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    	<title>EL CUADRO DEL DIABLO (EL LADO FANTASTICO PARTE 1) en Literativa</title>
    	<link>http://www.literativa.com/historias/412/</link>
    	<description>Breve cuento de terror trágico que explica (en 3° persona) la historia de Adrián, quién conocerá la hoguera del remordimiento y alcanzará pisar el camino hacia la redención.
Pero la redención no es eterna, sino que es un arduo camino que su oscura alma no es capaz de tomar; se encontrará con el diablo que esta siempre acechando, esperando el error humano.</description>
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      		<title>EL CUADRO DEL DIABLO (EL LADO FANTASTICO PARTE 1) en Literativa</title>
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	<title>Pasaje 1º: CAPITULO 1: Un esclavo del diablo</title>
	<author>
		<name>Carlos Javier Teves ©</name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/387/</uri>
	</author>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/387/&quot;&gt;Carlos Javier Teves ©&lt;/a&gt; el 29 de abril de 2008 &amp;middot; Rating: &lt;strong&gt;10&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;con &lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt; voto &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;55&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;Adrián no era un simple oficial de la policía federal Argentina, era uno de esos que cambian de bando, avaricioso, codicioso, inescrupuloso hasta el extremo y corrupto como muchos otros. Algo marcado en su vida, era el hecho de que antes era barra-brava de una hinchada de fútbol, y no uno cualquiera, sino que era de los peores. Robaba, se peleaba siempre antes, durante y después de los partidos con quien sea. Había consumido todos los estupefacientes conocidos, en fin, un tremendo vándalo.
Su historia comenzó a ser distinta a través de una disputa interna entre barra-bravas del mismo club, él marcado por su intento de liderazgo de la misma, tramaba el asesinato del líder, pero su suerte fue distinta. Casi todos ya lo odiaban, por su notable codicia y su desagradable tono imperativo, estaban hartos y planeaban desterrarlo de la hinchada. Como despedida final le dieron la golpiza más grande que jamás le habían dado, y por si llegaba a volver alguna vez, le amenazaron de muerte para que no se le ocurriera tal idea.
No volvió a pisar la tribuna, y cuando se recuperó de los golpes se enamoró de una tal Luna y tuvo una hija con ella. Claro que antes de que decidieran llevar a cabo el embarazo inesperado de Luna ella le hizo prometer que buscaría un empleo y que no volvería a sus andanzas.
No esta demás decir que el único trabajo que pudo conseguir por su negro historial era paradójicamente el de policía, ya que siempre se interesaban en tener gente que había pertenecido al otro “bando”, porque estos tenían sus contactos y podían ponerse mucho mas fácilmente en la mente criminal (teniendo la notable ventaja de haber sido uno de ellos).
Una noche de sábado, al volver de una partida de pocker, tras discutir con los pocos amigos que le quedaban, se encontraba parado en la esquina de una avenida, estaba esperando que le abra camino el semáforo para comprar cigarrillos en el quiosco de enfrente y noto que detrás tenía a alguien que, si bien no conocía, notaba que le era familiar. Era como él era antes, un ebrio vagabundo posiblemente drogadicto, ladrón, etc. Se le posó en su costado y comenzó a hostigarlo: “¿tenes una moneda?” le dijo, y Adrián con un “No” seco le respondió. Con la cara demacrada, partida, el extraño poseía en sus cuencas unas ojeras que daban la sensación de que llegaban hasta el piso, y sin dudar, ni un segundo después del “no” austero de Adrián, el maltrecho personaje contrarresto “¿un cigarrillo?”. Con un “Tampoco” (todavía más arisco) retruco Adrián, quién sabía manejar a esta clase de sujetos, pero no tenía ni la paciencia, ni la intención de llevar las cosas de buena forma.
A todo esto, el ebrio personaje siguió parloteando pero cada vez mas molesto y odioso, hasta un punto en que se torno violento y empezó a insultarlo. Ya harto, Adrián intento ignorarle y cruzar pero al darle la espalda, el vagabundo intento darle un puñetazo. Solo pudo intentarlo, porque Adrián se la veía venir, y no sólo le esquivó el golpe sino que le respondió con otro mucho más certero en el rostro. El sujeto cayó al piso y cuando intentaba levantarse Adrián le colocó un puntapié de lleno en la sien dándole el otro costado de la cabeza contra un cantero, el borracho perdió la conciencia inmediatamente.
Terminada la pelea, Adrián cruzo la calle hacia el quiosco pensando “como en los viejos tiempos, tuve una disputa, salí ganando y encima ileso”. Mientras el quiosquero le atendía observó que una patrulla se detuvo en la esquina de enfrente  y dos oficiales comenzaron a examinar al desmayado personaje. El quiosquero, algo tosco y torpe, lo entretenía con el pedido y lo llenaba a Adrián de impaciencia. Una vez terminado su compra, cuando intentaba alejarse de la escena, uno de los oficiales de enfrente le tiró un “alto ahí” y se detuvo al instante. Dio media vuelta y enfrentó a los oficiales.
En seguida le mostró su placa y explico que venía de la casa de unos amigos, que se dirigía a su casa y que no había logrado ver si el sujeto tirado en el suelo estaba ahí desde hace mucho tiempo. Entonces le hizo una pregunta a los oficiales “¿de que esta desmayado? Parece que se ha pasado de tragos u otra cosa…¡con ese aspecto!”.
Los oficiales se pusieron totalmente serios, y uno contesto: “puede ser que haya estado drogado, pero al parecer a este tipo le han matado en una riña”. Adrián se puso blanco: “¿Como que esta muerto? No lo puedo creer”.
Los oficiales en su incapacidad de notar algo fuera de lo normal por novatos, no se dieron cuenta de que Adrián se había puesto blanco y que siendo oficial una simple muerte no era algo notable, sino que era algo de todos los días.
Finalmente le pidieron que salga de testigo, Adrián aceptó sin protestar y no sólo salió ileso de esa disputa, sino también impune.
Cuando terminó de declarar se fue a su casa cavilando si debía de contarle a alguien la verdad, pensó un “aunque sea a Luna”. Idea que desertó cuando su mente le recordó un reconocido refrán que dice: “para poder engañar a los enemigos, hay que engañar primero a los amigos”; Esta visto que Adrián no era la clase de persona que necesite confesarse o sacarse ese peso de encima.

CAPITULO 2: LA HOGUERA DEL REMORDIMIENTO&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/412/pasajes/951/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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	<pubDate>mar, 29 abr 2008 12:33:12 GMT</pubDate>
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	<title>Pasaje 1º: CAPITULO 2:</title>
	<author>
		<name>Carlos Javier Teves ©</name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/387/</uri>
	</author>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/387/&quot;&gt;Carlos Javier Teves ©&lt;/a&gt; el 06 de Mayo de 2008 &amp;middot; Rating: &lt;strong&gt;10&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;con &lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt; votos &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;58&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;Al día siguiente, en una de sus habituales guardias callejeras, observaba el cielo y lo veía cubrirse cada vez más de nubes. Se mantuvo viendo el firmamento nocturno durante un rato y avistó la idea de que la tormenta era inminente. Así se dio, una relajante lluvia rompía la perogrullada de sus pensamientos; logrando mantenerse cerca de un balcón, mientras se cubría de la lluvia, notó que a una cuadra de distancia un sujeto de actitud sospechosa caminaba por detrás de una anciana. Adrián se escondió en la entrada de un edificio para observar la llamativa escena; el desconocido se posó al lado de la señora y la abrazo con fuerza. Entonces, Adrián fue acercándose sigilosamente hacia el bandido.

El bandido, una vez que había tomado las pertenencias de su víctima, salió corriendo con el motín en mano. Adrián, por su parte, terminó la persecución silenciosa y le pegó un grito: “¡Alto ahí!”, vocifero. Inmediatamente, el ladrón giró media vuelta la cabeza y con un arma calibre 22 disparó 3 tiros hacia la humanidad de nuestro policía. No pudo atinar ninguno de sus 3 disparos porque Adrián logró cubrirse en la entrada de un edificio; con arma en mano, el oficial le respondió con 5 tiros simultáneos.

El primero de los 5 disparos fue a dar en la pierna del criminal. El segundo, le penetró el pulmón, rompiendo una de sus costillas del lado derecho. El tercero recorrió una distancia mayor que las dos primeras balas y terminó empotrándose en la columna de una construcción vecina. La cuarta bala, transitó una similar distancia que la tercera, con la diferencia de que esta penúltima fue a dar en un auto que se hallaba estacionando; no alcanzó a lastimar a nadie esta cuarta bala, y se colocó en una de las ruedas traseras. En este auto (por cierto muy viejo y maltratado), se encontraban una pareja de gitanos y su hija menor de  4 años; los 3 salieron ilesos de los primeros 4 disparos de Adrián, pero lamentablemente para todos, la quinta bala tuvo un recorrido casi idéntico a la cuarta, con la excepción de que se introdujo por la ventana trasera del auto y pegó de lleno en la sien de la desdichada niña.

El ladrón murió antes de que llegara la ambulancia, en cambio, la pobre niña murió en el acto.

Para nuestro protagonista este sería el principio de la caída a un abismo, era su precipicio. Nunca en su vida caería en tan terrible depresión, no sólo a causa del juicio que se le vino encima, sino también, la horrible sensación de vergüenza que da el remordimiento. Además de los males que le asediaban, algo aún peor le sucedería. Alrededor de 2 meses después de la desafortunada tragedia, por medio de un derrame cerebral, falleció antes de cumplir su primer año, su primogénita y adorada hija Lucia. Como si fuera poco para él, por todos los problemas que surgían de Adrián, Luna no soportó más, se divorció de él y jamás volvieron a verse las caras.

Gracias a sus contactos y a un sistema judicial de lo más bochornoso, alcanzó obtener una mínima pena de tan solo 1 año con arresto domiciliario. Aunque la prisión en la que cayo su conciencia duraría mucho más tiempo.

Prácticamente durante todo ese año, no pudo conciliar el sueño en paz; atormentado porque su memoria resaltaba, a cada segundo, los terribles gritos de los padres de la difunta Antonella; quienes quebrados del dolor y el espanto lo maldijeron en un idioma para él desconocido.

Adrián se veía demacrado, aniquilado y con un pavor inigualable que duraría alrededor de 2 años y medio. Nunca en toda su vida, a pesar de todos los males que había cometido, llego a sentir un dolor interior y una destrucción tan marcada en su alma. Creyó que todo eso lo merecía, pero aunque así fuera no podía contenerlo en su razón.

Casi cumpliéndose 3 años de la muerte de Antonella, Adrián terminó con sus ahorros en drogas y alcohol más que en cualquier otra cosa. Espiritualmente destruido, intentó suicidarse consumiendo una gran cantidad de estupefacientes, pero antes de llevar a cabo su propio homicidio escribió una nota que decía así:

“Ya no vale la pena el intento de seguir viviendo, no puedo respirar del dolor ni del sufrimiento que se contempla en mi alma.
¡¡Ponzoñoso terror del infierno!! misantropicos bufones vienen de ti, con la carta del destino, saben el futuro que es para mí incierto y mi mayor deseo: lograr desterrar el inmóvil pasado.
Solo me queda una impotencia mental por no poder encontrar una explicación a los turbios espectros que enloquecen, atormentan y mortifican mi vulgar vida.
No logró dejar de drogarme. ¿Cómo cerrar mi mente? ¿Cómo apagar mi cuerpo? Si en cierta forma es parte de los sentimientos. Me siento mal porque he pecado, aunque en ello no crea; he actuado sin pensar otra vez, aposté al azar mi alma, sabiendo que no sólo a mi me pertenece, sino también, a todos aquellos lo que me siguen estimando.”

Desquiciado, colocó en su boca  los estupefacientes sin contarlos y con una botella de ron los hizo atravesar su laringe.
Pero si bien la injerencia de la muerte no sería inofensiva, tampoco sería fatal. El envenenamiento no logró matarlo, se salvó de la muerte por haber elegido mal el lugar del suicidio.
Se le había planteado con anterioridad, dos posibles formas de ejecutar su propio asesinato. La primera alternativa sería mediante las pastillas; la segunda era arrojarse desde un puente al río.
Indeciso por cual sería el camino que elegiría para morir, prefirió tomar ambas salidas. Con pastillas en mano, estaba decidido a tomarlas y antes de perder el conocimiento tirarse de lleno al río desde el puente. Pero las convulsiones le llegaron demasiado rápido. No logró saltar, cayó desmayado y no tardaron nada en caer varios automovilistas y peatones que lo socorrieron y lograron llevarle con vida al hospital.

Quedó con vida, aunque como dije, la injerencia de la muerte no sería inofensiva; todos los encapsulados que tomó, corrompieron su anatomía hasta llevarle al borde de la muerte. Se mantuvo en coma durante 4 meses y cuando volvió en sí, rápidamente los doctores le diagnosticaron la pérdida total de la vista.

Su panorama medicinal sería aún peor, ya que psicológicamente estaba perdido, lo internaron en una clínica psiquiátrica donde se mantuvo confinado por años, y donde intento quitarse la vida otras 3 veces más. Casi todas muy lejos de lograr su objetivo porque siempre llegaban a detenerlo antes de que las llevara a cabo. La excepción fue la última de todas, donde estuvo cara a cara con la muerte una vez más.

Luego de arrebatarle un bolígrafo de punta fina a una enfermera (sin que esta se diera cuenta); espero el anochecer para romper de a poco, aunque con suficiencia, las venas que atravesaban su muñeca derecha. Demasiada dificultad le daba el asunto, pero de a poco su piel se iba desquebrajando y a medida que fluía su sangre, con la punta del índice izquierdo, en la pared comenzó a escribir nuevamente una nota de suicidio:

“En el nacer del crepúsculo nocturno mi mente se aterra…¡¡NO PUEDO VER!! ¡¡ME HE QUEDADO EN MEDIO DE UNA HORRIBLE NEBLINA!! En la penumbra total, mi vista se destiñe y las imágenes no se le entregan; de añoranza total, mi mente refleja hermosos recuerdos de luces que ya no aparecen presentes, me son inciertas.
No llego a tocar la idea de que hago aquí y te ruego, en este dolor inmenso, que me lleves con vos, aunque sea al infierno ya no importa. ¿Qué puede importar? Si únicamente me quedan el tacto, el oído, el gusto y mi alma en pena”

Mientras se mantenía escribiendo, su pulso disminuía, su presión decaía, su piel languidecía. Pero una vez más, la muerte lo esquivaría...

CAPITULO 3 : &quot;LA REDENCION&quot;&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/412/pasajes/984/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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	<pubDate>mar, 06 may 2008 11:50:16 GMT</pubDate>
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	<title>Pasaje 1º: CAPITULO 3:</title>
	<author>
		<name>Carlos Javier Teves ©</name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/387/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/412/pasajes/1223/</link>
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    &lt;div style=&quot;color:#999999;&quot;&gt;Versi&amp;oacute;n escrita por &lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/autores/387/&quot;&gt;Carlos Javier Teves ©&lt;/a&gt; el 17 de junio de 2008 &amp;middot; Rating: &lt;strong&gt;10&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;con &lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt; voto &amp;middot; Le&amp;iacute;do &lt;strong&gt;16&lt;/strong&gt; veces&lt;/div&gt;
    &lt;div style=&quot;padding:10px 0px 10px 0px;&quot;&gt;Era el primer día de guardia nocturna para Laura; la neófita enfermera con una taza de café en mano y sus apuntes de la facultad de medicina transitaba por sus primeras horas de guardia nocturna. Caminaba por los pasillos y entretanto dedicaba su concentración a dichos apuntes; también a su vez, chequeaba (de habitación en habitación) que todo estuviera en orden. Al asomarse y pegar un avistamiento por la ventanilla de la habitación 27, ella no esperaba encontrarse al desvalido y moribundo Adrián, quien se hallaba en un rincón de la habitación tirado en el suelo llevando sus piernas y brazos al centro de su cuerpo, como si estuviera en un estado de hipotermia concentrando todo el calor posible en su anatomía. Además, debajo de su figura, estaba un charco de sangre.

Ante la desesperación y pánico quedó la inexperta enfermera; corrió en busca de ayuda y lograron socorrerlo mientras que con espanto veían el mensaje que había dejado Adrián escrito. Mientras lo llevaban en camilla hacia terapia intensiva, Laura lo seguía notando que el corazón parecía explotarle de sus propios latidos, atribuyó esta sensación de adrenalina a los acontecimientos dados y antes de entrar a la sala, le despidió con una caricia melancólica que recorrió el rostro y cabello de Adrián, casi compadeciéndose del personaje. Sin embargo, se dibujo en  Laura una pequeña sonrisa de complicidad, ya que tenía la seguridad de que sobreviviría y muy posiblemente debería darle gracias a ella.

Transcurrieron 5 semanas después del nuevo enfrentamiento cara a cara con la muerte que tuvo Adrián. Durante las 5 semanas, todos los días Laura pasaba a visitarle y aunque en mayor parte por su trabajo diario, incluso en sus días de descanso pasaba a una vez al menos.

Fue un jueves en el que Adrián retomó la consciencia y le otorgó la sorpresa a Laura, que controlaba los sueros que le estaban suministrando a él. Lacónicamente detuvo sus labores y fijó la mirada en la de él. Ella fue lo primero que encontraron los ojos del paciente y ambos quedaron pausados por unos instantes, hasta que ella reconoció el hecho de que él le estaba viendo y no hay un error tipográfico o de concepto literario al decir que “le estaba viendo”, porque asi fue, milagrosamente recuperó la  vista.
Después del diagnostico, Adrián supo que recuperó la vista en un 70% y sin ser una recuperación total, aún asi era, un milagro clínico.

Abatido y ya sin rumbo, el cielo le otorgó la redención en forma de mujer. Laura cayó a su vida para salvarlo del bruno abismo que es la hoguera del remordimiento.

Nuestro maltrecho personaje encontraría en Laura el amor de su vida; un amor tan intenso que lo dejaba perplejo y encantado; cuando ella aparecía, el fondo de la escena se matizaba totalmente blanco para él. Cuando se hallaba presente, sus ojos no eran capaces de distinguir nada más que la silueta de Laura.

Adrián aprendió a valorar su vida y también a quererla, quedó desde aquel despertar enamorado totalmente de Laura y ésta no fue inerte a esos sentimientos. Cada vez que Laura descubría que el paciente la miraba maravillado, quedaba embelesada y no lograba reprimir ese sentimiento que en un principio trató de ocultar (ella no quería en su trabajo relacionarse de tal forma con un paciente y más aún con el triste historial de éste). No obstante, se sentía en lo más profundo de su ser y alma atraída con el historial de Adrián, éste le dejaba la  sensación de pena y tristeza mal afortunada por un simple acto de descuido.

Por su parte, Adrián no bajaba los brazos en sus intentos de cautivar y conquistar a dicha enfermera, le planteaba sus sentimientos cada vez que se podía y cómo ese sentimiento le era mágico e increíble.

Al pasar 3 meses del último despertar de Adrián, uno de los médicos encargados del lugar le solicitó en una cita especial y le explicó en ésta, que estaban todos pasmados por su rehabilitación física y psicológica. Le comunicó con alegría que en pocos meses podía ser dado de alta.

Adrián con una sonrisa de oreja a oreja tatuada en su rostro, fue a comunicarle la gran noticia a Laura y ésta, rebozando de alegría, prefirió contenerse de decirle que se estaba enamorando de él; sabía ahora que llegaría próximamente la oportunidad de hacerlo.
Dos meses más tarde, Adrián sería dado de alta, pero una semana antes de irse un último acto de amor conquistaría por completo a su enamorada:
Sabiendo los horarios en que ella transitaba, se preparó y con ayuda de otra enfermera (la cual le prestó un lápiz labial rojo) dejó un mensaje en el mismo lugar en el que había colocado su nota de suicidio antes de que Laura lo interrumpiera. Laura recorriendo los pasillos, pasó por la habitación del paciente que estaría por irse del lugar, pero, estaría por entrar en su vida.

Patidifusa quedó al mirar por la ventanilla 27 y ver que adrián terminaba de escribir un nuevo mensaje. Se asustó impresionantemente durante algunos segundos, tanto fue así, que cuando Adrián le explicó la sorpresa, lo hizo pidiéndole perdón por haberla hecho llorar del susto. En definitiva las lágrimas generadas por el miedo se transformaban, a medida que leía en mensaje, en lagrimas de alegría, el mensaje decía así:

“Sustancial calidad de los sueños, viniste a darme amor entero, ese amor que hace siglos no tengo. Ese al que tengo que pedirle de rodillas consuelo, porque ha pasado por mí todo el mal que hice, sin de ello tener algún conocimiento neto.
De misericordia imploré a mil dioses que las palabras ajenas, esas miradas de total prejuicio que creen que todo esta escrito, me dejen en paz y liberen las penas. 
Ahora miro a la redención tocándome la puerta y una vez mas, tiemblo porque puede ser un simple espejismo como muchos que ya he visto. Me aterra esa forma de mirarme con algo de recelo, atención y anhelo, como miraste ayer, diciéndome sin decirlo que estabas en mi pasado, en mi presente y esperándome en el futuro incierto, hermoso y bello.
Ubicuo es mi amor y libre de superfluos pensamientos el corazón que te entrego, que ha llegado al cielo de la redención, donde el dharma quita su espada y me entrega la luna en conjunto de una mujer que se hace mi sol, en un nuevo amanecer donde no hay ocasos y el paisaje hermoso de tus ojos, que componen a tu mirada, llena de sonrisas mi alma, esa mirada que me petrifica las manos y el cuerpo, que está saliendo de un féretro preguntándose ¿por qué el omnisciente me ha dado el perdón y me ha dejado en manos de un ángel?”

Al terminar de contemplar con total atención las palabras que Adrián le entregaba, Laura tomó el rostro del paciente con ambas manos y tuvieron su primer beso, un beso que pareció eterno, que convulsionaba el sentir de ambos dejandoles a cuentas que se hallaban en un amor verdadero.

Una vez libre, Adrián y su enamorada decidieron vivir juntos. Adrián obtuvo una seguidilla de alrededor de 10 trabajos mediocres, con lo que apenas lograba subsistir. Las cosas cambiaron para mejor al cumplir un año de convivencia; Adrián empezaba a descubrir de nuevo sus ambiciones, comprando y vendiendo toda clase de objetos a través de diferentes medios. Su favorito fue Internet, que le dejó ganancias del doble de las de su sueldo, alcanzando una fuerte suba en sus expectativas económicas, las cuales se vieron truncadas al llegar la fantástica noticia de que Laura estaba embarazada.

CAPITULO 4 &quot;EL FINAL FANTASTICO&quot;&lt;/div&gt;
    &lt;div&gt;&lt;a href=&quot;http://www.literativa.com/historias/412/pasajes/1223/&quot; style=&quot;text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;&quot;&gt;Leer m&amp;aacute;s...&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
    &lt;/td&gt;
  &lt;/tr&gt;
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	<pubDate>mar, 17 jun 2008 12:56:45 GMT</pubDate>
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