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    	<title><![CDATA[el juego en Literativa]]></title>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s]]></title>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/382/">boca</a> el 29 de marzo de 2008 · Leído <strong>54</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Perder era siempre la respuesta. Si encontraba un trabajo o era malo o acababa por convencerme de que así era. Si tenia amigos o bien me traicionaban o bien yo acababa por utilizarlos por alguna deuda de juego. Si lo que fuese... era malo o peor. Yo siempre perdia. El hastío era mi alimento y la desesperacion mi bebida. Esa es la autentica dieta del jugador. 
La suerte desde el prisma de la razón es absurda. De acuerdo. Pero debería añadir algo a esto. Si la suerte es absurda es por una cuestión de definición. Creer en la suerte no es otra cosa que suponer que la alternativa menos probable y mas faborable es la que sucederá. Y la triste verdad es que la vida es, en si misma, razonablemente lamentable. Alla cada uno..cada cual  que elija lo que quiera, pero mi credo siempre fue la suerte. Por absurdo que parezca esa remota posibilidad de que todo mejore es lo que me mantuvo a flote en esta vida. A la par tambien lo que me arrastró a todo tipo de fracasos... Pero pese a todo siempre me aferré a ella. Dogma de fe.
 Uno no se hace jugador de la noche a la mañana. Va aprendiendo poco a poco desde la misma infancia. Todo lo que rodea al verdadero juego es un juego en si mismo. Uno no puede sentarse de cualquier manera ante una mano de cartas. Ni aparecer en una carrera de galgos medio borracho. Ante todo hay que ser un auténtico caballero. No basta con un traje, de hecho es bastante prescindible. Es una actitud ante la vida. El auténtico jugador sólo da valor al juego. Es descortés valorar cuánto cuesta cualquier cosa que no sea el propio juego. Deberá siempre dejar bien claro que el interés está en la apuesta. El resto es pura vanalidad.El glamur no deberá estar en los objetos, sino en la actitud. Si hay que pagar por estar ahí pues se paga y punto. Nunca un buen jugador se ha metido en deudas de juego por esas cuestiones. Esas minutas son migajas. El tapete no es absorvente por casualidad. Tiene el poder de atrapar todo pensamiento distinto a las normas sus cartas. En la mente de un jugador no hay sitio para hipotecas, divorcios, despidos ni otras hierbas mientras el jugador esta ante su lugar de culto.
 Yo empecé a jugar a los cinco años. Mi padre era un gran jugador de cartas. Me enseñó practicamente todo lo que hay que saber sobre ese mundo. Mi madre le recriminaba ser un tipo frío. Nada mas lejos de la realidad. La sangre hervía en sus venas con un fervor que pocas veces la especie humana sufre. Pero su piel estaba entrenada para noi transpirar nada de ese calor. La ley del naipe establece que todo lo que pueda saberse de la mano que el contrincante a través de sus señales pertenece a quel que lo detecte. No esta permitido ver sus cartas pero sí conocerlas por un sinfín de detalles. Eso mató el matrimonio de mis progenitores. Mi madre nunca sabia si él jugaba de farol. Nunca fué capaz de preveer sus jugadas, ni de sorprenderlo. Perdió una mano tras otra durante años  hasta que murió absolutamente sola en una casa rodeada de gente. Lo cierto es que yo tampoco llegue a tener del todo claro qué sentía el al respecto. Sé que a su manera la quería, pero es complicado suponer nada ante un jugador de su talla. Él decia que había que saber perder algunas buenas manos para convertir una mala racha en el mejor de los faroles. Siempre recurria a la partida de chicago de 1928. Perder para saborear la mas refrescante de las victorias. Si eso era así yo creo que simlemente perdio una buena mano para llevarse un mal farol. De todos modos la realidad es irremediable. Ella murió de soledad y el de cirrosis unos años despues.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/330/pasajes/638/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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	<pubDate>sáb, 29 mar 2008 16:42:56 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 2s: Al principio]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[boca]]></name>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/382/">boca</a> el 02 de abril de 2008 · Leído <strong>79</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Creo que todo empezó un nueve de agosto. Era el día de mi cumpleaños. Mi madre solía poner la radio mientras cocinaba y desde la cocina sonaba un tema de los four seasons. Era lo que sonaba en el verano del 62. Yo bajaba de mi cuarto atraido por el olor del bizcocho que se horneaba desde hacia un rato en el horno. Mi padre decidió darme el regalo nada más salir de la cama, asi que tan pronto me escucho saltando escaleras abajo agarró el paquete y me esperó junto a la puerta de la cocina. Cuanadro tropecé con él me dió el paquete y un abrazo. Habría jurado que el abrazo era más para interrumpirme que para cualquier otra cosa. Le gustaba hacerme rabiar. En el paquete habia un juego de magia. Con los años llegaría a comvertirse en el mejor regalo que tuve nunca. Era una desilusión pero llegaría a ser otra cosa. Me había prometido otras cosas. Pero lo de la magia no recordaba que lo hubiese mencionado ni una vez. Chocante. 
 Desde ese día, y durante bastantes años, juagba con mi padre practicamente a diario. En aquella caja de madera venían un par de cordones, unos cuantos pañuelos de seda y un monton de trastos. Yo tuve la suerte de tener quien me hiciese cogerle gustillo a unos naipes que necesitaron ser sustituidos por otros nuevos tantas veces que ni lo recuerdo. Pasabamos horas haciendo juegos de manos, pasando cartas hacia delante y hacia atras, dejandolas caer en los bolsillos de la chaqueta y quitandolas de las mangas. barajabamos mil veces, contabamos y seleccionabamos entre el monton las cartas que el otro había escogido sin que supiesemos cúal era.
 De cuando en cuando estallaba en una rabia furiosa. Engañaba practicamente a todo el mundo. Pero no al que más lo intentaba. Horas y horas y nada. Alguna vez hacía trampas y se dejaba. Eso era peor. Solía darme cuenta y era poco menos que un insulto. Si yo trataba de engañarlo con mis trucos y el reventaba todo mi artificio haciendo trucos sobre los míos era porque yo no dominaba la situación. Me desasosegaba. Necesitaba ser el más tramposo. Es la gracia de ser mago. ¿Qué es la magia con cartas si no eso? Uno se presenta como tramposo, engaña a todos, y se supone que te felicitan. Trampas profesionales por decirlo de algún modo. Un tramposo más abil que uno mismo como público es algo duro de sobrellevar. Pero con todo lo pasaba bien y no desistía.
 Con el tíempo y sin notarlo se desarroyaron en mi cabeza habilidades para recordar secuencias de cartas en cada ronda que barajaba. Unos segundos bastaban para recordar  la secuencia. Pura rutina. Barajas, haces un abanico lo enseñas, das a escoger una y vas contando. Solamente necesitas saber el número de la carta y recordar toda la secuencia. Al menos hasta el número de esa carta. El resto de los trucos con esta táctica es bastante obvio. Luego intervienen otros factores. cuando quieres cambiar de sitio la carta, o cuando quieres que desaparezca y esconderla en algun otro sitio o cosas por el estilo la cuestion era más física. Para esas cosas vas poco a poco cogiendo el punto de los detalles. Para unas cosas coges los naipes con la punta de los dedos, para otras los cubres con la palma de la mano y mil tonterias más. Con los años era posible ver si el me iba a hacer trampas en mi magia por cómo agarraba las cartas. Supongo que empezo haciendo las cosas de formas mas toscas al principio y refinandolas poco a poco. Me costaba entender porqué me felicitaba tanto cunado me daba cuenta de que reventaba mis artimañas.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/330/pasajes/685/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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	<pubDate>mié, 02 abr 2008 05:11:23 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 3s: mis comienzos públicos]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[boca]]></name>
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    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/330/pasajes/874/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 3º: mis comienzos públicos</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/382/">boca</a> el 18 de abril de 2008 · Leído <strong>64</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Hoy las cosas cambiaron. El mundo cibernetico ha hecho dos cosas. Por un lado nos aisla en medio de un mundo de comunicaciones infinitas y así nos vuelve mas materialistas. Por otro lado las pequeñas cosas materiales han perdido su valor. Con estas historias a mi se me parte hoy el alma cuando pasas por una calle cualquiera y ves a todo el mundo hablando por el movil y la mayoria no van acompañados. Con los crios sucede algo parecido. Un entrenamiento por así decirlo. La moda son las consolas de videojuegos y porquerias por el estilo. Los bolsillos de mi epoca no tenían nada parecido a esas basuras modernas. Entonces lo que podias encontrar en los bolsillos de cualquier mocosete era un buen fajo de cromos. Era lo que nos hacía suspirar. Los cambiabamos frenéticamente. Los mas raros podian llegar a cambiarse por colecciones enteras. Era un mundo donde no valia ser hijo de un padre con más dinero. Era cuestión de suerte. Llegabas al estanco y comprabas tu paquetito. Lo que pudiese tener dentro era un autentico enigma. Lo pagabas y cruzabas los dedos. De lo que encontrases dependía el futuro de esa semana. Sin duda era un microcosmos apasionante. Pero llego el mundo virtual y todo se fue al garete. Sabe dios que cara te pondrian esos mocosos con biseras alreves si un día te acercas y les regalas un sobre de cromos. Ni siquiera se reirian de ti. Seguramente te escupirian en la cara mientras otro te graba con el móvil para luego colgarlo en internet. De verdad que se me parte el alma. 
 Pero en mis tiempos no funcionabamos asi. En un afan que hoy seguimos respetando nos buscabamos la vida para atesorar la colección completa. Lograrlo antes que los demás era todo un símbolo de poder en el patio del colegio. Era un mercado feroz donde las estrategias de cualquier calibre acababan por tener cavida. Desde la más inútil que consistia en ir comprando poco a poco más y más sobres con la esperanza de que al abrir el siguiente apareciesen los que aún no teniamos hasta todo un mercado de pujas al alza y a la baja como en una pequeña bolsa. Habia tambien las estafillas y las mafias. No era lo habitual pero si tenias que romperle los morros a alguien, puede que te apoderases de lo que hubiese en sus bolsillos. De todas esas tretas para conseguir cuantos más mejor, a mi se me dió por jugarme los mios con diferentes juegos. La mayoria de las veces los arriesgabamos en unas partidas que consistían en lanzarlos contra una pared. El que más cerca de la pared lo dejase se llevava la ronda. Era un juego quizás algo tonto pero parecía límpio y a mi me daba una cierta ventaja. Los juegos de magia habían dotado a mis manos de cualidades poco habituales para manejar cartas y otras cosas de formas pesos y tactos parecidos. Recreo tras recreo ganaba más de lo que perdía y mi poder se hacía palpable. El tiempo pasaba y mis pantalones ganaban bulto. Todo marchaba bien. Pero algo ocurría sin que lo notase. Los crios seran todo lo inocentes que digan, pero picardía tienen como cuando crecen. Los tontos tontos se quedan, pero los espabilados ya lo son desde que empiezan a mamar. Al menos es como yo lo veo.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/330/pasajes/874/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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	<pubDate>vie, 18 abr 2008 15:29:43 GMT</pubDate>
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