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Pasaje 3º
Escrito por Fritzzie (
Sin darse cuenta, un ejército de piezas blancas ha arrinconado a su rey. La dama, impasible desde un ángulo del campo de batalla, se torna inútil, poderosa como es ella, en ese instante, el doloroso momento en que un torre bloquea la única vía de escape razonable para el general de ese ejército pronto derrotado.
- Jaque mate, Santiago. - No me jodas, hombre, otra vez no. No me jodas... - Si es que no te fijas. Te tengo calao desde hace cuatro movimientos, y tú sin enterarte. - Me cago en la leche, me cago en la leche. - La próxima semana habrá más suerte, ya lo verás. Las piezas regresaron a su caja, y Santiago recogió el tablero bajo el brazo. Despacio, los dos viejos caminaron hasta el exterior del parque. Poco después, parados ante un semáforo, Manuel le preguntó si le hacía un cafelito. - Por endulzar la derrota, hombre. Santiago le miró y negó con la cabeza. Se sabía derrotado; dentro, y también, fuera del tablero. Parecía estúpido pensar que se sentía como ese rey derrocado, aplastado y humillado ante su propio ejército; pero así era. - Nos vemos la semana que viene - le dijo como única despedida. Manuel le observó mientras cruzaba la carretera, con el tablero bajo el brazo, como cada domingo, y la cabeza gacha. - Qué viejo perdedor - se dijo para sí. A la semana siguiente, el mismo ritual. De nuevo temprano en el parque, consciente de un nuevo retraso. Seguro que Santiago echaba pestes por la boca cuando lo viera. Como cada domingo desde hacía tantos años. Pero a la hora convenida se vio solo. Su viejo compañero de batallas aún no había llegado. ¿Sería posible? Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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