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EL NACIMIENTO DE LA MÚSICA
Escrito por Giussy (
![]() Había una vez un marciano atemporal que vivía a
800.000 años-luz de nuestro planeta Tierra. Vivía en uno de los planetas de los sistemas de las galaxias del espacio interestelar, por ahí perdido y solo. Le gustaba mucho componer música, tenía un piano de cuatro escalas con ruedas que podía convertir en un barco espacial para poder navegar por el espacio. Nunca se aburría a pesar de estar solo, se dedicaba a crear, imaginaba grandes paisajes de azufre, selenio, teluro, magnesio, bismuto, cobre, oro...., y con sus composiciones y melodías sus notas musicales daba forma a todo su Universo. Tenía una espectacular energía interior, y podía hacer que todo lo que creaba se moviera tan solo concentrando toda su energía y proyectándola a través de su mirada. Nunca se aburría, pues siempre se le ocurría algo y estaba continuamente ocupado, así que nunca pensó en suicidarse por aburrimiento. Le gustaba filosofar, buscar el sentido de la creación, para qué y por qué creaba, ni idea, sentía esa necesidad y disfrutaba con ella, pero no lograba explicársela. No tenía necesidad fisiológica alguna, tan sólo creaba, pero nunca se sentía satisfecho de sus creaciones, acababan en chapuzas, pues crear objetos en movimiento que no se mezclaran y liaran era muy difícil, buscaba siempre construir algo más, más y más perfecto, la perfección absoluta.... hasta que la consiguió con una galaxia en la que las estrellas seguían una armonía perfecta con respecto a su música. Estuvo siglos y siglos terrenales contemplándola, pero no se sentía satisfecho aún, no, no era aún feliz del todo, Empezó a pensar sobre el porqué de su insatisfacción, él amaba sus creaciones, sí, pero ellas no le respondían nunca, ¡sí!, claro, era eso, necesitaba una respuesta, ser correspondido, él amaba su creación, pero, sentía que necesitaba sentirse querido por ella... En estas meditaciones estaba absorto el marcianito, cuando, de repente, un meteorito que se salió de órbita le golpeó en la cabeza. Perdió el conocimiento unos cuantos siglos terrenales, (sus ideas, que no perdieron el conocimiento, ejecutaron sus reflexiones) y cuando despertó vió hecho su sueño realidad, ¡no!, ¡no me lo creo!, ¡vive!, mi Universo...¡vive!, y...y...¡es perfecto! chilló emocionado. Cogió los prismáticos y se puso a contemplar su perfecta creación de cerca... Había creado la perfección, y, en ella, todo era igual, sus creaciones y acciones eran como robots, todas iguales, parecían discos rayados, eran como los muñecos modernos a los que aprietas la mano y te dicen palabras que no entienden, tales como: ¡te quiero!, ¡soy feliz!, ¡la vida es preciosa!, y cosas así, sin pensar, a lo tonto. ¡Sí, tonto soy!, cómo se me habrá ocurrido algo tan irracional...¡Menudo aburrimiento de mundos que he creado!. Perfección, perfección, siempre buscando lo más perfecto, cuando lo más perfecto es lo imperfecto, la libertad... ¡sí!, daré a mis creaciones libertad, pero... para que puedan elegir y crear, necesitan esto que tengo yo sin lo cual no habría nada, ¡ya!, lo llamaré inteligencia, pero...no quiero que descubran el origen de su vida y el motor de todo, pues, si no me lo podrían estropear, así que ¡sí!, serán limitados, no pueden ser atemporales ni infinitos como yo, vivirán en un espacio, y morirán en un tiempo, ese tiempo de cada uno, lo llamaré vida, sí, la vida de cada uno en la vida global... ¡Así no habrá problemas de espacio, podré crear indefinidamente y nadie me quitará el poder!, lo pasaré pipa, ¡viva la libertad!, a partir de ahora crearé así la vida... Pensado esto en un milisegundo de tiempo terrenal se dispuso a tocar... ¡Carros de fuego!, y se echó a llorar de alegría, sus lágrimas cayeron sobre este planeta, y así fue como comenzó a surgir la vida, y, cada día que amanecía en la tierra, las pequeñas vidas que germinaron crecían poco a poco, hacían lo que querían, se pasaban el día pintando, llenándolo todo de color, de creación, de arte, de expresión, y cada pincelada era una señal de vida, una señal de amor por la vida, o de desprecio por el dolor, por la muerte, pero toda expresión era bella, porque estaba viva, era libre. Así pues, las creaciones, personas, llamadas por su creador, se parecían en cierto modo a su creador con la música, sólo que ésta puede oírse día y noche, es inmortal, mientras que la pintura sólo se puede ver con la luz del sol. Fue por esto por lo que un joven, tenía un miedo terrible a la oscuridad, no sabía por qué, pero era así, sentía como si se sumergiera en el vacío, tenía miedo de que le matasen, o algo así, venían a su mente imágenes terribles, todas caóticamente y le atormentaban, creía que las imágenes podrían hacerse realidad, eran imágenes de accidentes, de muertos, de cuentos que el creó, de pesadillas de su más tierna infancia, no podía dominarlas, sentía angustia, ansiedad, tuviese los ojos abiertos o no le pasaba todas las noches igual, y siempre rezaba, Dios ayúdame, Dios, esto no es real, creo en ti, creo en Dios, creo en Dios... y agarraba una cruz que le bendijo un amigo suyo, que no era cura, pero él creía que no hacía falta ser cura para recibir los dones que daba Dios, así que su poder de autosugestión podía vencer a su imaginación, al menos hasta dejar de ser consciente y quedar dormido. Le contó a su padre adoptivo lo que le sucedía al dormir, pero le llamó estúpido, así que el joven se sintió profundamente herido, se sintió estúpido hasta la médula, y se sentía idiota total por no poder dominar su subconsciente. Así nunca voy a madurar, pensó, y decidió pedir ayuda a otras tres personas, pero le consideraron igualmente idiota, así que decidió hacerse psiquiatra, pero nada, ni por esas lograba vencer su temor, tenía 45 años y aún dormía c4on la manta por las orejas en verano con 30 grados de calor a la sombra a las tres de la mañana. Decidió que ya que nadie le podía ayudar y ni siquiera él mismo, tal vez Dios pudiera, así que se fue solo en un navío a perderse entre la furia del mar, a buscar tempestades y hacerles frente a solas, sin poder escapar, sólo así conseguiría superar ese miedo terrible que le paralizaba, pues además el fondo del mar era oscuro como la noche, y tenía un miedo terrible a subir en barco por ello. Armóse de valor aquella noche y esperó a que se hiciese la oscuridad, esta vez lo pasó peor que nunca, ni llevó mantas ni podía escapar a ningún sitio, pues estaba en medio del océano, del oscuro océano, así que habría oscuridad por todas partes. El momento llegó. Estaba a punto de hacer lo propuesto, pero la emoción era tan grande, que no podía ya no tartamudear, sino emitir sonido alguno, su cerebro no podía procesar tanta información al mismo tiempo, así que se desmayó, y tuvo un sueño, en él estaba solo entre la furia de las olas y el viento y en una penumbra absolutamente tenebrosa, pero ahí estaba él, de pie, componiendo, ¿qué era aquello?, música, sí, ya no tenía miedo, estaba componiendo una hermosa melodía que hacía elevar su espíritu, tan alto tan alto que ya no sentía su cuerpo... > Escoge el próximo pasaje
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