como solo el hombre antes de ser hombre lo fuera. Fuimos “condenados” irremediablemente a estar solos y la tragedia es la ruptura de los límites de un cielo inexistente. Sin embargo el cielo, como antes Mictlán, el mundo de los muertos de Ra, o eso que llaman paraíso, era una esperanza, la esperanza de morir alguna vez con la mentira. Una alegoría bellamente oculta debajo de las piedras en un lento caminar hacia la nada. No hay culpas ni culpables el designio en realidad es un decreto que se forma con palabras que transcurren, se expanden, se desdoblan y permanecen fieles en el tiempo. Ellas finalmente nos salvan en profético cortejo como si el ser que habita en ellas para darle forma y a su vez ellas mismas lo deforman, lo definen, en ese punto inexistente en que convergen los sueños, en que solo un sueño repetido, fuese el colapso inevitable del espacio. Entonces el amor, esa palabra que describe fielmente a los amantes el impulso de Eneas para construir ciudades y como premio, una bella esposa o de Ulises atravesando el Valle de la muerte Dante bajando a los infiernos en busca de su amada Homero describiendo una batalla del mundo contra el mundo al rescate de Elena, Quevedo reclamando a los dioses, la moral de los hombres en su época, que el polvo a pesar de ser polvo es un polvo enamorado, Leonor de Aquitania cobijando poetas en su corte para darle otro sentido al relato de Tristán e Isolda o del mismo Arturo nuevamente leyenda por ser amorosamente traicionado. El amor que entre piernas, entre miradas, entrelazados los hombres con todas las mujeres… También es colapsado por el tiempo y nuevamente nos quedamos solos, nuevamente es un collar de verbos una palabra tras otra y así formando líneas y poemas, descifrando el lento proceso de la vida y su parte contraria que es la muerte; en medio de ello, el peregrinaje de la Historia, los capítulos escritos por los hombres, el sueño vestido de palabras que despueblan las criaturas que viven adentro de nosotros o en otra parte, una dimensión diferente en que la realidad es un leve esbozo de lo que puede ser la matriz, de algo diferente al vientre de la madre, la madre misma que es tierra y cielo, dadora de sustentos, quitadora de penas y tristeza limpiadora de los grandes basureros de la Tierra, limpiadora de almas. El mundo cambia realmente cuando ella vislumbra ese vasto universo de las letras y es la metáfora: Coatlicue, y en muchas partes del mundo, Isis, Astarté, Diana, María, mujer diosa mujer universal, mujer olvidada y rescatada, ente diferente, misterioso, más profundo que la nada. Frente a mi frente no hay nada solo el pliegue resbaloso de las piedras apuntando al lugar de los enigmas; busco en una larga noche sin estrellas aquella misma luz y sin embargo es inútil, el canto de la historia nuevamente nos retrata en un eterno recurrir al acertijo cuando sabemos la respuesta en este mundo que no tiene respuestas. Es por eso que incursionamos en otras realidades descifrando la carta de los navegantes de la nada interpretando las metáforas de otras batallas, las revelaciones del místico o un ermitaño refugiado en una cueva construida con silencio, el canto del cuervo en la parte iniciática del brujo, los lances filiales entre el maestro por su alumno, el beso enamorado que se da entre dos almas que trasforman la naturaleza de lo que en esa permanencia es la esperanza, el odio disfrazado de un tinte tolerante por el que piensa diferente; los manuscritos flotando en el mar de los sabores agridulces, las tradiciones cantadas y trasladadas de una etapa a otra en el mapa de la vida desde el día en que todo era agua, otra esencia descifrada. Dentro de esos mundos en que atrás de la mirada de otro se ve reflejada una parte del poema, la metáfora se interpreta así misma y así misma se despeña en otras realidades que sin ser idénticas, por el mismo sendero manifiestan el canto universal de soledades alrededor del viejo, alrededor del soñador, del escribano, del que canta las hazañas de otros a través de los sueños de los otros y así se precipita en un caudal de letras repetidas que en el choque inevitable del vacío, se transforma en otra figura irrepetible a la que alguna vez se escribió antes del diluvio, antes de que el pez nadara por las aguas, o que el sol nos despertara con sus cantos amarillos y dorados, anunciando que a pesar de todos los manuscritos de los dioses, que dejaban su huella y sus palabras de una forma diferente para explicar esto que llamamos vida, continuamos escribiendo en su libro el mismo acontecer de todo lo que pasa: La lucha por dejar de ser monos y querer ser dioses, la bella melodía de dos seres de luz cuando se entregan y sus cuerpos son uno y uno es el destino de ellos al morir repetidamente muchas muertes y volver a nacer en otras vidas en otros besos, en otros seres iguales a nosotros en sustancia, el crimen de los hombres a todo lo que es vida, la violación irremediable de los río y los mares, el destapar la coladera por donde el mismo sol violento se transforma en muerte en vez de todo lo que así mismo nos define; el despertar del sueño de sus hijos: la impotencia de Coatlicue, Huitzilopochtli pervertido y sobre todo, el que se convierte en humo y en humo como espejo nos retrata en su mirada y en su mirada refleja el vacío de nuestras almas la impotencia de ser hombres, la terrible soledad que nos delata. Pero la pequeña abertura, el rincón del silencio en que descansa el infinito, y en nombre de todos los dolores y todos los placeres, de todas las ausencias y todas las plegarias… Es la poesía en su eterno misterio quien nos salva. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por modestoh (
Hay un boquete por el que salen los fantasmas
del mundo de los sueños.
Ellos en realidad asustan porque son seres extraños
que intentan hacernos regresar al mundo virtual
de las mentiras artificiosamente adornadas con verdades.
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