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    	<title><![CDATA[Cuentos populares en Literativa]]></title>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Caperucita roja o el crimen perfecto]]></title>
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		<name><![CDATA[Premio Nobel]]></name>
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    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/136/pasajes/258/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/c4/9e/6a/c49e6aa974cdc5f2090c285870dc0371a290eef2/mini_80_188_1191426770960480.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/188/">Premio Nobel</a> el 03 de octubre de 2007 · Leído <strong>320</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">(En la foto, una de las últimas imágenes de Caperucita, a la salida de una discoteca de Hamburgo)

La tradición nos ha legado la absurda idea de que el lobo, compañero habitual en la partidas de cinquillo de la abuelita, fue su asesino. ¡Nada más absurdo! Nadie sabe que las relaciones entre Caperucita y su abuela habían llegado tal extremo de tensión que terminaron en abuelicidio.
Esta es la verdadera historia según un herrero de Maguncia, descendiente del abogado defensor del pobre lobo feroz, que por consideración a la inocencia de los niños, se la había callado. Pero como los niños ahora, con todo esa violencia del Nintendo, ya no tienen inocencia, la ha develado a un canal local de televisión de la Baja Renania.
-Caperucita y su abuelita se llevaban fatal -dijo el herrero a la tele local-. La abuela amenazó a la niña con dejarle al lobo la casa y la finca colindante, más de 10.000 ha de castañares de buena calidad, porque era el único que la hacía compañía, que hasta dejaba que hiciera trampas a las cartas sin rechistar, y eso que las prendas por perder eran abusivas y hasta obscenas.
- Entonces -le preguntó el entrevistador-, fue Caperucita quien...
- ¡Si señor, que se sepa de una vez! Después de empollarse decenas de cuentos en que los lobos se comían a las abuelas, urdió un plan perfecto para deshacerse de la suya. Sabía que el lobo acudía a eso de las cinco de la tarde a la partida de cartas con la abuela. Ella se adelantó, hizo el trabajo sucio y dejó una nota en la puerta: «Querido lobo, estoy de ejercicios espirituales y no volveré hasta las 7. Pasa y siéntete como en tu casa. En la nevera hay una gallina guisada. Tú mismo». El lobo esperó y esperó (inútilmente por la razón expuesta), se comió la gallina y le entró modorra, así es que se recostó sobre la mullida cama y se quedó dormido. Entonces Caperucita, haciéndose la tonta, se hizo la encontradiza con el guarda de bosques local y le dijo: «Para mi que hay un lobo roncando en casa de la abuelita. Mira tú si se hubiera comido a la abuelita», y parpadeó varias veces, juntando las manos y mirándose el talón derecho. El resto del cuento ya lo conocemos. Mi antecesor cursó Derecho en una Universidad subvencionada, por eso perdió el caso. ¡Pero fue Caperucita! 
Moraleja: «No todo lo rojo es comunista»</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/136/pasajes/258/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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	<pubDate>mié, 03 oct 2007 12:52:50 GMT</pubDate>
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