EL NACIMIENTO DE LA MÚSICA
Escrito por Giussy (Desconectado Offline), el 07 de junio de 2008
EL NACIMIENTO DE LA MÚSICA
Había una vez un marciano atemporal que vivía a
800.000 años-luz de nuestro planeta Tierra. Vivía en
uno de los planetas de los sistemas de las galaxias
del espacio interestelar, por ahí perdido y solo. Le
gustaba mucho componer música, tenía un piano de
cuatro escalas con ruedas que podía convertir en un
barco espacial para poder navegar por el espacio.
Nunca se aburría a pesar de estar solo, se dedicaba a
crear, imaginaba grandes paisajes de azufre, selenio,
teluro, magnesio, bismuto, cobre, oro...., y con sus
composiciones y melodías sus notas musicales daba
forma a todo su Universo. Tenía una espectacular
energía interior, y podía hacer que todo lo que creaba
se moviera tan solo concentrando toda su energía y
proyectándola a través de su mirada. Nunca se aburría,
pues siempre se le ocurría algo y estaba continuamente
ocupado, así que nunca pensó en suicidarse por
aburrimiento. Le gustaba filosofar, buscar el sentido
de la creación, para qué y por qué creaba, ni idea,
sentía esa necesidad y disfrutaba con ella, pero no
lograba explicársela. No tenía necesidad fisiológica
alguna, tan sólo creaba, pero nunca se sentía
satisfecho de sus creaciones, acababan en chapuzas,
pues crear objetos en movimiento que no se mezclaran y
liaran era muy difícil, buscaba siempre construir algo
más, más y más perfecto, la perfección absoluta....
hasta que la consiguió con una galaxia en la que las
estrellas seguían una armonía perfecta con respecto a
su música. Estuvo siglos y siglos terrenales
contemplándola, pero no se sentía satisfecho aún, no,
no era aún feliz del todo, Empezó a pensar sobre el
porqué de su insatisfacción, él amaba sus creaciones,
sí, pero ellas no le respondían nunca, ¡sí!, claro,
era eso, necesitaba una respuesta, ser correspondido,
él amaba su creación, pero, sentía que necesitaba
sentirse querido por ella... En estas meditaciones
estaba absorto el marcianito, cuando, de repente, un
meteorito que se salió de órbita le golpeó en la
cabeza. Perdió el conocimiento unos cuantos siglos
terrenales, (sus ideas, que no perdieron el
conocimiento, ejecutaron sus reflexiones) y cuando
despertó vió hecho su sueño realidad, ¡no!, ¡no me lo
creo!, ¡vive!, mi Universo...¡vive!, y...y...¡es
perfecto! chilló emocionado. Cogió los prismáticos y
se puso a contemplar su perfecta creación de cerca...
Había creado la perfección, y, en ella, todo era
igual, sus creaciones y acciones eran como robots,
todas iguales, parecían discos rayados, eran como los
muñecos modernos a los que aprietas la mano y te dicen
palabras que no entienden, tales como: ¡te quiero!,
¡soy feliz!, ¡la vida es preciosa!, y cosas así, sin
pensar, a lo tonto. ¡Sí, tonto soy!, cómo se me habrá
ocurrido algo tan irracional...¡Menudo aburrimiento de
mundos que he creado!. Perfección, perfección, siempre
buscando lo más perfecto, cuando lo más perfecto es lo
imperfecto, la libertad... ¡sí!, daré a mis creaciones
libertad, pero... para que puedan elegir y crear,
necesitan esto que tengo yo sin lo cual no habría
nada, ¡ya!, lo llamaré inteligencia, pero...no quiero
que descubran el origen de su vida y el motor de todo,
pues, si no me lo podrían estropear, así que ¡sí!,
serán limitados, no pueden ser atemporales ni
infinitos como yo, vivirán en un espacio, y morirán en
un tiempo, ese tiempo de cada uno, lo llamaré vida,
sí, la vida de cada uno en la vida global... ¡Así no
habrá problemas de espacio, podré crear
indefinidamente y nadie me quitará el poder!, lo
pasaré pipa, ¡viva la libertad!, a partir de ahora
crearé así la vida... Pensado esto en un milisegundo
de tiempo terrenal se dispuso a tocar... ¡Carros de
fuego!, y se echó a llorar de alegría, sus lágrimas
cayeron sobre este planeta, y así fue como comenzó a
surgir la vida, y, cada día que amanecía en la tierra,
las pequeñas vidas que germinaron crecían poco a poco,
hacían lo que querían, se pasaban el día pintando,
llenándolo todo de color, de creación, de arte, de
expresión, y cada pincelada era una señal de vida, una
señal de amor por la vida, o de desprecio por el
dolor, por la muerte, pero toda expresión era bella,
porque estaba viva, era libre. Así pues, las
creaciones, personas, llamadas por su creador, se
parecían en cierto modo a su creador con la música,
sólo que ésta puede oírse día y noche, es inmortal,
mientras que la pintura sólo se puede ver con la luz
del sol. Fue por esto por lo que un joven, tenía un
miedo terrible a la oscuridad, no sabía por qué, pero
era así, sentía como si se sumergiera en el vacío,
tenía miedo de que le matasen, o algo así, venían a su
mente imágenes terribles, todas caóticamente y le
atormentaban, creía que las imágenes podrían hacerse
realidad, eran imágenes de accidentes, de muertos, de
cuentos que el creó, de pesadillas de su más tierna
infancia, no podía dominarlas, sentía angustia,
ansiedad, tuviese los ojos abiertos o no le pasaba
todas las noches igual, y siempre rezaba, Dios
ayúdame, Dios, esto no es real, creo en ti, creo en
Dios, creo en Dios... y agarraba una cruz que le
bendijo un amigo suyo, que no era cura, pero él creía
que no hacía falta ser cura para recibir los dones que
daba Dios, así que su poder de autosugestión podía
vencer a su imaginación, al menos hasta dejar de ser
consciente y quedar dormido. Le contó a su padre
adoptivo lo que le sucedía al dormir, pero le llamó
estúpido, así que el joven se sintió profundamente
herido, se sintió estúpido hasta la médula, y se
sentía idiota total por no poder dominar su
subconsciente. Así nunca voy a madurar, pensó, y
decidió pedir ayuda a otras tres personas, pero le
consideraron igualmente idiota, así que decidió
hacerse psiquiatra, pero nada, ni por esas lograba
vencer su temor, tenía 45 años y aún dormía c4on la
manta por las orejas en verano con 30 grados de calor
a la sombra a las tres de la mañana. Decidió que ya
que nadie le podía ayudar y ni siquiera él mismo, tal
vez Dios pudiera, así que se fue solo en un navío a
perderse entre la furia del mar, a buscar tempestades
y hacerles frente a solas, sin poder escapar, sólo así
conseguiría superar ese miedo terrible que le
paralizaba, pues además el fondo del mar era oscuro
como la noche, y tenía un miedo terrible a subir en
barco por ello. Armóse de valor aquella noche y esperó
a que se hiciese la oscuridad, esta vez lo pasó peor
que nunca, ni llevó mantas ni podía escapar a ningún
sitio, pues estaba en medio del océano, del oscuro
océano, así que habría oscuridad por todas partes. El
momento llegó.
Estaba a punto de hacer lo propuesto, pero la emoción
era tan grande, que no podía ya no tartamudear, sino
emitir sonido alguno, su cerebro no podía procesar
tanta información al mismo tiempo, así que se desmayó,
y tuvo un sueño, en él estaba solo entre la furia de
las olas y el viento y en una penumbra absolutamente
tenebrosa, pero ahí estaba él, de pie, componiendo,
¿qué era aquello?, música, sí, ya no tenía miedo,
estaba componiendo una hermosa melodía que hacía
elevar su espíritu, tan alto tan alto que ya no sentía
su cuerpo...
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