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    	<title><![CDATA[Utopia destruida (Sin el final) en Literativa]]></title>
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    	<description><![CDATA[Las vidas de un príncipe egipcio, su amigo escriba y un aprendiz de historiador griego de la época helenística se entrecruzan diacrónicamente a causa de un papiro y el texto historiográfico a través de este que el último creó a modo de puzzle que un lector posterior lee, sin imaginar que el papiro y el documento desaparecerán por el fuego tiempo después. Ese es el punto de partida de una historia quizás más larga.]]></description>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Juicio de Osiris]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Javier valladolid]]></name>
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    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/257/pasajes/465/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/80/e8/55/80e855f8773653a823daf508b17ad05f741f9290/mini_80_274_1202821178457894.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/274/">Javier valladolid</a> el 12 de febrero de 2008 · Leído <strong>228</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Lentamente caminaba entre las dunas. Era de noche pero la claridad, próximo el amanecer, no tardaría en aparecer. Hacía mucho que había esperado ese momento. Era un niño cuando aquello ocurrió y ahora, entrado en años, vería la oportunidad de llevar a cabo su venganza.
 
Mucho tiempo atrás tuvo suerte de sobrevivir aunque el dolor y la venganza le otorgaron eterno tormento. Todo el poder iba a ser suyo, no hubiera tenido que alabar a un dios visible ya que él iba a ser uno de ellos, pero en vez de eso había tenido que ocultarse entre los mercaderes que recorrían el Nilo.

Tras una vida que no tenía que vivir, sin poder llevar a cabo su venganza, las riquezas y su lugar en la historia le habían sido arrebatadas y el sepulcro de su difunto padre profanado impidiendo su viaje afortunado a la otra vida. Solo le quedaba de él una daga con una empuñadura de oro, sus recuerdos y la lealtad de un sirviente ya anciano que le había salvado la vida durante el suceso.

Ahora ya no le importaba desatar la ira de los dioses ni que le esperara ser comido por el cocodrilo sagrado cuando tras su muerte fuera conducido por Anubis a los infiernos donde recibiría un juicio en que su corazón pesaría más que la pluma. Como no podía acabar con su vida física arrebatada en una refriega con los nubios aprovecharía esta nueva oportunidad aunque probablemente no seguiría con vida mucho tiempo después de lograr su objetivo.

Aun recordaba lo que pensaba hacer cuando llegara al poder. Ya no tenía esa opción sin medios para derrocar al hijo de este pero de niño con esa posibilidad en potencia soñaba con ser tan buen gobernante como su padre y hacer lo que él no había hecho. Con el tiempo había descubierto que su padre gobernó con mano de hierro pero tardó aun algún tiempo en dejar de lado en su cabeza esa sociedad ideal que imaginaba:    

En ella el gobernante repartiría la mitad de sus riquezas con el pueblo. La escritura jeroglífica sería impartida a todos los que quisieran aprenderla independientemente de su oficio o rango social. La labor del campesino sería tan importante y digna como la del Emir y las de los oficios entre ambos. El sistema de justicia sería digno del mismo Mut. Los enemigos serían pacificados por medio del dialogo en una serie de tratados. Todos los ciudadanos podrían acceder incluso a los rincones más ocultos del templo. El gobernante como dios tendría el poder supremo así como el deber de honrar a los otros dioses y escuchar a un consejo cuyos miembros serían de todas las clases sociales que expresarían las necesidades del pueblo. La jerarquía sería por necesidad y no por superioridad o inferioridad de unos sobre otros salvo la divinización del gobernante. Y sería una sociedad prospera y libre según unas leyes escritas que respetasen las eternas leyes de justicia de Mut establecidas por el gobernante.

Pensando en esto se aproximó hacía el peristilo del templo y allí se encontró con su amigo Himhotep que era escriba. Le contó a este lo que acabo de contar para que lo guardara para la posteridad. Himhotep se marchó mientras iba amaneciendo.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/257/pasajes/465/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
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	<pubDate>mar, 12 feb 2008 09:59:38 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 2s: EgiptoEgipto]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Javier valladolid]]></name>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/257/pasajes/471/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 2º: EgiptoEgipto</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/274/">Javier valladolid</a> el 12 de febrero de 2008 · Leído <strong>163</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Hacía tiempo que Himhotep permanecía inquieto en el campamento del desierto en territorio nubio. No sabía nada de su amigo y la única noticia de Egipto que le llegó fue de un nubio que, tras ser capturado en el desierto, perdido, sin montura y enfermo por  deshidratación, dijo que Egipto iba a ser atacado por su pueblo.

 Los espejismos y la tortura, no dándole agua mientras no hablara, le hicieron mella para contar ese secreto. No era ninguna novedad pues cuando no los tenían sometidos a su yugo o como aliados comerciales estos eran un pueblo muy belicoso; lo que había supuesto conflicto armados con ellos durante la última parte de la historia de Egipto. Lo que sí preocupó más a Himhotep fue que ese guerrero de un pueblo visto como inferior por cualquier egipcio, menos tal vez por el raro de su amigo el príncipe, comentara la enorme crisis económica de su país.   

Cierto que era solo un rumor pero ante él lo mejor era volver a Egipto a avisar. Pero, por otro lado, su amigo le hizo prometer que no volvería a Egipto sino iba él en persona a llevarle hasta allí. Tampoco había que olvidar que no podía volver por el sencillo hecho que seguramente estaría el nuevo faraón en el poder pues era difícil, por no decir imposible, que aun sobreviviendo a su empresa hubiera logrado apoyos como para derrocar al otro dios. Pese a todo estaba dudando pues una invasión nubia haría aun más daño al pueblo de Egipto aunque no pudieran dominarlo a causa de su inferior poder y unificación cultural. Si ayudaba a evitarla el nuevo dios le perdonaría la vida y le permitiría regresar. Desesperanzado solo le quedaba de su amigo el testimonio de su vida en aquel papiro que guardaba a buen recaudo en una vasija cerrada. 

Apedemak. Dijo el nubio en su lengua que el traductor aseguró que estaba diciendo el nombre del dios Pan-jere-Meki. Entonces sacó un cuchillo oculto, atacó a varios de los presentes y cortando una de las cuerdas de papiro de la tienda tratando de darse a la fuga. Fue detenido a tiempo a espadazo limpio sin tiempo para la agonía. Menos mal, las cosas habrían sido mucho peores si hubiera cogido un arco ya que es bien sabido que un nubio con un arco en las manos es una gran amenaza. 

Poco más sabían con claridad de sus vecinos aunque Himhotep tenía la hipótesis que, aparte de los estereotipos de la mayoría de los egipcios sobre esa cultura, se traba de una cultura tan compleja como la suya. De todas formas no podía verlo debido al nulo contacto objetivo entre ambos. 

Ahora, en un rincón apartado del interior noroeste del territorio conocido por los asirios como Kush,  las preocupaciones por un ataque de los nativos eran más acuciantes que el comprobar esa hipótesis. Sin contar que Asirios, Persas, Griegos y Macedonio también podían intentar atacar Egipto. Más de dos siglos atrás los hititas ya habían desaparecido igual que otros muchos pueblos como por ejemplo los sumerios pero las amenazas al divino poder egipcio seguían vigentes. 

Egipto ya había tenido veinte dinastías como poco, sin contar la vigente, según los cálculos históricos que le dieron a Himhotep y la usurpación fue un duro traspiés para su concepción de la legitimidad dinastica en un futuro que, siendo extraño, sería mejor que lo anterior. Deseaba someterlos a la esclavitud por ello como a los nubios pero nada podía hacer y tampoco habría sido justo.    
    
A todo esto Himhotep permanecía inquieto en territorio nubio junto a un montón de soldados, mercaderes y demás personas asignadas por el príncipe; las cuales no llegaban al centenar. No dejaba de sentirse como el protagonista de la historia de Sinue pero tampoco podía hacer nada más. 

Allí en mitad de la noche quería explorar la zona pero su prudencia se lo desaconsejaba mientras había supersticiones sobre dioses y espíritus malignos que podían hacer mucho daño como pájaros gigantescos rojizos que enrojecen el cielo nocturno, atacando a los caminantes desprevenidos que se alejan de sus campamentos durante la noche. Finalmente se durmió pensando en los bosques del sur a varios días de allí.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/257/pasajes/471/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
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	<pubDate>mar, 12 feb 2008 17:06:58 GMT</pubDate>
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