SER O NO SER O EL GATO DE SCHRÖDINGER
Escrito por Giussy (Desconectado Offline), el 07 de junio de 2008
SER O NO SER O EL GATO DE SCHRÖDINGER
Muy pocos saben lo maravilloso que es tener esquizofrenia. Ayer conocí al autor de "Momo" (Galiano). Allí estaba: sobre los bancos de una sala de espera, firmando autógrafos a una cola de niños que parecía tan interminable como su historia. A cada uno de ellos le hacía una pregunta y luego les firmaba un autógrafo con una complaciente sonrisa. Yo no lo podía oír con el ruido de las maletas, sus ruedas chillando castigadas por el peso y de los motores rugiendo y tomando carrerilla para salir aleteando, a modo de águilas. El ambiente estaba cargado de un tierno y delicado silencio, manso como las tranquilas aguas de un estanque, cuando, de repente, algo me dijo que iba a sucederme una experiencia fuera de lo común: un gato blanco pasó por mi izquierda. No sabía si interpretarlo como buen o mal augurio. Ya me había sucedido en otras ocasiones ver pasar una nube blanca o gris por mi derecha o izda. y sucederme algo inesperado según, como todo el mundo sabe, buen augurio de la derecha y malo de la izquierda. Pero esta vez había dos señales contradictorias: un gato blanco pasando por mi izquierda - pensó remarcando cada palabra lentamente en su pensamiento-. En fin, como siempre dejaría que los símbolos y señales decidieran el curso de la historia mientras me fijaba en la cara de expectación o alegre sorpresa de los niños cuando Exupèry les entregaba un dibujo. Mientras, de reojo, yo veía a nuestro gato sentarse sobre las escaleras mecánicas sobre sus patas trasera y mirar al techo. En fin... estará enamorado... -pensé- y el gato me miró de reojo en mi dirección a la vez que nuestro escritor miraba el relojo de su bolsillo al estilo Willy Fogg y se disculpaba ante sus pequeños condiscípulos por tener que irse. Luego miró en mi dirección y me saludó mientras pasaba por mi izquierda y siguió el mismo trayecto que hicera el gato. Cuando llegó a las escaleras mecánicas, miró al techo y luego me miró a mí. Me debatí durante dos segundos en acudir a él, pero, finalmente, osé y rápidamente me puse tras de él y le saludé cortésmente en su idioma, francés intentando mostrar simpatía por mi parte, pero él me respondió en español, pronunciando de esa manera tan especial las egges.
-¿Qué tal estás?. Cgeó que te conoscó de algó...
(Silencio)
-Yo estaba espegandó un gató en la estasiión, pogque.. he de pagtig a Pagís y quería sentagme un poco a pensag, hasta que apaguesiegon tantos niños en bandada.
-Yo también quiero ir a París algún día...
-Clagooo, todos quiegen ig a veg su histogia- dijo mientras metía una mano en el bolsillo y distraído miraba el fin de las interminables escaleras mecánicas-.
-Voilà. Aquí está tu entgada al Pagaisó. ¿Quieges venig?
Miré atontado el número 13 de mi asiento pintado de color azul. De nuevo dos señales contradictorias... pero no le dí la mayor importancia.
Iríamos al país de mis sueños en tren, ¡mi transporte favorito!, el transporte donde siempre viajan los sueños...
Todo el vagón estaba al completo cuando no pude evitar preguntale a Exupèry si le gustaba Ende. Estaba convencido de que la respuesta era afirmativa, pero me hacía ilusión oírlo de sus propios labios. Él pareció no oírme y yo insistí:
-Profesor, ¿es Ende uno de sus escritores favoritos?.
Se giró al cabo de unos segundos de aplastante silencio y me dijo, susurrándome:
-¡Chisst!.. - a la vez que se ponía unas gafas de sol- .
En seguida comprendí que no quería que le reconociesen. En ese momento pasó el supervisor, pero a mí no me pidió billete, ¡qué raro!, -pensé-, pero no le dí la mayor importancia. De repente, Exupèry sacó su pluma y un cuaderno y se puso a escribir y en el momento en que yo iba a decirle algo mivoz se quebró en la garganta y de nuevo vi al gato, esta vez guiñándome el ojo.
-Pero... ¿será posible? y me hice las mismas preguntas que todos nos hacemos alguna vez en la vida "¿quién soy?,¿dónde estoy?.
Y una voz me respondió: "¡Momo!...., y estás sobre mi caparazón"
Sólo ahora comenzaba a entender porque mi profesor me decía siempre que estaba hecho un personaje, el motivo de las señales contradictorias, el gato guiñándome el ojo...
Y es que muy pocos saben lo maravilloso que es vivir en dos mundos... donde la realidad y la ficción se funden y confunden, se traspasan las puertas de la vida y la muerte, donde la contradicción vive duerme entre las plumas de la maravillosa armonía.

Momo

 

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