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    	<title><![CDATA[La primera historia en Literativa]]></title>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Empieza un día]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[julesbravia]]></name>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/298/pasajes/515/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 1º: Empieza un día</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/331/">julesbravia</a> el 13 de marzo de 2008 · Rating: <strong>6</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>59</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">En el reino del confort, un minúsculo mundo a salvo de todo, embozado en mi vieja manta roja y lanuda, el traidor me llamó por mi nombre. De un manotazo sacudí su cabeza que rodó mesilla de noche abajo para toparse con un último ser nocturno, que así tuvo que perecer en retirada,  por no guardar su flanco superior. Lo supuse por lo amortiguado del golpe y el aliento acogotado muy propio de las expiraciones vanas.

Puse mis pies en mis flamantes alpargatas, recien llegadas del super junto a la caja de cereales de colores hirientes. Era extraño, por un momento me pareció oir la ducha en pleno funcionamiento, quizás mi pensamiento se había adelantado a mis pasos, o bien en mi pesado sueño olvidé que ya estaba aseándome.

Con la espalda aún mojada ordené a mi fiel guerrera de los cafetales colombianos que produjera entre estertores y suciedades estimulantes un buen nectar negro de cafeína de olor sensual. El espíritu se apropió de mi tras el primer sorbo,  más bien me pareció regresar a mi cuerpo tras un largo viaje, repleto de incómodas estancias en abarrotados trenes del sur del continente asiático.

Tras el último suspiro de este prólogo, tan solo el largo pasillo apuntalado por habitaciones y ventanales, me recordó la monstruosa soledad que se escondía en cada pequeño detalle de mi casa. ¡Bum!, algo resonó en mi cabeza, cuando todavía no se habían apagado los ecos del placido "clash" de la puerta de la nevera, a la que algún día dejaré descansar de la pila de cajas preciosas que amontono en su parte superior.

Mi diálogo interior subió el volumen, era un bar donde la gente por algún extraño motivo realimenta los tonos de sus conversaciones, reclutándolas y adoctrinándolas en la religión del bullicio arrítmico de las noches perdidas. La palabra estúpido en todas sus formas bailaba claqué entre mis orejas sin rozar la membrana de los tímpanos, con sumo cuidado. ¡Qué olvido más curioso!.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/298/pasajes/515/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
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	<pubDate>jue, 13 mar 2008 14:21:33 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 2s: Primer imprevisto]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[julesbravia]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/331/</uri>
	</author>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/298/pasajes/517/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 2º: Primer imprevisto</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/331/">julesbravia</a> el 13 de marzo de 2008 · Leído <strong>46</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">No bajé la escalera hasta la calle con rapidez, por el contrario me regodeé en aquel requiebro de mi absurdo comparecer en esta vida. Al llegar, me fijé en la mugre que cubría el maletero de mi coche, una suciedad pegajosa por el roce del aire húmedo de aquella época del año. Alguien había escrito unos llamativos símbolos en la superficie metálica y ahora, al final de la noche, se veían claramente. Recordé los círculos en los campos de trigo y también las primitiva imaginería que hace unos años surgió en mi piel en forma de pintorescas grietecillas de color violáceo. Me pregunté si podrían representar las actividades de alguna diosa de la fertilidad castigando su útero para alumbrar una nueva era, o algo así. Me dije que debía tratar primero el otro asunto.

Abrí el maletero sin contemplaciones, creí que era mejor así, para que una bocanada de aire fresco exterminara la crisis que allí mismo se había estado pudriendo desde que aparqué el Viernes a la hora de comer. Aquel, fue un mal día, en el que llegué a casa descompuesto y probé las delicias del vómito reparador justo en el felpudo, ante la mirada esquiva de los transeuntes que aceleraron el paso. Probablemente por eso, ovidé  lo difícil que resultó conseguir los desperdicios que parecían alargar ahora sus manitas mientras repetían ¡no puede ser culpa mía!.

¿Alguien sabe lo que ocurre cuando abandonas una bolsa de plástico con dos kilos de sardinas semifrescas en el maletero de un coche durante dos días con sus cálidas horas de almorzar ante mesas siempre justas, en salones de ventanas abiertas y familias sudorosas después de dar cuenta de ollas de hirvientes sopas?. Había una miriada de ojos enrojecidos por la pena de la inutilidad, bocas exhalando horribles suspiros y aletas entrecruzadas en hermandad.  Con cuidado saqué la bolsa chorreante y me pareció que sus inquilinas empezaban a respirar aliviadas, algunas intercambiaron miradas cómplices. Seguramente pensaron que no me había dado cuenta que una de ellas se había escapado de su prisión y estaba en un rincón oscuro, casi al lado de la lata de aceite. Pero descuiden, después de tirar la bolsa al contendor, volvería a  recoger a su escamosa herman y la pondría cuidadosamente en el asfalto, cerca del bordillo y paralela a él, simulando una estampa de natación sincronizada, para que aquel que la viera, se fuera con un pensamiento polizón, fruto de la alocada idea de que alguien dedicó un segundo de su vida a situar cuidadosamente un pequeño cadaver de pez. 

Ese espectador accidental, probablemente llegaría a su trabajo con una indescrifrable inquietud, fruto de la leve caricia de algo que él creía muy lejano y de lo que ya no se sentiría a salvo, al menos durante ese nuevo día.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/298/pasajes/517/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
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	<pubDate>jue, 13 mar 2008 17:16:37 GMT</pubDate>
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