pasaje 2º
Escrito por natalia marlò (Desconectado Offline), el 28 de julio de 2008
alacena repleta de porcelana blanca y azul, infinidad de tazitas de tè colgadas de ganchos...una vieja cocina de hierro con un compartimento para la madera, ocupaba una de las paredes. Sobre ella compartìan espacio varias ollas apretujadas. En otra de las paredes, una gran variedad de cazos de cobre, expuestos como si fuesen cuadros, lanzaban destellos cobrizos. Justo en medio de la estancia, colocada estrategicamente delante de una gran chimenea, habìa una robusta mesa de roble rodeada de varias sillas.
Sentadas allì, precisamente, estaban dos mujeres de mediana edad que miraron a los Mortimer con alivio.
Una de ellas era corpulenta de amable rostro, pelo rizado azabache y vivaces ojillos negros. La otra, huesuda con un estirado moño grisàceo y unas lentes que le caìan sobre la nariz afilada, parecia no haber sonreido en su vida. Ambas, lucìan discretos vestidos largos hasta los pies, que concordaban con el ambiente victoriano.
-¡Ah, queridos!-la oronda señora casi los estrangula entre sus maternales brazos-¡què alegria que esteis aquì!.
-¡Nosotros tambien nos alegramos...señora Goodman!-dijo medio ahogada Agatha.
-¡Oh, niños!-dijo la huesuda sin levantarse-menos mal...sentaos.
Le temblaban las manos levemente.
Al ver los rostros de preocupaciòn, Edgar, impaciente soltò:
-Parece que haya muerto alguien.¿Hay alguna novedad...
-¡Es espantoso!-le interrumpiò la señora Goodman-¡horrible!.
Sus vivaces ojillos negros refulgieron como diamantes. Se notaba a la legua que estaba deseosa de soltar la lengua. Su marido le hizo una indicaciòn con la mano para que guardase silencio, pues era la tìpica parlanchina, incapaz de cerrar el pico una vez comenzaba a descargar por la boca.
-Querida, serà mejor que yo les explique lo ocurrido-dijo con suavidad.
La señorita Evans, la huesuda con cara de pocos amigos, asintiò.
Agatha y Edgar se miraron asombrados.
-No le habrà pasado nada al señor...-Agatha echò una ojeada alrededor-Hamilton.
-¡No, no, tranquila!-afirmò el señor Goodman-està fuera, voy a buscarlo-se encaminò hacia la puerta que daba al jardin-esperad un segundo.
-¡Dònde sino iba a estar!-estallò la señora Goodman.
Al señor Hamilton, que por cierto no hacia buenas migas con la hospedera, le apasionaba la jardineria. Se podìa pasar las horas muertas allì, plantando, podando, regando...era su mayor aficiòn.
Mientras, la señora Goodman les ofreciò tè; ellos rehùsaron la invitaciòn.
-Que harìa yo sin èl-comentò, poniendo a calentar agua-es mi vitamina diaria.
"Cualquier dìa le saldrà por las orejas", pensò Edgar con malicia.
Por todos era conocido el desmedido gusto por el tè de la hospedera. Toda la casa estaba invadida por teteras de todos los tamaños y colores, incluso entre los libros de su marido campaban a sus anchas. Cualquier vitrina, estante, mueble o chimenea era un improvisado expositor para su colecciòn.
-¿Os podèis creer que con los problemas que tenemos estè ese chiflado ahi,-dijo de pronto la señora Goodman señalando con la cabeza la puerta del jardìn-como si tal cosa?!!
-¡Es el colmo!-le respaldò la señorita Evans.
-¿Pero què es lo que ha pasado?-preguntò muerta de curiosidad Agatha.
Justo en ese momento hicieron acto de presencia en la cocina, el señor Goodman y el viejo Hamilton.
Era un tipo ya mayor, casi anciano, pero con una vitalidad y un humor joviales. Caminaba
algo encorvado. Sus ojos marrones siempre sonreìan.
-¡Què alegria granujas!-se despojò de los guantes-¡pensè que os habìais olvidado de nosotros!-les diò un buen apretòn de manos.
-No que va-Agatha le diò un beso, le caìa especialmente bien el jardinero-los "dragones" nos vigilan...ya sabe.
Edgar le riò el comentario.
-¡Què mania màs poco educada de llamar asì a vuestros padres!-le regañò la señorita Evans.
Haciendo caso omiso, Edgar quiso entrar en el meollo de la cuestiòn.
-Ahora que estamos todos, ¿nos puede decir alguien què ocurre aquì?.
-¡Bah, paparruchas!-le quitò importancia Hamilton, moviendo una mano como si espantase una mosca.
-¡Paparruchas dice!-repitiò de mal talante la señora Goodman-¡còmo puede estar tan tranquilo! ¿eh?.
-Cualquiera diria que es el fin del mundo...
-¡¡Ah claro!!¡ahora me dirà que no es un problema gordo el que tenemos!-la señora Goodman puso los brazos en jarras. Aquello presagiaba tormenta.
-Mujer...gordo lo que se dice gordo...-el señor Hamilton sonriò retàndola-hay cosas mucho màs gordas.
-¡Què desfachatez!-dijo muy enfadada dàndose por aludida-¡no vas a decir nada Jim!-volviò la cabeza hacia su marido.
El señor Goodman intentò apaciguar los ànimos sin mucho èxito.
-¡Demonio de viejo!.
-¡Charlatana de feria!.
Edgar y Agatha ya estaban acostumbrados a este tipo de escenas entre los dos, incluso solìan reirse, pero ahora se morìan por saber que era eso tan grave que no terminaban de contarles.
Cuando iban a protestar, la señorita Evans(hasta ese momento habia permanecido impasible) gritò histèrica:
-¡Càllense por favor!-diò un golpe de autoridad en la mesa-¡tengo un espantoso dolor de cabeza!.
Los contendientes la miraron como si hubiera aparecido de repente.
-¡Què verguenza!-añadiò, colocàndose mejor las gafas-se comportan peor que los crìos...
Sacò de un bolsillo de la falda una cajita, de la que extrajo una pastilla que depositò en la lengua. Las tomaba a menudo, como si fueran caramelos. Aunque su ùnico problema de salud era ser hipocondrìaca. Por lo menos eso era lo que aseguraba el señor Mcmaster, el mèdico del pueblo màs cercano.
-Señor Goodman proceda-le apremiò-y el resto ¡sièntense!.
Todos acataron la orden en silencio, pero la señora Goodman aùn echaba fuego por los ojos. El jardinero sonreìa para sus adentros. Como disfrutaba sacando de sus casillas a la hospedera.
-Venga cuèntenos-dijo Agatha mirando fijamente al dueño de la hospederia-o le juro que me da un ataque.
Oyeron un fuerte estrèpito en el piso superior.

 

Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.

 
Volver al
Pasaje 1º
Escribe tú el
próximo pasaje

 
Comentarios
Nadie dejó comentarios en este pasaje.
Escribe el tuyo
Te gustaría comentar aquí
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios
Obtén tu cuenta gratis | Ingresa
Leído 68 veces
Privacidad: Pública
Rating
Puntaje: 8,0 (1 voto)
Ideas
Personajes
Argumento
Comparte esta historia
LINK:
Para enviar por mensajería instantánea o e-mail.
HTML:
Para pegar en tu blog, foro o espacio web.
 
Tu cuenta
Ingreso
Obtén tu cuenta gratis
 
 
 
Mensaje


Exito


Error


Aviso