VIAJES POR LA MENTE--EL FLUIR DE LA MENTE- STREAM OF CONCIOUSNESS-
Escrito por Giussy (Desconectado Offline), el 14 de junio de 2008
VIAJES POR LA MENTE--EL FLUIR DE LA MENTE- STREAM OF CONCIOUSNESS-
¡María!, sí, aquel ser angelical poseedor de la mirada más arrebatadora que en mi historia había conocido, me miraba con unos ojos arrebatadores, brillantes, color azul clarito que se fundían con su dulce sonrisa de cariño. No sé por qué, pero cada vez que contemplaba sus ojos percibía una atracción irresistible y, al mismo tiempo que sentía algo especial por mí, pero no quería hacerme ilusiones, así que era aquella chica... ¡por Zeus!. Veinte años habían pasado y aún se presentaba en mis sueños, pisando con sus delicados pies y sentidos los pedales de mi bicicleta, seguramente encantados por llevar a tan espiritual ser interior. No podía creerlo!, le gustaba mi pobre, triste y solitaria bicicleta, mi tan querida bici, que se sentiría tan sola entre la oscuridad y el polvo del desván... y ella estaba encantada!. Aquellos eran momentos en que una alegría inusitada me hacía inevitable sonreír entusiasmado como pocas veces había sentido mi propia sonrisa. Sentía que me había tragado el sol y tenía ganas de correr y volar, volar por las calles, la de veces que había soñado que volaba al mismo tiempo que corría, de una manera tan intensa, que llegaba a confundir si realmente no estaba pisando el suelo, esa sensación, no lo había sentido en mi vida más que en ocasiones de una especie de concentración intensa en la que la realidad y mi imaginación se mezclaban y confundían, llegando, en ocasiones, al caso de confundir las palabras que estaba diciendo con las que pensaba a la vez que iba a decir y que luego no decía por sustituirlas por otros pensamientos que les ganaban la carrera y que finalmente acabado el discurso creí haber dicho, pero que realmente se quedaron en el éter del pensamiento o en ese lugar donde los pensamientos se empujan y pelean como los caballeros medievales, por imponerse mostrando la dulzura, intensidad o precisión de sus formas e intentando seducirme por ser elegidos primero. Oh, tan grande es la necesidad de las palabras por salir del mundo en el que vuelan aprisonadas que me da pena elegir, pues la elección siempre implica una jerarquía y elegir siempre se hace en comparación, y sentía que mis pobrecitas palabras se quedaban tristes y ateridas en el orgullo por no haber sido elegidas y que yo las acariciaba con la voz de mi pensamiento y mi mirada dirigida hacia dentro y hacia su itnerior, intentando tranquilizar a su agitado corazoncito, diciéndolas, suavemente, que iría a por ellas más tarde, me lo hicieron prometer, y así tuve que hacerlo y me entregaron, además, un símbolo para que no las olvidase, un metal plateado que brillaba cuando mi sol interior resplandecía con un fulgor inusitado, un metal que conservo junto al corazón y que me hace recordar cada día mis pequeñas, pero firmes y fieles promesas. Hecha esta promesa descendí mi vista del Olimpo de las ideas hacia aquel ser tan especial que era capaz de valorar con tanto apasionamiento algo que los demás ignoraban y rechazaban por su antigüedad y su lentitud frente a sus potentes nuevas motos. Aquel ser se había engatusado tanto con mi querida bici que llegué al extremo de pensar si realmente quedaba conmigo por mí o por ella. Aún seguía pedaleando con entusiasmo alrededor de aquella plaza cuya fuente siempre me había evocado fantásticas y fastuosos lugares legendarios, medievales, aquella fuente... a veces pensaba que en torno a ella bebían los caballos que se reunían para aplacar su sed, y, al verse reflejados en el espejo del agua, encabritaban contra su propia imagen reflejada y una vez se econtraron con una rana en el fondo, que salió a la superficie y con su voz de croar les asustó. Una simple rana ¡les había asustado! mientras que no les asustaba otro tan grande de su especie. Eso me hacía pensar en si, realmente, era verdad aquella fábula del elefante que se asustó al ver un ratón y se subió sobre una mesa, atemorizado, ¿estaría basado realmente en un hecho real que alguien hubiese visto de verdad, al igual que yo vi...? Bueno, realmente ahora dudo si lo vi en la realidad o en mi viva imaginación, que me hacía confundir con aquellos años imaginación y realidad, aquellos años en que el despertar era tan sólo la continuación de mis sueños. Me gustaría tanto poder volver allí... poder despertarme de la realidad, tirarla a una basura e incendiarla hasta reducirla a cenizas transportadas por el viento hasta un inmenso precipicio en cuyo fondo hubiese un dragón traga-realidades, que sería capaz de dejar de vivir si pudiera asegurarme de alguna manera que, tras la vida, volvemos a un estado de sueño como el que viví hace 20 años...

No sé, como digo, si aquello fue real o soñado ahora mismo, pero, en aquellos años sé que era real, no sé qué ha pasado ahora, qué habrá sido de mi bici, la fuente, la plaza, aquellas casas acogedoras y abiertas al diálogo y la sonrisa, ni de aquel pueblo repleto de misterio y de gatitos sinnúmero tan tiernos como la sonrisa de un bebé que ve unos colores moviéndos y los quiere atrapar, aunque tampoco tengan materialidad, sumidos en una edad en la que nada es realidad y todo es imaginación, sueño construido de percepciones elaboradas desde dentro. No hay más que fijarse más que en la seguridad que detentan estos cachorrillos humanos y felinos para comprender que llevamos dentro un yo muy fuerte con ganas de vivir con una intensidad y entusiasmo que parece se va perdiendo irremisiblemente con los años y es imposible recuperar, sino mediante el sueño...
¿Cuándo somos más nosotros mismos?, yo pienso que cuando casi ni siquiera somos conscientes de que somos, tan abstraídos estamos en lo maravilloso que se presenta ante nuestros sentidos? Oh, quién pudiera renacer de nuevo para recordar y vivir como un bebé su realidad, incomunicable completa y absolutamente con los demás!. Es tan íntimo este rincón de intensa vitalidad imaginaria en este recién nacido polluelo que se lo guarda dentro de sí con tal profundidad que los demás no vemos en él sino reflejos de los destellos de su mirada hacia un lugar vacío con la mirada siempre perdida, como viviendo realmente, no en este mundo, sino en el de su imaginación, una imaginación que no conocemos porque no nos la puede transmitir un bebé que no sabe hablar, semejante inefabilidad a la que yo sentía ante la contemplación de la fuente y ante aquel angelical ser que parecía haber surgido de ella, al igaul que una ninfa con rubios cabellos largos y mirada de mar resplandeciente por el brillo del sol, podía verme reflejado en susu ojos cuando se acercba a mí para susurrarme alguna bella idea y cuando no estaba junto a mí, cuando mi mirada se despedía de la suya sentía que las lágrimas se le saltaban a mi bici y a mi corazón, que casi no me dejaba respirar y entonces era una niebla negra, como si una negra nube hubiese descendido lo que se colocaba durante aquellos instantes de despedida entre mis ojos y el resto del mundo, igual que un muro, y me sentía como una piedra arrojada a un charco que nunca cae sobre el fondo del mar, porque éste no tiene fondo y es infinitamente profundo y denso. Me sentía como una mariquita a la que un niño coge de un lago de la orilla, se la lleva kilómetros y kilómetros alejada de su familia y la deja en unos parajes donde los únicos seres que hay son sus depredadores, los pájaros. me sentía abandonado como un guante perdiddo que llora por su añoranza de contacto físico y espiritual con un ser existencial, igual que las gotas que resbalan por el cristal de un coche cuando llueve y luego se pierden por la carretera y son atropelladas por las huells de una rueda de algún veloz y trágico coche en medio de la niebla de la oscuridad y la lluvia que encapotan el brillo de la luz sobre la alfombra de la Tierra. Los instantes siguientes sentía angustia y desesperación y la echaba tanto de menos como una madre que ha perdido a su hijo en la guerra o un hijo que ha perdido a su madre en un accidente. Era como si hubiese desaparecido y la posibilidad de no volver a verla me parecía muy triste y ya no miraba la naturaleza con alegría, como si tuviese un sol en mi pecho, sino con una especie de melancolía nostálgica que me hacía fijarme en la naturalezxa con una especie de pena por perderla, con cierto desasosiego interior por el miedo de que aquella grandiosidad, belleza, silencio tranquilo y suave y melodioso, las caricias cariñosas del viento, el acogimiento de los brazos de los árboles y del césped y la protección de sus copas y los arbustos, los pequeñitos animalitos y bichitos en los que veía emociones de sensibilidad extrema; me dolía tanto que pisaran una hormiga o una flor, o un hormiguero o que una sola mariquita fuese desarraigada de su hogar, que, a veces me entristecía mucho cuando me enfrentaba con los violentos ojos de un coche que pasaba sobre el lindo y acogedor manto verdede la bella, hermosa y tan frágil naturaleza que yo quería proteger por mi vida, al igual que a aquel angelical ser tan espiritual como el rimo del azul mar y tan elevado como las nubes. Pero tenía que partir, tenía el presentimiento de que debía dirigirse a la elevada Roca de la Cresta del Gallo, no sabía por qué, pero sentía que el magnetismo de los rayos del sol reflejados en su materia mineral me llamaba como una bombilla a un inquieto mosquito. Tenía que subir allá, no sabía de dónde salía aquel sentimiento o presentimiento, pero Miguelito comenzó a subir la escalinata de la plaza, que llevaba al erial, y no dejaba de caminar contemplando, absorto, las nubes del firmamento, y recordaba cuando era pequeño y capaz de pedalear su triciclo sin mirar de frente, y sentía que pedaleaba entre dragones, castillos, montes, lagos y cavernas, como los osos amorosos y sentía que su bici era un pegaso, un caballo salvaje, no dejaba de soñar con un pegaso que le ascendía cada día a lo más alto para mezclarse con los barcos y las tempestades del cielo. A veces pensaba que en el mundo se podría caminar al revés algún día, y que el cielo estaría abajo y el mar arriba, y que podríamos formar una civilización bajo el mar, con túneles marinos, en cuevas, y al salir, nuestra inferior densidad nos llevaría a flotar y ascender por encima del cielo para contemplar el marino cielo, y... sí, bien, todo aquello era muy bonito, pero ahora, no era aquel ser de 4 ó 5 años, ni tampoco puedo entrar en el adolescente que era, así que dejándole de lado por unos instantes para ocuparme de mí, escritor, abocado a arrastrar mis pies por las sombras de estos estúpidos primates, no sé por qué, pues eso, y, sí, vaya, metí al pata al recordar la mísera existencia que mi sombra arrastra y no sólo que lleva, sino que me encadena hacia una sombría tristeza que no tengo ganas de describir. Quiero volver a ver el sol, a subir a la montaña mágica y curarme de esta maldita melancolía, que no me hace sino vivir anclado en el pasado, además crea un sentimiento y sensación de despersonalización inabarcables e inefables...
Oscurecía, pero su mirada y su mente seguían fijos, obsesionados en aquellos pensamientos...

 

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Escrito por Giussy (Desconectado Offline), el 17 de junio de 2008
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Necesitaba dormir, pero, obstinado en su pensamiento relacional de que dormir era equivalente a morir, se resistió a sus instintos y logró domeñarse durante toda la larga, fría y sombría noche de invierno. Todo el tiempo estuvo pensando ... Leer mas


 
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Comentarios
Logras, incluso, que los macroparrafos sean preciosamente bonitos; en este pasaje. Veo que las ideas están más claras y las comas, aunque objetivamente excesivas, están perfectamente puestas.

Unicamente una queja. ¡No tiene pasaje despues!
Escrito: 5 meses atrás
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