"nuevos inquilinos en la hospederia"
Escrito por natalia marlò (Desconectado Offline), el 28 de julio de 2008
-¡Sòlos!-esclamò Agatha-¡por fin!.
Avanzò con grandes zancadas por el salòn en direcciòn al vestìbulo, donde habìa un armario disimulado en el hueco de la escalera. Llevaba un grueso libro de tapas marrones ajada por el tiempo, con una inscripciòn de sìmbolos rarìsimos en la cubierta.
Su hermano Edgar seguìa sus pasos a toda prisa, sonriendo abiertamente. Una de sus manos aferraba un objeto de latòn envejecido.
Hacìa ya unos dias que no habìan podido llevar a cabo su "secreta actividad", porque sus padres no solìan dejarlos sòlos cuando salìan cenar. Era una oportunidad de oro, sin la vigilancia de tia Maggie o de una canguro, podìan llevar a cabo sin sobresaltos, lo que guardaban celosamente como un secreto de ambos.
-¡Vamos allà!-dijo Agatha con los ojos brillantes por la emociòn.
Diò la suave luz, procedente de un plafòn tàctil que estaba pegado a una de las paredes del armario. Se sentaron en el suelo con las piernas flexionadas. Colocaron el libro en medio entre los dos y lo abrieron justo por el medio. Estaba en blanco, excepto por el nùmero 18 que señalaba la pàgina de la izquierda; la de la derecha marcaba un 68. Esta ùltima tenìa un agujero redondo.
Edgar encajò el objeto en èl,(tenìa los mismos sìmbolos de la cubierta del libro)mirando hacia abajo. Se oyò un clic. A continuaciòn, surgieron puntitos negros, como semillitas movidas por una brisa, puesto que se pusieron a corretear de un lado para otro en las pàginas abiertas.
Entonces los hermanos dijeron con voz grave al unìsono:

"Tintero de plata
pastillero de nàcar
tetera de cristal
regadera de hojalata..."

De sùbito, la luz se desvaneciò, la puerta se sellò con un chasquido y las paredes comenzaron a girar como un carrusel. Primero despacio, luego màs ràpido. Agatha y Edgar cerraron los ojos. Tras unos interminables segundos de vèrtigo, se parò de golpe, todo se estabilizò de nuevo. Pero el armario habìa sufrido una transformaciòn. Donde antes estaban los abrigos colgados de las perchas y los organizadores de zapatos, ahora les rodeaban infinidad de estanterias adornadas con volantes y repletas de botes de comida, tarros de mermeladas, especias...se habìa convertido en una coqueta despensa empapelada con dibujos de frutas.
-¡Ajajà!-un hombre alto, de cabellos grises, cejas pobladìsimas y unos dulces ojos azules, les abriò la puerta de golpe-¡por fin apareceis!.
Vestìa pantalòn marròn a juego con el chaleco, del que colgaba un reloj de bolsillo. Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los codos.
-¿Què hay?-saludò Edgar, recogiendo el libro del suelo.
-¿Còmo està usted señor Goodman?-le preguntò Agatha.
-Pasad, pasad-les apremiò.
Salieron directamente a una cocina tìpica de la època victoriana, con su

 

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Escrito por natalia marlò (Desconectado Offline), el 28 de julio de 2008
 1 voto · Leído 69 veces · Sin comentarios · Sin pasajes debajo
alacena repleta de porcelana blanca y azul, infinidad de tazitas de tè colgadas de ganchos...una vieja cocina de hierro con un compartimento para la madera, ocupaba una de las paredes. Sobre ella compartìan espacio varias ollas apretujadas. ... Leer mas


 
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