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    	<title>Un hermoso sueño en Literativa</title>
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Espero haceros soñar también.</description>
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	<title>Pasaje 1º</title>
	<author>
		<name>Pedro</name>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/272/&quot;&gt;Pedro&lt;/a&gt; el 01 de febrero de 2008 &amp;middot; Rating: &lt;strong&gt;8&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;con &lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt; votos &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;75&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;Abro los ojos; de nuevo es el alborotador piar de los gorriones en la ventana el que me extrae del mundo de los sueños para devolverme al de las ilusiones. Al tiempo que me desperezo, pienso en lo alegres que se muestran todos estos pajarillos cada mañana, a juzgar por la algarabía con que me despiertan al amanecer; es como si todos los días celebrasen el nacimiento del sol por primera vez. O por última, quién sabe; quizás ellos lo sientan así y crean que hay motivos bien fundados para recibir cada día como si fuera uno especial; un día más de vida en este maravilloso y mágico lugar del Universo que nos ofrece gratuitamente todo cuanto necesitamos para ser dichosos. Concluyo diciéndome que igual hasta tienen razón.
Salgo al exterior. Una mañana preciosa; la ardiente esfera del sol ya empieza a emerger de las profundidades del basto océano que se abre ante mis ojos, allá por la difusa línea del horizonte, dándole a las pacíficas nubes ese extraño aspecto de brazas incandescentes que tanta curiosidad me suscitan cuando las observo.
Estiro un poco mis entumecidos músculos admirando la grandeza del paisaje con que el mundo me da la bienvenida, después de haberme refrescado en las tranquilas aguas del riachuelo junto al que habito. La frialdad del agua tensa mis músculos y me templa los nervios, aclara la mente y serena el espíritu. Ya estoy listo para afrontar un nuevo e impredecible día.
El ejercicio me ha abierto el apetito. Salgo al campo a ver lo que me ofrece hoy. En esta época del año se dan una uvas grandes como huevos de codorniz y tan dulces que más bien parecen néctar de los dioses; también encuentro algunas naranjas ya maduras que me tientan con un exuberante aspecto de estar bien repletas de jugoso zumo; después de tantos meses sin probarlas, me rindo ante el estimulante señuelo y cojo un par de ellas.
Tras un desayuno tan nutritivo, lo mejor es dar un buen paseo por el interior del bosque, antes de que la temperatura aumente y ahuyente la refrescante humedad de la noche. Me encanta este intenso olor a tierra mojada con que el rocío impregna el aire que respiro conforme van transcurriendo mis pasos entre la frondosidad de estos árboles. Pinos, robles, hallas, castaños, multitud de diferentes variedades de helechos, todos en su máximo esplendor y en perfecta armonía, conforman un espectáculo de lo más colorido y agradable a todos los sentidos. El alegre canto del ruiseñor, el incesante corretear de las laboriosas ardillas entre las ramas, el ulular de la suave brisa penetrando por cada resquicio de cada árbol, el persistente repiqueteo del pájaro carpintero desde lo más profundo del bosque, un ligero movimiento del algún avisado cervatillo oculto en la espesura, el hipnotizador murmullo del agua saltando sobre las piedras en la ribera del río...; mientras camino, abro al máximo mi instinto primitivo para captar y percibir en toda su pureza el más nimio detalle que la Naturaleza pone al alcance de mis sentidos. Al mismo tiempo, cierro mi mente a todos los pensamientos tóxicos y contaminados que puedan aparecer sin avisar previamente. No permito que nada enturbie esta correspondida relación de amor y respeto existente entre el bosque y yo.
De regreso, me cruzo con algunos vecinos a los que saludo amigablemente; nos tratamos poco, pero sé con seguridad que puedo contar con ellos cuando lo necesite. Por supuesto, también ellos saben que aquí estaré yo siempre que lo precisen. La presencia cercana de congéneres me da seguridad y confianza, sobretodo si no se inmiscuyen en mi intimidad ni intentan apoderarse sin necesidad de mi preciado tiempo.
De nuevo en la serenidad del hogar. Mi amigo el sol se encuentra ya en todo lo alto y calienta que da gusto. Va siendo hora de que me gane el sustento, así que agarro mi primitiva caña de pescar fabricada con madera de fresno y me dirijo al lugar acostumbrado; una gran piedra situada bajo la refrescante sombra de un centenario roble que crece a orillas del río, es el mejor lugar para hacer buenas capturas. De nuevo estas próvidas aguas vuelven a ser generosas conmigo y recompensan mi paciencia con un par de hermosas truchas, suficientes para un buen almuerzo. De regreso a casa me hago también con algunas granadas maduras que me encuentro por el camino. Hoy la comida será de lujo. No puedo olvidar tampoco recoger algo de forraje seco para encender la lumbre con la que cocinar el sabroso pescado.
No hay nada como un merecido descanso para digerir los alimentos ingeridos. La paja seca que cubre el tejado del chozo proporciona una frescura a la estancia que me permite conciliar un breve y reconfortante sueño.
El reparador reposo me ayuda a afrontar lo que resta de día con una mayor vitalidad y un vigor a prueba de bombas. La tarde se presenta cálida y serena, así que me dirijo hacia la cercana playa con paso resuelto y el ánimo desbordado. De camino me aprovisiono de la fruta fresca que me van ofreciendo gratuitamente los árboles que ante mí se presentan; la tarde será larga, y un tentempié nunca viene mal; además, la experiencia me dice que el agua de mar y el contacto de la fina arena bajo mis pies desnudos, forman una combinación perfecta para abrir el estómago a cualquier alimento que se le eche. Cargo también con los utensilios necesarios para fabricar algunos dardos con los que cazar conejos y pequeños venados; me van quedando pocos y, además, me servirá de distracción en esta apacible tarde.
Tumbado sobre la arena, con la piel aún húmeda y cubierta del saludable salitre, reflexiono profundamente contemplando el ancho y despejado cielo, mientras nuestra estrella amiga va tomando su camino de vuelta a casa, perdiendo intensidad y ardor conforme se acerca a las escarpadas cumbres que se levantan al otro lado del mundo, y tras las cuales terminará desapareciendo, cediendo su lugar por unas horas a su hermana menor, la luna. Pero antes de que eso ocurra aún tengo tiempo para pensar en lo afortunado que soy al pertenecer a una tierra que nunca me desampara y que me acoge en su seno desinteresadamente, a cambio sólo de un mínimo respeto y una juiciosa sumisión. Un precio insignificante frente al incomparable regalo de la vida.
Vuelvo a casa justo para presenciar de nuevo el inconmensurable espectáculo del cielo encendido en llamas sobre las altas montañas que se elevan en los confines de la tierra conocida. Por más que se reitere un día tras otro, nunca dejará de fascinarme.
Ceno algo ligero, que no me perturbe el necesario descanso nocturno, a la vez que contemplo la inmensidad del firmamento estrellado. Poco después, me meto en la cama con la mente tranquila y en calma, y el espíritu reposado y feliz dispuesto a sumergirme en un profundo y agradable letargo...
¡DESPIERTA, DESPIERTA! Sólo era un hermoso sueño.&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/249/pasajes/412/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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	<pubDate>vie, 01 feb 2008 08:11:26 GMT</pubDate>
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	<title>Pasaje 2º: Vida surrealista</title>
	<author>
		<name>Javier valladolid</name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/274/</uri>
	</author>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/274/&quot;&gt;Javier valladolid&lt;/a&gt; el 04 de febrero de 2008 &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;71&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;-¿Que hora es?

-Las diez. Hay que irse. 

Un día más la luz cerraba un infinito que era descanso de su vida surrealista. Siempre vagando y apenada por su vida de ocupa sin techo en donde cobijarse ni dinero salvo el de pequeños robos en casas abandonadas por vacaciones. Invisibles a cualquier presencia vecinal se veían amarrados a esa vida de fortuna en que su hermanito pequeño la llamaba todas las mañanas a las diez y cada noche encontraba una casa vacía donde estaba la puerta abierta por pura fortuna.  

Mucho hacía ya que toda su familia murió a excepción de ella y su hermanito en un  incendio. Quien adquirió milagrosamente esa habilidad tras pasar misteriosamente entre la muerte y volver a contarlo. 

La eternidad y el fin se ceñían a su vida a cada momento.&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/249/pasajes/434/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
    &lt;/td&gt;
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	<pubDate>lun, 04 feb 2008 13:15:03 GMT</pubDate>
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	<title>Pasaje 3º: El eterno infinito se rompe efímeramente</title>
	<author>
		<name>Javier valladolid</name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/274/</uri>
	</author>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/274/&quot;&gt;Javier valladolid&lt;/a&gt; el 13 de marzo de 2008 &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;47&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;Aquella joven vivía sin esperar cambio alguno en su vida. Se sentía sumamente sola pues no podía compartir su situación con nadie más que con su hermanito. ¿Quién la habría creído? ¿Y de saberlo alguien solo les habrían hecho más daño del que pasaron? 

Pasaban bastante desapercibidos entre la gente que apenas intercambiaban unas palabras con ella. Ella y su hermano eran personas muy extrovertidas y sociables pero un velo invisible se ciñó sobre su presencia tras el incidente. Comenzaron a tener una apariencia arisca de cara a los prejuicios de la gente pero ellos, aun resistiéndose a que la gente les viera de esa manera, acabaron por ser poco comunicativos.

La calle estaba plagada de gente que la miraba a menudo pero su vista pasaba a través de ellos y el olvido regresaba a su memoria segundos después de percibirlos. Ellos se sentían observados pero no sabían que decir ni como comunicarse con el mundo. Su hermanillo contemplaba el día soleado con un pequeño alo de esperanza turbado por esa interminable marcha sin sentido. 

Ella por su parte se sentía amarrada a ese viaje en que el resto del mundo no importaba, pues necesitaba algo más que vagos ratos de interés en su vida y vivencias que le proporcionarán algún sentido a su otra vida. ¡Vivir para soñar! ¿Era acaso eso una vida? Ahí estaba su conflicto pero tampoco lo hacía solo por eso. Al despertar tenía que cuidar de su hermaniño.

Ciertamente él daba una apariencia de pillo, nada más lejos de la realidad, que generaba el rechazo de algunas personas que trataban de ignorarle cuando se hacía imposible que no le vieran. Esto le desesperaba aunque le costaba mostrarlo. Paradójicamente no era un gran emprendedor y tampoco derrochaba ingenio. Tampoco se sentía muy a gusto con esa vida sin sentido que solo le servía para soñar. ¡Hay que ironía! Aun así no podía abandonarla pues tenía que despertar a su hermanica. 

Los gatos la seguían a todas partes. Era algo a lo que su hermana y él estaban acostumbrados. Ya lo comentó el pequeño al volver de la muerte. Era una de las pocas cosas que dijo y fue de manera críptica con las siguientes palabras: “Los independientes que arañan las alturas te seguirán”. Ese día el fuego no los dejaba respirar y quemó todos sus recuerdos. Ella no sabe como pudieron salir de allí mientras la casa se venía abajo por una razón original (Me refiero al origen del incendio) desconocida. 

En ese momento se acordó que no llevaban paraguas y su hermana veía muchas nubes en el cielo con amenaza de chubascos. Paseaba por la acera y contempló la calle que iba al barrio contiguo; un barrio gris con polución, fabricas y soportales hasta donde se podía ver pero con fantásticos parques interiores, barbacoas y fogatas de neumáticos más a lo lejos entres otras muchas cosas que hacían que la gente no se animara a volver. No quería de momento visitar aquel barrio aunque la curiosidad le acabaría por llevar allí tarde o temprano ya que cuanto más pasaba el tiempo mayor es la curiosidad por conocer los entresijos de aquel lugar una vez se pasaba el miedo inicial. 

Unos metros más adelante había un puestecillo de venta de paraguas regentado por dos amigos invidentes. Él estaba leyendo un libro pero extrañamente no estaba en braille. La joven miró a su hermano con cara de incredulidad y movió los brazos suavemente con gran silencio ante los ojos de aquel hombre. Su amiga dijo:

-No podré ver la cara de incredulidad que has puesto ni el movimiento de mano que has hecho pero noto tus movimientos. 

-¿No eres ciega? 

-Sí pero desde hace tiempo puedo percibir la propiocepción de otras personas cercanas a mí o que mis sentidos enfoquen. Mi amigo hace brillar la piel de sus manos y ve lo que toca por medio de sus células cutáneas como si se le pusiera una linterna pequeña delante de los ojos en la oscuridad. Nos pasó tras un accidente de coche. 

-Tomad el paraguas que por lo que leo en este libro y lo que dice la radio va a llover. Tengo una casucha donde podéis quedaros un par de días. 
 
-Muchas gracias. 

Y así el eterno infinito se rompió efímeramente para bienestar suyo al no recordar lo imposible de manera absoluta.&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/249/pasajes/514/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
    &lt;/td&gt;
  &lt;/tr&gt;
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	<pubDate>jue, 13 mar 2008 14:15:51 GMT</pubDate>
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