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    	<title><![CDATA[El forastero en Literativa]]></title>
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    	<description><![CDATA[El forastero cuenta la historia de hombre que se encuentra extravíado dentro de sí mismo.  Este mismo comienza a luchar contra sus propios fantasmas.  El escenario es la selva, allí comenzará su lucha al ser perseguido y acosado por sus temores, sus vivencias pasadas.  Todas ellas personificadas por alucinaciones que dejan pensar realmente si son tales.]]></description>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Capítulo 1: ¡Shhh!]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[javierrmartinezm]]></name>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/432/">javierrmartinezm</a> el 25 de abril de 2008 · Leído <strong>63</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Shhh....  Una expresión, un sonido, una comunicación misma del alma que grita imperativamente: ¡Silencio!

Eloy Mich era un empleado de una compañía de seguros, su vida era... ¿Cómo decirlo? una vida corriente, de esas que se encuentran por doquier.  Una de esas vidas que carecen de todo tipo de sentido, de esas que reclaman a cada momento a su portador diciendo: "¿Porqué exístes?"  Es en esos momentos cuando el alma sacude y recuerda que estamos vivos; llevando a nuestra memoria el concepto que la sangre aún circula por nuestras venas, que los pulmones aún se inflan,  y que el estómago gruñe cuando hace días que no le arrojamos algo sólido.  Día tras día era su rutinario trabajo de ingresar información al sistema.  Sus interrelaciones en el trabajo sólo se limitaban a una pila de papeles que ingresaban en su bandeja de entrada y que él mismo vacía al final del día.

Como es de verse Eloy Mich aún no había logrado convivir consigo mismo.  Sus fantasmas lo acosaban, su pasado era como un ancla atado a su cuello.  Frustraciones, fracasos y el constante planteamiento del "Que hubiera sido si... ".  El cigarrillo y el Whiskey, sus habituales compañeros nocturnos, no habían logrado llenar su vacío y cada vez se hacían menos efectivos como alternativa para acallar la conciencia.  ¿Quién daría es Shhh? definitivo - Si es que existiese tal cosa para él.  ¿Alguien bajaría del cielo? pues muchos mensajeros ya habían subido del mismo infierno.  El amor - ¿quizás? - ¡No!  No habría mujer capaz que brindar alivio a semejante corazón cauterizado, y ¿qué tipo de varona con complejo de masoquista emocional desearía estar ante semejante bomba de tiempo emocional?

La crisis emocional, volvía,  las lágrimas volvían a emerger de sus rostro.  La presión en el pecho.  Esa punzada en el corazón.  Todo su organismo volvía a conspirar contra él.  Pero sentado en su sillón - como él estaba en ese momento- y entre los lentes cristalinos que creaba su angustia: observó hacia el biblorato.  Había algo extraño.  Algo que no se podía percibir con los sentidos, pero que a su vez se sentía.  Mmmm..  ¿Que sería eso?
Maravillado como él estaba no dudo en escurrirse su llanto, erguirse y caminar ante el lugar donde reposaban los libros.  Y fue allí, donde lo vio por primera vez.

Un viejo tomo estaba en el estante más alto.  Jamás lo había tenido en cuenta y ciertamente ignoraba como este podría haber llegado allí.  ¿Haberlo observado?  En ese caso lo recodaría.  Pese a no cuestionarse un motivo que satisfaga su intelecto y conmocionado ante esta maravilla, no dudó en tomarlo en sus manos.  Definitivamente era desconocido, él no lo había ubicado allí, ¿visitas? ¡No!, hacía mucho que no recibía alguna y quién obsequiaría secretamente algo y más de esta clase, y era obvio también que tampoco se trataba de una herencia.

Era hora de revelar el secreto.  De esta manera, volvió a su anterior centro de llantos, y bajo una lámpara sin estrenar destinada a la favorecer la lectura comenzó a husmearle con detenimiento.  Era un volumen como ya dijimos entrado en años, tapa de cuero, de esas encuadernaciones que ya no se ven, sus hojas habían acumulado ya varios otoños y llamativamente carecía de inscripción tanto en el lomo como en la tapa.  Desahució con un soplo el polvo que ya se había hecho inquilino su nuevo descubrimiento.  Y prosiguió a abrirlo.  Obviando el título y el prologo de dignó a intentar reconocer su contenido.  Descubrió que se trataba de una peculiar narración.
Una simple historia- o quizás- no tan simple.  No porque fuera difícil entenderla, sino por el impacto que provocaría en su lector.

Así fue, durante esas semanas, evitando la compañía del alcohol y del tabaco.  Se decidió a emprender el viaje propuesto por las anónimas letras.  Se relataba los hechos de un fantástico y extraordinario mundo.  En él había dos especies.  Una especie tenía algo especial y admirable.  Era pacífica, piadosa, y de un buen conducir.  Y la otra barbara, vil y cruel.  Donde sus integrantes vivían la desorganización, y hacían conforme y tal cual se les antojaba.  Extrañamente llega un sus tierras un Extraño - un peregrino - que contempla con asombro tal diferencia.  Dándose cuenta que le es necesario - para su supervivencia - Comenzar a integrar y hacerse parte de una.  Y ahí comienza una lucha dentro de sí para determinar cual era su lugar de pertenencia.

Fue así como las páginas corrían deslizándose una tras otra sobre el extenso libro.  Hasta que llegó al siguiente pasaje:

"El extraño, confundido, subió la mirada para ver más allá. Y así, contempló la selva en todo su esplendor, pues el barranco se lo permitía. Una alfombra verde, bajo un cielo cristalino, a lo lejos. A un lado un río que formaba una cascada al enfrentarse con la gravedad, pero... ¿Qué sería aquello que estaba detrás de él? Brazos gruesos con una vestimenta verde, torso de piel oscura que exponía su piel cortajeada y numerosos callos, sin rostro.  Sus pies desnudos que el suelo había expulsado de su superficie, creando un soporte vegetal levantándolo de la tierra. El árbol más grande que puedas imaginarte."

Algo extraño comenzó a ocurrir entonces, algo que hizo que Mich levantase la mirada. Las paredes comenzaban a moverse como gelatina.  Mich se paró, el piso comenzó a sentirse inestable. ¿Un terremoto? ¡No!, Nunca había habido uno en esa zona.  De pronto, la habitación comenzó a bañarse de los colores del ocaso - como el que había transcurrido hacía unas horas -  El libro corrió de sus manos y cayendo abierto como estaba comenzó a desprender halos de luces saltando a todo rincón.  Ahora también su cuerpo estaba siendo víctima de una especie de gravedad que le presionaba y estiraba a todas las direcciones.  Su corazón latía en sus tímpanos, sus intentos de gritos eran opacados por la falta de oxígeno en el ambiente.  La realidad ya no parecía tan realidad.  Repentinamente la sombra de unos corpulentos brazos se aproximaban por detrás -como para retenerle o inmovilizarle quizá- preso del pánico que todos hubiéramos sufrido en ese entonces él decidió salir directo al vació, saltando a través de las rocas por la cascada.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/400/pasajes/922/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
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	<pubDate>vie, 25 abr 2008 17:38:17 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 2s: En un nuevo mundo]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[javierrmartinezm]]></name>
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    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/432/">javierrmartinezm</a> el 26 de abril de 2008 · Rating: <strong>6</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>53</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Mich se encontraba inmóvil a un costado del depósito que formaba el agua.  Los pájaros cantaban y era un excelente día en la selva.  Nadie podría opinar lo contrario, bueno, nadie excepto Eloy que se encontraba inconsciente y lejos de casa.

Las aves cantaban y jugueteaban en el cielo.  Pero una pequeña ave se posó sobre el desvanecido y comenzó a picotearle la cabeza, como queriéndolo despertar o advertirle acerca de algo que estaba por acontecer.
Sin embargo, la nublez mental de Eloy era muy fuerte como para siquiera percibir que algo le estaba punzando la nuca.  Después de todo el acaba de caer de una gran altura y el agua le había vomitado a hasta la tierra, conservando así su vida.

De repente, se escuchó ruido entre la vegetación.  Pasos.
Pronto un desconocido canto comenzaba a acrecentar su volumen a media que iban entrando en escena rudimentarios nativos.  Llevando como estandarte este canto peculiar, producido por la percusión de ocho pares de cuerdas vocales.

Momentos después, dieciséis pies - ochenta dedos - ya habían dibujado un circulo alrededor de nuestro ido amigo.

.                                                                ***                      
                              
Mich abrió los ojos.  Lentamente un cuadro impresionista realzó sus bordes convirtiéndose en la imagen de la realidad.  Amarrado a un tronco, observaba un acontecer desconocido para él.  Podría describir una roca central que portaba extrañas figuras en sus caras.  Al mirar abajo vio que el piso era una gigantesca roca.  Arriba aún el cielo se notaba diferente, como si se tratase de un ocaso.  También notó que también había otros troncos similares al suyo que a vista de pájaro formaban los vértices de un pentágono.  En cada uno de ellos se encontraba un individuo.  Cada uno de ellos llevaba diferentes vestiduras y no parecían proceder del mismo grupo étnico.  Pero en todos había algo que en común.  Un expresión en el rostro, una extraña sonrisa, una demostración de una especie de satisfacción.
Ahí noto el causante de tal reacción.  A los pies de cada uno se encontraba un recipiente de color azul similar a la porcelana.   De allí emanaba una especie de vapor, que al llegar a su nariz endrogaba su cerebro.  Cada uno en su propio sueño.  Como si estuviesen durmiendo plácidamente en el regazo de su madre.

No pudo evitar tampoco notar la presencia de aquellos Ativos que lo habían puesto en tal situación.  Grotezcas criaturas de considerable tamaño, bípedas, algunos con cabeza como de puma, otros de alce, o buey.  También muchos tenían pelaje sobre sus hombros, espalda y caderas, pero siendo lampiños en el resto del cuerpo.  Tenían pies como de hombre y en sus manos palmas como de hombre y dedos largos en garra.  Muchos eran de colores griseasios o marrones.
Se divertían burlandose de sus prisioneros, levantando sus manos como si fueran muñecos de trapo o gritándoles en la cara.  Y allí estaba uno de sus carceleros.  Este se acerba a él...  A pesar de sorprende por estás insólitas criaturas no pudo evitar preguntarse: ¿Qué traería en sus manos?...  Sí, era un recipiente... Ya estaba había colocado a sus pies... Su aire comenzaba a homogeneizarse con el vapor... Su cabeza comenzó a pesarle...  Sus párpados se cayeron...  Su cerebro comenzó a flotar dentro de su cráneo...  Todo en derredor despareció...

.                                                                ***                      

Tuc... Tuc... Un repiqueteo.  Tuc... Tuc... Nuevamente.  Somnoliento, entreabrió los ojos.  Era como si alguien llamase a la puerta, a la puerta de su frente.  Esta vez recobró algo el conocimiento.  Y aun teniendo su vista nublada logró distinguir que era aquella ave que nuevamente se le había acercado.  Nadie notó su presencia más que él.  Pese a continuar en estado de dispersión el ave se las ingenió para comenzar a liberarlo.  Con su pequeño pico, logró a deshacer los nudos que lo mantenían aferrado al poste.  Los nativos seguían ocupados en sus acciones, por lo que no notaron que Eloy se les estaba yendo.  

Caminó varios pasos, tambaleándose, hasta alejase a una cierta distancia.  El efecto de adormecimiento se estaba retirando y comenzó a tener conciencia de lo estaba pasando.

Él había aparecido en medio de este nuevo mundo, había huido del misterioso árbol, caído prisionero en manos de nativos y ahora había sido libertado.  ¿Por quién? ¿Quién sería esa extraña criatura que le perseguía? ¿Porqué le habría liberado?

Al alzar sus ojos le vió.  Era Saú, durante varias páginas del libro había visto sus hechos, pero nunca se había atrevido a imaginarle.  Era una paloma de gran tamaño -la más bella que alguien podría imaginar-  con formidables y grandes plumas, con inmensas alas,  con un color blanco que reflejaba toda la luz del sol sin absorber siquiera un poco, su cola se abría como un elegante abanico; tenía un hábil manejo de su pico: suavemente -como cuando le despertó en el pasaje anterior- o poderosamente - como para partir aquella fruta, madera o roca más dura, y su visión era penetrante, capaz de discernir las emociones de las personas.

Realmente se trataba de un magnifico espécimen, pero nada comparado con los atributos de su amo.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/400/pasajes/928/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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  </tr>
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	<pubDate>sáb, 26 abr 2008 01:12:18 GMT</pubDate>
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