Pasaje 1º
Escrito por modestoh (Desconectado Offline), el 29 de julio de 2008

El recibir alientos de vida que llegan como un soplido de mar en calma o con algún vigilante alado acechando en el escondite del pasado cuando fui detectado con el mismo color de una tarde diferente; es un compromiso muy fuerte con la nada, a veces somos tocados por ella como la ocasión en que la ninfa me habló desde el rincón de un espacio al aire libre en medio de pleno modernismo, con una franquicia de café y otra de helados, en que habitan los misterios a la vista de todos sin poder ser descubiertos. Vino de otro mundo acechando el instante justo en que dirigía mi mirada hacia ella para recibir su mensaje... ¡Que loco dirás! y digo yo, pero lo sentí después de haberme llevado entre mi ropa vespertina, parte de un relato que se quebraba entre la plática de otros mundos y diferentes realidades, conviviendo en este arco iris de intuiciones.

Me dijo que había nacido el idilio del otro, reflejado en la parte recóndita de una noche esperando la tormenta en el rincón perdido de la historia; que la abstracción de la nada es un pleonasmo y el preguntar por qué sucede el rompimiento del vacío es explicar la razón de un eufonía que se prolonga hasta tornarse en un corrimiento de colores hacia el rojo, es la estratagema del intento, el desplazamiento de la bruja por la parte transparente de la luna hacia el lado oscuro de un rey ya casi muerto y sin embargo impenetrable por el canto profundo del silencio.

La libélula agazapada entre los secretos que yo no me platico y los pensamientos colgados al llavero, también me platicó una historia en cuestión de ráfagas. En un abrir y cerrar de ojos me inundó de palabras que se mimetizaron con los colores de mi ropa (sabía que esos colores que escogí a propósito, para ir a leer a solas un poema, al centro de una caja de cristal que da a la calle, iban, en cualquier momento, a rescatar su porción de magia y coincidencias), mentiría si comentara que fue como la lluvia lo que sentí en ese parpadeo, “pero la brisa de verano, las mesas acomodadas para recibir la tarde, niños hermosos y un duende enojado que interrumpió mi plática, el café cargado con una espuma de leche rebosante, la torta de elote recién salida del horno acompañando a una bola de vainilla, la reflexión sobre otra imagen de niños tristes, descubiertos y descalzos, al mostrarla en la mañana a mi princesa y explicarle por qué un privilegio se transforma en compromiso para otros cuando se es un ser de luz (bien comido, bien dormido, bien amado, rodeado de bienes que a la gran mayoría se les niega) y como tal tiene que desbordar lo que acumuló en el alma,” se conjuraron para que el mundo se detuviera en ese instante.

las palabras que me regaló la iguana y no pude conservar, eran las mismas, lo sentí al percatarme que, como una película en cámara rápida, las imágenes se sucedían en cascada y la gruta las tragaba y después las encerraba y luego las amasaba en una paleta que los pintores utilizan para combinar el aceite y los colores, después las embarraba en la piel (la mía) y en otras ocasiones al final del rito, casi para llegar al traductor que las convierte en sueños y terminar el cuadro, alguien interrumpía y como un soplido o en otro abrir de ojos, se esfumaba casi todo sin poder visualizar lo que me platicó el intento, y si lo prefieres llamar espíritu no importa. Yo solo vi una libélula, la tarde era bella, se me hizo raro que ella estuviera en medio de ese tumulto delicioso de niños y señoras, señores, meseros, sirenas de ambulancia pasar, la tarde de sol tranquilo y descansado, en una plaza en que las palmas, por su nombre, hacían eco en el vacío por su ausencia, me fui con esa imagen, con las palabras que se me pegaron a la ropa, dije adiós a unos familiares que llegaron al final.

Manejé con la noche al lado del camino y al otro lado el mar que silencioso hacía el amor con la luna bañándose en sus aguas, y solo cambié de dirección mis pensamientos.

Han pasado doce horas desde entonces y aún no logro descifrar lo que ese extraño ser alado del mundo de los odonatos dijo.

PS ¿Dijo algo? ¿Me lo imaginé en esta locura en que la tarde estaba como para hacer poesía y no un cuento?, no lo se… pero… ¿Si estarás de acuerdo que la noche esperando la tormenta en el rincón perdido de la historia es sinónimo del espejo que refleja la silueta del idilio de la nada y el silencio, cuando no tienen cabida los cuerpos y el alma es ese continente que no tiene coincidencias y un río de pájaros lo recorre en susurros solitarios?
- FIN -

 

 
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