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Despertar de un sueño
Escrito por Isabel60 (
- Uy, cuantos pájaros hay hoy por aquí, hola pajaritos. ¿Qué llevas en el piquito?
- Unas ramitas, voy hacer mi casita para que este otoño pueda dormir calentito. Muy bien - contesta el niño. - El niño le dice: - ¿No viste como la señora golondrina siempre tiene su casa preparada? - Es que ella es más inteligente que yo, los gorriones tenemos menos ideas, pero ya iremos aprendiendo - contesto el amable gorrión. - Adiós amiguito, hasta pronto. - Adiós señor gorrión ele recuerdo a su señora gorriona. -Lala, laaaaaaaala, - cantaba el niño. Éste iba muy contento a pesar de ir pisando infinidad de hojas de diferentes colores, las había amarillas, rojizas, rosáceas,… El otoño había llegado y los árboles empezaban a desprenderse de sus elegantes vestidos. De pronto lo saludo un conejo: - Hola, donde vas tú solito. - Voy a darme un paseo, estaba cansado de estudiar y me he dicho, voy a estirar las piernas un poco a ver a mis amiguitos del bosque. - Pues ten cuidado, hoy hace mucho viento no te vaya a empujar – contesta el conejo. - De acuerdo, no te preocupes – replica el niño. De pronto empieza a no ver nada, lo tira al suelo un fuerte viento huracanado, se levanta, lo vuelve a tirar, así una y otra vez, hasta que de pronto se formo una especie de remolino que lo envolvió y lo arrastro varios metros teniendo la mala suerte de que paso por lo alto de un pozo y el pozo lo absorbió. Rápidamente el niño empezó a caer y se quedaba en los recovecos del pozo, pero tan mareado estaba de las vueltas que había dado, que paraba y seguía cayendo, no podía agarrarse a ninguna roca. Así de repente se vio en la copa de un árbol enorme de infinidad de ramas. - Jolin, que daño me has hecho, te has caído en mi coronilla - grito el árbol. - Gracias señor árbol, me ha salvado la vida – contesto el pequeño asustado y apunto de echarse a llorar. -¿Qué haces a estas horas tan lejos de tu casa? – preguntó en árbol - Mire usted, yo solo salí a pasear y a ver a mis amiguitos del bosque - contesto el niño. -Vaya, vaya, venga no te preocupes yo te ayudaré a salir de aquí - le dijo muy cariñosamente el árbol. Mira te doy permiso para que llegues hasta la rama más baja y la cortes, te servirá de bastón y será la que te indique el camino de regreso a tu casa. - Pero señor árbol yo no quiero hacerle daño, como le voy a cortar un trozo de su cuerpo, le dejaré imposibilitado – contesto el niño con mucha tristeza… pero necesito que me prestes un pequeño brazo de tu cuerpo, no se preocupes, que como tienes muchos no se notará. E intentaré hacerte el menor daño posible. El niño muy delicadamente corta la rama más recta para que le haga de bastón, y seguido pone saliva en su manita y coge un poco de tierra que rodeaban las enormes y milenarias raíces del árbol, hace una masa y se lo da alrededor de donde ha quedado una pequeña herida al cortar la rama. Y le da las gracias al árbol por ser tan generoso. En poco tiempo desaparece la herida y comienza a brotar una pequeña yema de color verde pistacho. El niño al ver ese brote da un gran brinco de alegría y se despide del majestuoso árbol. - Muchas gracias amigo árbol, algún día volveré a verte y te traeré un regalo. - Ha sido un placer poder ayudarte, pero has de tener más cuidado con el viento que hace en otoño, y cuando éste aparezca, tumbarte en el suelo, así será más difícil que te zarandee – contesta el árbol. El niño comienza el camino de regreso apoyado en su nuevo compañero de aventuras: el bastón. El bastón parecía guiarle, cuando el niño intentaba girar a algún lado, si el bastón no estaba de acuerdo tiraba de él. Así avanzaron durante tres largas horas, en las que se encontraron infinidad de animalillos, mosquitos, gusanos de muchos tamaños y colores y diversas y multicolores plantas,... Se sentaron a descansar y al fondo escucha una música por la que de repente se siente atraído, es como si la música lo hubiera hipnotizado, sus piernas y su cuerpo tiraban a la izquierda del camino de donde procedía la suave y cálida melodía. El bastón hacía lo propio pero para al lado contrario. Al final pudo más la fuerza de niño. Los sonidos le llevaron hasta la entrada de una gruta. El niño se acercó a mirar por dentro pero no vio nada. ¡De pronto quedó todo en un silencio sepulcral! Ni siquiera el zumbido un pequeño mosquito. Se quedó el lugar paralizado y empezó a notar como le caían cosas desde arriba. Se echo las manos a la cabeza y se impregnaron de algo húmedo y viscoso. Al acercárselo a los ojos para ver que era, notó un olor extraño. - Aggg, que asco, son cagadas de pájaro - grito. El sonido del niño hizo eco en la cueva y asustó a miles de murciélagos que pendían del techo, y se abalanzaron hacia él y la rama. - Ehhh dejarme en paz, yo no os he hecho nada, ¡fuera, fuera! La rama comenzó un movimiento en aspa girando alrededor del niño para impedir que los pájaros pudieran lastimarle. Por fin los murciélagos se colgaron de nuevo del techo a descansar de la gran batalla librada contra la rama. La gruta era recta pero con recovecos, en cada recoveco que el niño encontraba por casualidad o porque el destino le quería dejar ahí y prohibir de las cosas buenas que tiene la vida, como hizo a sus 20 vecinos, al final el bastón le encaminaba de nuevo y daba esquinazo a la maldad. Ya cansado y después de haber andado más de 12 horas, tenía hambre y sed y pedía en voz alta y repetía una y otra vez: - Agua, necesito agua y algo de comida. Un ser extraño y malvado que le escuchó, a toda prisa puso una cesta de mimbre de hermosas frutas, chirimoyas, mangos, cerezas, sandías, manzanas rojas y recubiertas de caramelo rojo y sujetas por un palito como si fuera un helado. - ¡Uy! Qué ricas como las manzanas de las ferias - dijo el niño. Pero sus ojos se fueron a otra fruta, unos plátanos recubiertos de chocolate crujiente. Dio un mordisco al plátano pero apareció un gusanillo moviendo su delicado cuerpo. - Guarrrrrr- vomito el pequeño trozo que tenía en la boca, y exclamando dijo: - ¡Que guarrería de plátano de chocolate con gusano vivo! De pronto fue tanto el ardor que sintió en la lengua que no pudo por menos que agacharse y beber de un charquito de agua que había en un rincón. El ser extraño era como una especie de seta, que tenía por cabeza la de una serpiente y por cuerpo la de un sapo. Sus brazos eran escamosos y rugosos como la de los caimanes y por piernas tenía una especie de pinzas como la de los cangrejos, se echo a reír a carcajada limpia, y desapareció. De pronto en el fondo del charquito de agua notó como un hada le hacía señas con la manita y ésta le dijo: - Pídeme tres deseos y te los concederé. El niño comenzó a pedir los deseos que el hada le había ofrecido: - Regresar a mi casa - dijo el niño muy angustiado, se quedó unos minutos pensativos. - Que nadie más se vuelva a caer en el pozo - volvió a pedir. Metió sus manitas en el charco en forma de cazuela y cogiendo agua, se lo llevo a los labios. Era un agua limpia y transparente, sin sabor pero le supo muy rica, ya que ésta calmo su sed y angustia. Introdujo sus manitas dos veces más, y una vez sació la sed, le dijo al hada: - El tercer deseo ya me lo has concedido, has calmado mi sed y me has transmitido tranquilidad y esperanza. ¡Gracias por tu bondad hada! El agua fue como un bálsamo que lo dejó dormido durante nueves horas, en las cuales soñó, que el bastón se convirtió en un caballo. Un caballo blando con alas donde él cabalgaba. El caballo se dirigió a su casa y lo dejó justo en la ventana de su habitación. Él entró sin hacer nada de ruido metiéndose en la cama. Segundos más tarde, noto como su madre lo arropaba y lo besaba. Samuel era un niño muy inquieto, de ojos enormes y avispados, nariz pequeña como un botón, y la forma de la cara de pera. Algunas pequitas repartidas por su carita que lo hacían más atractivo y travieso. Lucía un gran repilo que siempre llevaba engominado. Su edad era de catorce años. Su estatura, uno sesenta y siete, era ligero como una pluma. Cuando se despertó, miró a su alrededor tratando de encontrar las paredes y el charco de agua que había visto en la cueva. Se sorprendió, cuando sus enormes ojos se encontraron con un póster de Casillas y un balón firmado por éste que decía: Para mi amigo Samuel, el mejor futbolista en su categoría. ufffff,había sido todo un sueño, pero era tan real que estaba confuso. - FIN -
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