La Llanura
Escrito por El Jaro (Desconectado Offline), el 24 de septiembre de 2007
El camino elegido pasaba por muchos recuerdos, pueblos de infancia, Canciones Tristes, amigos que nunca volvería a ver, dicotomías éticas, la tienda del tinto, el bosque donde nunca quise acampar.

Al pensar en el otro camino se me abría en la boca del estomago una duda... bueno no una sino mil, eso debía ser lo que el abuelo llamaba miedo. Significaba alejarme de lo más querido, de mi mismo, de la posibilidad de otro ser, de una vida tranquila, de ti. Ahora que lo pienso, debí dejar la carta ahí, en la bifurcación, por si alguna vez llagas encuentres algo de lo que dejé en el camino.Y no es nostalgia o miedo lo que me lleva a pensar eso, es más bien este desarraigo que he elegido del cual tu podrías tener la posibilidad de decirle no.

Nunca este bosque fue tan fértil y a pesar de la guerra quedó intacto. Aunque eso sería algo impreciso, la guerra termina tocándolo todo y dejando secuelas a su paso. Al bosque en realidad era muy poco lo que le había pasado, pero su nueva fertilidad se debía al humus generado por los cadáveres en descomposición. Y la guerra me había obligado también a escoger este nuevo rumbo a regresar a caminar hacia atrás: a recordar. La memoria antes me fallaba a propósito, olvidaba azarosamente pasajes completos de mi vida, borraba personas, hechos, facciones. Ahora me toca recordar si quiero llegar a donde me toca, si quiero salvarme y salvar a otros.

Preguntarás cómo sé que vienes tras de mi, pisando mis pisadas y olfateando el cigarrillo que llevo entre la boca. La respuesta es simple: nuestras opciones son limitadas. Y aunque para muchos seremos enemigos, la historia (no la Historia, la que va con mayúscula y es narrada en libros aburridísimos o alterada por las redes de computadores, no. Me refiero a esa pequeña historia que construimos cotidianamente de mil maneras) nos muestra que esa manera de ver la relación sería algo demasiado simplista.Pero intuyo vagamente que si hubiera dejando migas de pan por el camino para marcar el regreso hubiera sido una ación completamente inútil, ni siquiera tu las habrías visto.

Por fin el último árbol, al que bautizamos muchos años atrás Junil, que en la lengua nativa significa precisamente eso: el último. Pero no lo abrazo ni lo trepo, simplemente muevo un poco la cabeza hacia arriba para saludarlo, como muchas veces hicimos con conocidos a los que veíamos pero con los cuales no queríamos hablar. Después de esto por fin un lugar más sosegado para mi alma: La Llanura

 

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