amor de dos, de tres, de cuatro, etc...
Escrito por Galloleus el Psiquiatra Mexicano (Desconectado Offline), el 14 de noviembre de 2007
amor de dos, de tres, de cuatro, etc...
Si tienes 4 hijos, pues los amas a los cuatro, si tienes cuatro mujeres, ¡también las puedes amar a las cuatro!
Dekarne no tenía el corazón pequeño, perfectamente se acomodaban en el sus amores, su adorada Ángela, su apasionada Carol...
Pero Liberina había probado en buena porción al hombre de su amiga, había estado a horcajadas sobre él moviendo sus caderas casi una hora y había disfrutado de ciertos detalles deliciosos como no le había sucedido antes por el hecho de que él seguía tan firme como al principio, sus muslos eran fuertes y tenía tal control de sí que ni siquiera había terminado dentro de ella; por otra parte, no es que ella fuese una mujer que no supiese valorar la amistad, pero requería sentir aquel bien dotado estímulo otra vez, pero un ser humano hasta en esas circunstancias quiere que lo comprendan, después de esperar tantos años y hasta ahora había quedado satisfecha hasta estremecerse una y otra vez, como iba a desaprovechar esta oportunidad en su vida; en cuando al contacto con la chica, francamente, no le había excitado en lo más mínimo el besar o interactuar con Carol, no, ella se decía 100% heterosexual y si se había prestado a ese trío era solo porque le ganó el deseo de estar con ese hombre, después de haberlo probado, consideraba una locura desperdiciar la circunstancia y por fuerza procuraría verle más veces, así que le llamó y quedó de verse con él. No cabe duda que cuando en medio de dos mujeres hay un hombre con el que han tenido algún tipo de interacción sexual difícilmente quedará una relación cordial, en definitiva no hay cabida para la amistad.

Dekarne no sabía que hacer, para el dos mujeres era suficiente y tres eran demasiado, pero solo de pensar en los gemidos de tono agudo que había escuchado de Liberina, ese tatuaje a lo largo de su cuerpo, los tonos pelirrojos aunque artificiales de su pelo, su belleza era singular, eso era indicutible, pero que no podía competir de forma alguna en esa categoría ni con Carol, ni con Ángela, finalmente accedió a encontrarse en un hotel cercano a la playa con ella, aunque se regocijó con la hembra, para él fue suficiente con ese segundo acto con ella y quedó saciada aquella curiosidad por escuchar con más atención su recital de gimoteos, en la tarde fue a ver a Carol y en la noche estuvo con Ángela… ¡que inmenso placer era haber tenido a las tres el mismo día!, en su mente se revolvían los estímulos, confundiéndose y entrelazándose uno a uno en su memoria, podía recordar los glúteos de una, casi sentir los de la otra y aún percibir los de la tercera, no se diga la diferencia de forma de sus senos, eran tan diferentes cada par de ellos, Ángela con esos grandes pezones, Carol con esos delicados y pequeños botones, y los otros de tamaño medio, las aureolas, el volumen de los lóbulos mamarios, el color de la piel, la elasticidad… las diferencias en las vaginas eran ostensibles, la una que era mediana pero la más húmeda, la otra corta y chocaba fuertemente con el fondo, la más pequeña de vulva de diámetro estrecho pero más profunda que las otras…
Liberina se obsesionó con Dekarne como se obsesionan todas las mujeres con un hombre que las conduce al clímax intenso, no fue nada sencillo esquivarla, bloquear sus llamados, y menos hacerla entender que encamarse con alguien no implicaba mayores derechos, pero ella también quería ser suya, no exigía ningún compromiso, solo quería por lo menos otros encuentros, al final, poco o nada valía su amistad con Carol comparados con la intensidad de sentimientos y emociones despertados en su temperamental piel y resto de tegumentos.
En cuanto a Carol, Liberina había dejado de llamarle por teléfono luego de intentar un par de veces repetir el trío, Carol se mostraba desencantada, ya no le interesaba más averiguar sus pulsiones lésbicas, se descubrió celosa en aquel acto y estaba arrepentida de haberlo propiciado, no guardaba valor para reclamarle a Dekarne por haber disfrutado a Liberina, sabía que era por lo menos parcialmente culpable y eso la enfadaba más consigo mismo, surgieron ansiedades en su entraña que solo se paliaban con marihuana, volvió a la cocaína, al abuso de alcohol y otros excesos, no tenía en esos días capacidad ni para pedir ayuda médica o psicológica, su autoestima estaba lesionada y prefería aislarse, faltaba a menudo a sus ocupaciones y lloraba cuando estaba a solas, por las noches apenas podía conciliar el sueño, le temblaban las manos y los pies por lo que cuando Patricio, su padre le visitó le vio demacrada y le preguntó sobre lo que sucedía, ella accedió a contarle, pero solo algunos fragmentos al grado de que su padre entendió que su malestar se debía exclusivamente a que Dekarne era casado y ya tenía hijos y pasó por alto el consumo de drogas y el trío experimentado por su hija. Como de costumbre, no se atrevió a darle consejo alguno, le dijo que la amaba, la abrazó y le invitó a verle con más frecuencia, recalcó que él seguía orgulloso de ella y que sabía que podía tomar las decisiones adecuadas para salir de esos conflictos, le dio un beso en su frente, le acarició su pelo y aunque ocultó sus lágrimas se fue llorando por el dolor de su hija.

Con todo y lo incondicional de los placeres prometidos y recibidos por Liberina Dekarne tomó la firme determinación de no volver a verle, esto, por lo que ya les había contado antes, el necesitaba sentirse enamorado y relacionarse con alguien con vínculos afectivos fuertes, Liberina con todo y provocador tatuaje, no le inspiraba más que ratos de placer, y a él, solo por sexo, nunca se le había dado fácilmente unirse a una mujer. Además estaba consciente de que estaba en franco peligro su rendimiento laboral y su matrimonio exponiéndose a dar triple servicio, eso solo le competía a un Sultán en una cultura completamente diferente.

Pero Liberina estaba obsesionada, no atendía a los rechazos, no le hacían mella alguna, antes al contrario, estaba deseosa de tener lo que quería, urdió un plan analizando como se había dado el primer encuentro, recordó que aparentemente se trataba de hacer una relación de tres, ya porque esta era fantasía de Carol o fantasía de Dekarne. No podía descartar el interés de Carol tan fácilmente porque recordaba la cara de lujuria de la chica cuando prácticamente le obligó a hacerle el cunilingue, cosa que al menos a ella no le había gustado del todo, y si se trataba de una fantasía del hombre, dado que ya había oído alguna vez que esta era muy frecuente en los varones, era posible que él ya no quisiera volverla a repetir porque Carol mostrase disgusto… se cuestionaba: ¿cuál sería la estrategia a seguir para volver a propiciar un encuentro?, si Dekarne estaba rechazando salir a solas con ella, si Carol se mostraba irritada con ella, ¿Cómo?, ¿Cómo?... Una posibilidad era intentar tener una relación lésbica exclusivamente con Carol para por lo menos estar cerca de su pareja, otra táctica sería invitar a Dekarne a estar con ella y otra amiga diferente a Carol… mientras pensaba una y otra vez las cosas se miraba al espejo, en un momento le cruzó la deprimente idea de que era justamente su tatuaje de cebra lo que alejaba al hombre, pero le gustaba tanto, la hacía sentirse diferente a cualquier mujer, no conocía a ninguna chica que se atreviese a marcarse la piel para siempre como ella…

 

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Escrito por Galloleus el Psiquiatra Mexicano (Desconectado Offline), el 05 de enero de 2008
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Dekarne estaba desesperado porque sentía como se desvanecía el amor de Carol, nunca había tenido miedo de competir con otro hombre por el amor de una mujer, pero es una competencia desventajosa que la mujer que amas esté interesada ... Leer mas


 
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