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Roma Paralela
Escrito por Javier valladolid (
![]() Mientras el barco iba a la deriva Doira recordaba las columnas con tiza en polvo de aquella caverna oscura y pensaba en porque no cogió un poco de aquel polvo de tiza mientras se preguntaba cómo habían acabado uniéndose la estalactita y la estalagmita que lo conformaron. Luego se planteó porqué no había sido tan previsora de llevárselo por si encontraba una capa roja en la arena cómo hizo; y así teñirla. Con estos pensamientos se durmió un rato.
Finalmente la barca arribó a un puerto pequeñito. El muelle de madera sobresalía respecto del agua en permanente marea baja. En consecuencia, pasó entre las columnas de madera. Se puso un jersey de lana de oveja verde sobre los ropajes de batalla y salió a la ciudad. Caminaban campesinos entre unas murallas y se contemplaba junto a unas casas una bella estatua de un anciano desnudo y de cabellos rizados, hecho de oro. Las casas medievales de adobe daban lugar a unas murallas al cabo de varios metros y un portón que se abría a su paso. La joven Doira (De aspecto semejante al de una actriz llamada Sophía Brown) entró en la nueva zona de la ciudad. Al entrar había, cinco metros más adelante, un precipicio entre varios edificios distantes cincuenta metros entre sí y, a quince metros de altura sobre esa entrada de los cinco metros, había un suelo enganchado con losas de piedra. Levitó, elevándose sobre los imponentes edificios rectangulares de monumentalidad maravellica, y caminó por ese pavimento. Había un cartel y ponía esculpido en piedra: CIUDAD DE ROMA. Desde lo alto se veía una explanada con terrazas debajo en forma de mastaba de mármol blanco en bloques rectangulares de gran tamaño a madera de ladrillos. Una vez allí ,contempló multitud de edificios monumentales, entre los cuales destacaba en tamaño y majestuosidad un edificio más parecido a un templo antiguo hindú que a otra cosa pero de color verde y rectangular cómo los demás. Tiró el jersey; viendo cómo descendía este por los aires, movido por el viento, que lo alzaba en vertical, durante unas milésimas instantáneas de segundo. Contempló una bajada y recorrió la mastaba de mármol blanco sucio en una acera estrecha con una barandilla de naranja claro en el color de su madera con forma de barandilla de mansión clásica. Bajó a la calzada de piedras rectangulares entre la hierba después de fijarse en aquel templo y sentir que debía entrar allí. Entonces fue al templo. Nunca antes nada la había llamado igual y pocas cosas le llamarían igual el resto de su existencia vital. Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por Javier valladolid (
Aquel lugar parecía hueco en su interior, salvo columnas, véntales sin cristales y escaleras que subían arriba. Además, se vislumbraba la estructura interior en aquel lugar de una manera sencilla y anti-antifulgente con una refulgencia ... Leer mas
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