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EL CEMENTERIO DE DEIMOS
Escrito por Giussy (
![]() Allá a lo lejos se veía una pequeña sombra oscura caminando bajo la tenue luz de las farolas que bordeaban la solitaria, vieja y tenebrosa carretera... una figura humana que iba adentrándose hacia la oscuridad más profunda del sendero sin salida, el sendero que llevaba a la sima de los solitarios o también llamado cementerio de Deimos, aquella figura tenía un aspecto melancólico, trágico y no caminaba, sino que arrastraba a duras penas sus pies con la vista clavada más allá del centro de la Tierra. De sus irritados ojos rojos no cesaban de caer lágrimas que empapaban todo su cuerpo, andaba muy encorvado y de sus labios parecían escapar palabras repletas de rabia y frustración cada vez con mayor intensidad, y así siguió caminando hasta acabar derrumbado sobre sus rodillas en el suelo, sobre una lápida del cementerio, lanzando alaridos que retumbaban en lo más hondo de los demás agujeros, pues eran los suyos gritos de desesperación, de angustia, de terror, de incomprensión que buscaban ser respondidos por alguien, algo... pero lo único que sentía en todo sus ser era un inquietante silencio que le atemorizaba..., ese silencio que ya había escuchado otras veces intentando buscar las respuestas a sus infatigables preguntas sobre el origen y el fin del Universo y de la vida...
No cesaba de formularse preguntas sobre todo aquello que le rodeaba: el mundo y lo objetivo, lo real, y sobre todo aquello de lo que él formaba parte: su propio mundo, su subjetividad, lo ideal. ¿Cómo coordinar ambos mundos en uno? Su exacerbado idealismo no dejaba de atormentarle en la realidad. Pasaba el día soñando despierto, soñando realidades, evadiéndose así de la misma realidad en ellas. Hasta que un día de tantos desaparecería para siempre aquello que más apreciaba: era su alias, su ser, su esencia... Su yo había desaparecido en un mar de alienígenas alienados por el realismo al adaptarse a la vida real. No puede ser, ¿dónde estoy?, ¿quién soy?, volvía de nuevo a buscar su identidad con mayor intensidad que en su adolescencia. No paraba de pensar y pensar sobre sí mismo y sobre la realidad. ¿Soy un producto de la realidad, es mi esencia eterna y anterior a la realidad?... ¿Habrá otras realidades? Quiero conocer la verdad de todo esto.... Y con este objetivo en mente olvidó sus responsabilidades y tareas rutinarias y sin importancia sobre el planeta donde vivía. Tenía que emplear su tiempo en labores importantes, no en chorradas pasajeras temporales, tenía que hallar lo eterno, lo atemporal, lo inmutable, adentrarse en las profundidades de los misterios más sublimes, sobre todo aquello que desde las más antiguas civilizaciones la humanidad había estado cuestionándose, tratando de hallar respuestas, de satisfacer su incesante curiosidad humana... Y así siguió toda su vida tan empeñado en buscar la identidad del Universo, que se olvidó de su propia existencia, y ya no se reconocía en su interior, buscaba y buscaba entre todos sus hallazgos, pero su trabajo le despojó de su identidad humana sumiéndole en la eternidad objetiva que durante tanto y tanto tiempo había estado buscando. Tanta objetividad le había llevado a descuidar su propia subjetividad y emociones, se había convertido en un robot frío y tan gélido y desapasionado que parecía muerto, si no llevaba ya tiempo en ese estado... La cuestión es que su mente seguía funcionando, pues no cesaba de formularse preguntas sobre su propia existencia en medio de toda aquella objetividad eterna que había descubierto... ¿Por qué te lo has llevado, por qué?, inquiría histéricamente dirigiendo sus borrosos (ojos invisibles desde la Tierra) al cielo, ¡¡vuelve”!!... ¿dónde estás Alias?. Alias, siempre has estado aquí, yo te tenía entre mis brazos y eras el único en quien podía confiar mis más íntimos secretos, el único con quien podía compartir mis aficiones y aflicciones, estábamos solos, pero teníamos vida, tú lo dijiste: hagamos un pacto de idealismo en el realismo, y me has abandonado en esta oscura realidad.... Ahora me encuentro más solo que este cementerio al que todos tienen miedo, ¿por qué la gente tendrá miedo a los cementerios?, ¿por qué ese miedo a los muertos, cuando muchas veces son ellos los que más nos pueden ayudar?, ¿por qué nadie quiere escuchar ni hablar nada sobre el tema?, ¿por qué ningún adulto que conocí se atrevió a hablar, discutir, emocionarse, llorar o charlar en un cementerio, por qué tanto tabú?, ¿acaso no es el lugar donde uno puede ser más consciente de su esencia, de su libertad, de sus posibilidades de existencia?, ¿por qué ese miedo a hablar de la muerte o de la vida?, ¿por qué la gente se evade haciendo cosas sin sentido para su vida, por no pararse a pensar sobre su propio sentido de la vida?, ¿por qué la gente no ve el resplandor del entusiasmo por la vida de los pequeños, de los enfermos terminales, de discapacitados, y de gente como éramos tú y yo?. ¿Por qué maravillarse por las cosas, contemplarlas y amar es una pérdida de tiempo?, ¿acaso no se pierde más el tiempo, la vida, trabajando para conseguir dinero, cosas materiales?...¿es eso la vida, Alias?. ¡No!, ¿y, por qué?, ¿por qué la gente no ve, por mucho que mire, no escucha por mucho que oiga, que la vida es entusiasmarse por lo que uno hace , es perder el tiempo no sólo ganando cosas materiales, sino, y sobretodo, con las más sublimes, como el afecto, el amor, el saber objetivo, conocerse a uno mismo, y, en definitiva, apasionándose por la vida?... ¿Por qué no hacen caso de los grandes sabios, y se convierten así en muertos vivientes?, porque Alias, amigo, te tengo que decir que me arrepiento de haberme olvidado de ti, de tu genialidad emocional, y ahora yo no sé si estoy muerto, pero lo que sé es que no estoy vivo tampoco, porque no siento tu cuerpo mortal Alias, me siento más ligero que los cirros y por eso vivo ahora ahí arriba, en el mundo de las ideas de mi amigo Platón, ya no tengo ninguna conexión emocional contigo, porque me he convertido en lo que he estado haciendo durante toda mi vida: en un ser objetivo, eterno, por eso compañero terrícola Alias, no puedo seguir viviendo impregnado del realismo de tu planeta, porque eso que llamáis emociones entran dentro de lo subjetivo, y yo conozco sólo el Universo, no al ser humano. Eso sólo podrás averiguarlo tú con mi ayuda, pero date prisa, cada vez estoy más lejos, te será difícil encontrarme, pero no imposible, porque te conozco Alias, he vivido contigo toda una vida, y sé que me buscarás sin cesar por todo el firmamento, formulándote preguntas de las que yo sólo tengo respuesta, y encontrando respuestas que yo no dejo de buscar... Sí, amigo, sé que estás pensando que lo mejor es que vivamos siempre juntos, pero no puede ser así, la realidad es la realidad, es tu mundo, y yo no puedo aceptar tanta mediocridad, pero si necesitas ayuda de un amigo de otro mundo, del mundo de lo ideal, no te rindas, búscame de noche a lo alto, lejos, a lo profundo del firmamento, y en tus ojos reflejaré las respuestas que tanto ansías encontrar... Por mí no te preocupes, yo nunca me apagaré del todo, seguiré brillando en algún lugar mientras aún quede la esperanza de que la vida realmente siga existiendo en algún lugar de este planeta, de que aún haya quienes vean y oigan, y cuando les llegue la hora, puedan convertirse en estrellas como yo, en lo que realmente somos, hijos de las estrellas, de la ilusión... Mi tiempo ya ha terminado, terrícola, Alias, tengo que dejarte... Sólo me queda una frase por decirte: Mientras sigas tú, mi esperanza idealista, allí, en ese mundo realista, no te abandonaré jamás, Alias, como he hecho conmigo. Cuenta la leyenda que, un día, aquel ser atemporal, Niver, renunció de su idealismo absoluto para conocer más sobre la vida humana; se durmió junto a su Alias y no volvió nunca más a despertar, porque se fundió, evaporó y subió tan alto que se convirtió en una estrella, pero no en una cualquiera, como era antes, sino en una supernova deslumbrante: en Alias Niver, una estrella especial, mitad divina, mitad humana, que al estar tan alta en el cielo, ser tan bella y brillar con tal intensidad, no hay ser humano que no se quede contemplando a Alias Niver cuando busca respuestas a sus preguntas o se encuentra solo, errante, caminando por la oscura carretera, contemplando en el reflejo de sus lágrimas el brillo de sus ojos, el brillo de las estrellas que en otro tiempo fueron el reflejo de aquellos viajeros, de aquellas sombras de la carretera alumbrada por las farolas, que también desconocían si la cuestión era ser o no ser..., pero lo que sí sabían es que Alias les podía ayudar, por eso tomaban el rumbo de aquel sendero oscuro, porque sabían que en el silencio y en la oscuridad es donde puede encontrarse mejor el susurro de Alias Niver, que ahora comprendía mejor el comportamiento de la humanidad, y que no cesaba de repetir: no seas alien, sé alguien, sé tú mismo, porque no hay nadie como tú, y tú no tienes precio, pues lo inmaterial, el entusiasmo por el mundo que ves, sientes y piensas y por la vida es lo más sublime, ya que es lo que te mueve a mejorarlo, y esa es la mayor lección que te puede dar un gran maestro: que muchas respuestas están dentro de ti mismo... y que, aunque a tu alrededor veas a todo el mundo apagado, no te apagues tú también, no te rindas... y, si alguna vez ves que se te apaga el brillo de los ojos, contempla por la noche las estrellas para que puedan seguir viendo.. Por eso todos miramos y admiramos el fulgor de las estrellas sobre el cielo, y en especial el de Alias Niver, cuando buscamos respuestas a nuestras preguntas, porque sólo los grandes maestros, las estrellas, las saben, pero es difícil entender las respuestas de una sola vez, por eso quienes visitan el cementerio de Deimos, los solitarios o quienes contemplan de noche las estrellas entienden mejor por qué a pesar de nuestras torpeza humana, aún no nos hemos extinguido, aún Alias Niver sigue confiando en nosotros, en nuestro planeta... quizás aún quede algo por sorprendernos en la caja de Pandora que no es malo, alguien, álguienes que puedan hacer que de nuevo los ojos del mundo recobren su resplandor y su visión antes de ascender hacia el resplandor de grandes maestros como Alias Niver o apagarse para siempre, y eso sólo depende de la humanidad del futuro, de ti, de mi y de todos los que vivimos en este mundo real tan poco ideal. Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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