Como gato mojado
Escrito por nalen_noise (Desconectado Offline), el 15 de julio de 2008
Me miraba y sonreía. Yo no sabía si mirarlo o no, si seguir callada o romper el silencio con una tos fingida. Llevábamos una semana entera sin dirigirnos la palabra. Estaba a gusto pero, me empezaba a aburrir.
Se comportaba de una manera de lo más peculiar. Se maquillaba los ojos en color negro, también se pintaba las uñas. Se miraba en todos los espejos y podría pasarse la vida entera contemplando su semblante. Era un narciso. En todo el tiempo que llevaba en aquella casa no salió ni un solo día, ni siquiera para comprar, hacer recados o cosas que solían hacer las personas normales. Él no era normal y lo supe el mismo día que se sentó a mi lado en aquel portal tan frío.
De vez en cuando se ponía los cascos y limpiaba la casa casi bailando. Yo me limitaba a observarlo con extrañeza e, incluso, con una pizca de desprecio.
No volvió a beber desde aquel día que “me hizo hablar”. La botella seguiría ahí, fría e intacta pero, no me daba ninguna pena. No sabía si era aficionado al alcohol o si lo hizo para sorprenderme. La verdad, no lo consiguió, he visto cosas muchísimo peores a lo largo de mi vida.
Si me pusiera a recordar me vendría la nostalgia pero ahora no era el momento adecuado.
- No hay comida.-dijo al tiempo que abría la nevera.
Me limité a observarlo en el silencio. Si esperaba que le dijera algo, iba listo...
- Tenemos que ir a comprar...
- ¡Ah, no, no, no!- contesté instantáneamente- Tienes que ir a comprar.
- ¿Crees que te voy a dejar sola?- preguntó mientras se acercaba a mí.
A medida que se aproximaba, yo me iba alejando. Se apartó de golpe al notar mi reacción y pronunció:
- No te puedo obligar a nada, Adriana.
- No... Bah, no pienso discutir contigo de nuevo.
- Hoy te quedas pero, vas a ver cómo la próxima vez querrás venir conmigo.
- Vamos a ver, que te entre una pequeña cosa en esa cabeza hueca con la que Dios te dotó... ¿No te das cuenta de que ahora mismo estoy en busca y captura? Habré Salido en todos los periódicos, en todos los canales de televisión...
- Eso no lo he visto yo.
- ¿Cómo piensas verlo si no tienes televisión? Imbécil.
Se dirigió sigilosamente hacia la puerta y, sin mirarme, me dijo casi en un susurro:
- He ahí la cuestión, ojos que no ven, corazón que no siente.
Se fue de un portazo y cerró la puerta por fuera. Las ventanas estaban abiertas y las persianas completamente subidas. Si esto hubiera ocurrido una semana atrás, sería una perfecta ocasión para escapar pero, aquí tenía agua, comida, una cama y un baño. En la calle poco encontraría en comparación con el pequeño bungalow del tío raro.
Pero lo que no dudé en hacer fue registrar la casa. Busqué en los cajones más escondidos, revolví el armario de principio a fin, miré debajo de la cama, en el baúl de los vinilos... No encontré ni rastro de lo que podía ser su pasado. Lo dejé todo ordenado, tal y como él lo dejó, para que no pudiera sospechar de su tímida y dulce huésped.
En esa casa faltaban muchas cosas: faltaban libros, la taza del váter, la televisión, comida... No tenía hambre pero, abrí la nevera y pude comprobar por mi misma que no había ni un triste limón podrido. Sólo quedaba la botella de Ballantines, tal y como predije anteriormente. Busqué en el mueble de la despensa y en la alacena y, lo único que encontré fue una caja de cereales caducados. Todo era un auténtico desastre pero, a mi me importaba más bien poco.
El baño era lo último que me quedaba por explorar. Las fotos que habían pegadas en el espejo era un asunto que no me cuadraba lo más mínimo. Era un aseo pequeño, con un plato de ducha y su correspondiente mampara, un váter sin taza que, a saber lo que habría hecho aquel tío con ella; y un lavabo con un mueblecito blanco debajo de éste. Me agaché y abrí las hojas. A simple vista sólo había ahí dentro rollos de papel higiénico y diversos botes de champú y gel de ducha. Revolví un poco más y encontré una caja de color celeste. Me costó sacarla de ahí, pues estaba al final del mueble pero, gracias a mi agudeza visual, supe que habían más cosas que simples útiles de aseo. La caja estaba recubierta por una fina capa de polvo. Al parecer, llevaba años y años ahí escondida. Soplé y el polvo huyó de la superficie plana. Quité con los dedos de mi mano derecha el resto de los residuos y, sentada en el suelo, la abrí. Para mi sorpresa, la caja estaba a rebosar de fotos: polaroids, de papel perlado, incluso negativos. Encontré fotos más recientes y otras, antiquísimas. También pude diferencias fotos de carné, hechas en fotomatones, por lo menos había siete tiras de estas. Todas eran distintas: diferentes colores, texturas, olores, edades, personas...
Aquellas fotografías me contaban una historia que no supe entender. Empecé a sacarlas y a esparcirlas por el suelo del baño, así, las vería con más detalle. En el fondo de la caja encontré fotografía rotas, quemadas e, incluso, cortada a salvajes tijeretazos. Las tijeras también estaban guardadas en la caja, plateada y tan reluciente que podía contemplar mi rostro cansado en una de las afiladas cuchillas. Empecé a examinar las fotos que estaban rotas. A la mayoría de ellas les faltaban una de las mitades, pude encontrar tan solo dos fotos completas, las demás a saber dónde habían ido a parar. Pude distinguir un bebé, un niño de siete u ocho años en bicicleta y a Adrián ya bastante crecidito. Supuse que todas estas figuras se trataban de él pero, no podía asegurarlo aún.
- Se que estás ahí, no hace falta que te quedes en silencio.- dijo desde el otro lado de la puerta.
La había cerrado previamente por si me tenía que inventar una buena excusa pero, dentro de mis planes tenía previsto que hiciera sonar la llave cuando llegara a la casa. ¿Cómo había entrado sin hacer el mínimo ruido?
- Sabía que no te ibas a quedar quieta. Lo que me extraña es cómo no te has escapado.. Bueno, aquí estas protegida... Me lo has dado a entender antes, con el rollazo ese de los medios de comunicación, que si los periódicos, bla, bla, bla. Por eso he confiado en ti y me he ido por mi cuenta.
Chico listo.
- Pero se con total claridad que has estado registrándome la casa y, al fin, has encontrado lo que querías. Ábreme y hablamos.
- No quiero abrirte.
- A partir de hoy te voy a llamar “niña del no”... Venga, no pienses que voy a hacerte daño, sólo quiero contarte un par de cosas que quizás te van a interesar.
Guardé todas las fotos rápidamente y disimulé. Tiré de la cadena para que así creyera que sólo había querido ir al servicio. Abrí la puerta y con un serio semblante le miré. Tenía el maquillaje de los ojos algo corrido.
- No hace falta que disimules.
- Sólo necesitaba ir al baño.
- Necesitabas registrarme, que es distinto.

 

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Escrito por nalen_noise (Desconectado Offline), el 15 de julio de 2008
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Entró en el cuarto de baño y se agachó. Empezó a examinar cada rincón y cada esquina. Me sentí aliviada, estaba segura de que lo había dejado todo en su sitio, tal y como lo tenía puesto él anteriormente. - ¿Ah, sí?- pregunté haciéndome ... Leer mas


 
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