EL ANUNCIO
Escrito por angelcliment (Desconectado Offline), el 27 de agosto de 2007
EL ANUNCIO
Sólo hacía unas horas que le habían dado de alta en el sanatorio, había pasado las pruebas, aunque en algún test la puntuación había ido justa, los doctores no creían que existiera ninguna razón para que no hiciese una vida normal.
Cuando se vio en la calle lo primero que hizo fue buscar una pensión. Ya empezaría mañana a buscar trabajo. A través de la dueña de la pensión se había enterado de que en un restaurante que estaba un par de manzanas más abajo, necesitaban una persona de entre treinta y cuarenta años. Él sabía que no era lo que buscaba..., pero de momento lo importante era encontrar algo.
Por su apariencia nadie sería capaz de descubrir que por culpa de su manía persecutoria a una famosa artista había estado internado dieciocho meses en un psiquiátrico. Empezó escribiéndole cartas, luego pasó a las llamadas telefónicas y por último a seguirla por todas partes. En un principio era admiración, que pasó a convertirse en fijación para acabar en posesión... Había llegado a tal punto su fanatismo por ella que la seguía a todas partes, al final después de varios altercados y detenciones por acoso acabó recluido en un manicomio.
Desde que le dieron el alta todo parecía ir perfecto, además hacía meses que no había vuelto a pensar en ella, en lo único que quería era empezar una nueva vida. Pero el maldito vicio del tabaco, le hizo entrar al lavabo para fumarse un cigarrillo.
“En La pensión no se puede fumar”, era una de las normas que la patrona impuso cuando le alquiló la habitación, así que pensó que si se metía en aquel pequeño cuarto y abría la ventana para que saliera el humo, no olería a tabaco y nadie le descubriría. Fue al abrir la ventana cuando la vio, allí fuera estaba ella, su amada y admirada estrella. ¡Y le estaba llamando!. ¡Ven, ven, ven!. Una y otra vez repetía los mismos gestos; primero se quitaba el vestido y se quedaba en bragas y sujetador.
—Qué hacía, qué se había creído, ella era suya, como se atrevía a desnudarse delante de todo el mundo..., él no lo podía permitir.
A continuación y flexionando el dedo índice ella le llamaba, le pedía que se fuese con ella. Era después de ese gesto cuando ella desaparecía y salían unas letras de color rojo donde se podía leer: ¡Por fin lo mejor para tus prendas más intimas!
—Pero no, no iba a volver otra vez al sanatorio por culpa de ella, no la iba ha hacer caso. Qué se creía aquella devora hombres, que iba a estropearle la vida.
Se sentó en el inodoro y continuo fumando, mientras lo hacía en el espejo se reflejaban los rayos de las luces de colores. Aquellos rayos reflejados en el cristal se le metían en su cabeza y le provocaban un dolor insoportable. Volvió a levantarse y a mirar por el estrecho agujero. Allí estaba ella de nuevo, lo volvía a llamar.
—Ven, ven, aquí estoy, soy tuya. ¿Ya no me quieres? Anda ven conmigo y seré solo para ti.
—Si, si te quiero mi amor, ya voy, pero prométeme que no te desnudaras para nadie más.
—Te lo prometo. Mi cielo, pero ven.
Sin preocuparle el olor a tabaco, salió del cuartucho y se asomó a la ventana de la habitación para poder verla mejor y acercarse a ella. Nada, sólo encontró oscuridad. Ella no estaba. Había desaparecido. Con rabia tiró el resto del cigarro a la calle y volvió al lavabo, abrió el respiradero y vio con alegría que ella continuaba allí, y de nuevo volvía a llamarle, volvía a quedarse en prendas íntimas y volvía ha hacerle insinuaciones para que se acercara. Pensó que lo mejor era salir a la calle, estaba seguro de que allí la encontraría, de que ella estaría esperándole. No le preocupaba el tener que romper otra de las normas de la pensión: “Queda terminantemente prohibido entrar o salir de la pensión después de las once de la noche”.
Pasaban de las doce, tenía que salir sin hacer ruido, pues si aquella marimacho que tenía por patrona se despertaba y le descubría seguramente le echaría a la calle. Tuvo suerte, salió sin que nadie se diera cuenta. Una vez en la calle miró a derecha e izquierda, arriba y abajo. Nadie, no había nadie, estaba solo, no veía a su idolatrada rubia por ninguna parte. Encendió un pitillo y apoyado en la pared empezó a fumar mientras pensaba. ¡Esta vez es ella la que me ha llamado!. ¿Porqué lo hace, si después no me hace caso?. ¿Qué es lo que quiere? ¿Acaso, quiere jugar conmigo?
Al ver que su amada artista no aparecía decidió subir de nuevo. Con el mismo sigilo que salió, entró. Una vez en la habitación, se tumbó en la cama mientras continuaba pensando en la chica y encendió un nuevo cigarrillo. ¡A la mierda con la patrona! pensó. ¡Si se entera, que se entere! Como en la habitación no había cenicero, volvió a entrar al cuarto de baño para tirar en el váter la colilla y la ceniza que había recogido en una mano. No le hizo falta encender la luz, por la ventana del respiradero, que había quedado abierta, entraba una luz amarilla, que después de unos segundos cambiaba a roja para luego apagarse durante unos breves instantes y volver a empezar el ciclo de nuevo.
Se asomó a la ventana para ver de donde procedía y volvió a ver a aquella mujer que no cesaba en su insistencia de llamarle. Desesperado intentó ir hacía ella a través de la ventana, después de intentarlo un par de veces desistió..., por allí no podía hacerlo, sólo le cabía la cabeza. Bajó la tapa del retrete y se sentó, sacó el paquete de tabaco y encendió otro pitillo, fumar era lo único que le calmaba los nervios, lo tenía más que comprobado.
—Desde la ventana de la habitación no puedo verla. Desde la puerta de la calle tampoco. Parece ser que del único sitio es desde este ventanuco. Pero... por ese agujero tan pequeño, me es imposible salir. ¿Qué puedo hacer para poder estar con ella? ¡Tiene que haber alguna solución!
Mientras pensaba intentaba hacer círculos con el humo, y fue en uno de esos intentos que, mirando al techo del cuarto creyó encontrar la solución. ¡Ya, esta,! ¡El terrado!. ¡Eso es, el terrado!. Se levantó y con el mismo sigilo que utilizo para salir a la calle subió a la azotea. No le costó nada el abril la puerta de acceso a la terraza, era de madera, vieja, y muy estropeada por el tiempo, ni siquiera tenía llave, solo había un pequeño cerrojo que abrió sin ninguna dificultad. Nada más abrir ya vio los reflejos de aquella luz que despedía su amada. ¡Sí!..., ¡lo sabía!... ¡Ahora podré estar a tú lado...! Pensó mientras su corazón se aceleraba.
Poco a poco, caminando como un sonámbulo, se dirigió hasta el lugar del que provenían los destellos. Llegaba al final de la azotea, cuando la rubia con el brazo extendido, la mano cerrada, y el dedo índice doblándose y estirándose le llamaba. ¡Ven..., ven..., ven!... Él, obediente, no se detuvo, haciendo caso a la insistente llamada continuo su marcha diciendo: ¡Ya voy cariño..., ya voy!...
Mientras el cuerpo caía al vació la artista desapareció para dar paso al eslogan del anuncio: Por fin lo mejor...
- FIN -

 

 
Ir a la página principal
de esta historia

 
Comentarios
CRISVI dijo:
Excelente historia, un saludo.
Escrito: 10 meses atrás
lolo54 dijo:
Me encanto tu relato, un abrazo.
Escrito: 10 meses atrás
Isabel60 dijo:
Uffffffffff, muy buena la historia. Sí buenísima. Las obsesiones son muy malas y hacen que nuestra cabeza enferme.

Excelente historia.
saludos
Escrito: 9 meses atrás
zoquete dijo:
¡Muy interesante! ¿Ya fin? ¿No podrías estirarlo un poquito más? Precisamente es una historia que se presta mucho a fragmentarla para enriquecerla con más y más detalles... ¡felicitaciones!
Escrito: 9 meses atrás
Mariana dijo:
Guau!! cuanta pasión pusiste en esta historia, muy buena!
Escrito: 9 meses atrás
muchas graciaspor perder un poco de tiempo en leer mi cuento, me complace que te haya gustado.
Lo unico que pido es que si conoceis a más amigos se lo recomendeis para saber sus opiniones, pues me gustaria recopilar los que tengo y hacer un libro de relatos
Escrito: 9 meses atrás
Muchas cgracias zoquete, si, ya se que es un cuento breve que da para más, incluso para hacer un cuento largo, pero eso puede ser más adelante, ahora los escribo y los doy a conocer para recoger opiniones, agradeceria se lo hicieras saber a tus amigos para ver que dicen de él
Escrito: 9 meses atrás
Muchas gracias Mariana, me alegro que hayas sentido la pasión que quise poner en él cuento.
Ayer escribi otro, agradeceria que te lo leyeras y me dieras tu opinion
Escrito: 9 meses atrás
Te gustaría comentar aquí
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios
Obtén tu cuenta gratis | Ingresa
Leído 143 veces
Privacidad: Pública
Rating
Puntaje: 9,4 (17 votos)
Ideas
Personajes
Argumento
Comparte esta historia
LINK:
Para enviar por mensajería instantánea o e-mail.
HTML:
Para pegar en tu blog, foro o espacio web.
 
Tu cuenta
Ingreso
Obtén tu cuenta gratis
 
 
 
Mensaje


Exito


Error


Aviso