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    	<title><![CDATA[Desde el cine en Literativa]]></title>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: I]]></title>
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		<name><![CDATA[magoomanazr]]></name>
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    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/100/">magoomanazr</a> el 21 de julio de 2007 · Rating: <strong>9</strong> con <strong>2</strong> votos · Leído <strong>108</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Las noches tibias provocan en mi cuerpo cierta desazón, será quizá por la incertidumbre de estar en medio del todo. Con las cobijas encima el calor se torna insoportable y, si no las utilizó, el frío se cierne sobre mi cuerpo como la muerte lo hace a veces. No se en realidad que es lo que pase conmigo. Ayer, por ejemplo, cuando acompañe a María al cine no pude disfrutar de la película. Ella estaba radiante, como siempre. La recogí a la entrada de su casa, una construcción moderna con ventanales cuadrados en lugar de marquesinas y puertas de madera completamente lisas que dan cierto aire de seriedad a la alegría que despiertan los rosales que tiene su jardín a un costado de la cochera; llevaba un vestido verde y corto hasta la mitad de los muslos, era obvio que sus piernas estaban recién depiladas por que en la penumbra parecía que era seda la que acariciaban mis manos, un escote al frente hasta el nacimiento de los senos no disimulaba la blancura inocente de su piel; su espalda es otra cosa, delgada, estrecha hasta el absurdo no tiene una gota de grasa hasta la cintura, ahí se pierden mis manías, sólo ahí llegan mis manos antes de pasar a las rodillas, un tramo insospechado que no he podido desentrañar. Sus ojos, por el contrario, son negros. La mayoría de las veces me cuesta trabajo encontrarlos, ella habla mucho pero no me ve a los ojos, se oculta, me evade, hasta llego a pensar que sus palabras me atraviesan como lo hacen con el viento. Creo que algunas veces no existo. Si no fueran sus besos tan intensos no creería existir, sus labios son más tibios que las partes de su cuerpo que conozco, como ya lo he dicho, la incertidumbre de estar en el medio es incomoda. Con ella nunca voy más allá. Besos, risas, su mano, la espalda, la rodilla, a veces los pies, ese es mi itinerario siempre. En el cine, lo mismo, lugares vacíos al frente y a los costados, la película del domingo me parece la misma cada semana, algunas risas ante los absurdos de los actores y la rigurosidad de siempre, mi mano en su rodilla empieza a sudar. Luego sus ojos negros me observan, me retiran la mano y la ponen sobre mi pantalón, se seca y otra vez a la rodilla, ella esta atenta a la película, en ratos se ríe y parece que no existo. Luego voltea a verme, al menos eso aparenta, y me da un beso intenso, mi mano en la rodilla y de nuevo parece que existo, hasta que vuelve a reírse y se repite la rutina. Yo pienso en ella y en mí, pienso en su vestido y mis sentimientos, creo que nunca la he deseado, tiene un rostro armónico, con ojos negros y grandes (¿ya lo había dicho no?), su boca es mediana y hasta parece sexy en veces, sus dientes están un tanto torcidos, sobre todo los de abajo, pero cuando se ríe en verdad parece sexy, en veces, yo la observo y me río con ella, luego me dejo besar, intensamente, despacio, un lapso breve, saliva que se mezcla, siempre me lavo los dientes pero ella no siempre, ¿en verdad la he deseado alguna vez?. La película casi ha acabado, creo que no me ha besado en la ultima media hora, la veo otra vez, tiene bonitas piernas, son armónicas con su cintura, un poco poblada hasta las nalgas, la edad ya la ha tocado pero su piel blanca le da un cierto aire de inocencia, no tiene hijos, no los ha querido, dice que la engordan, tal vez tenga razón. 

Las luces se encienden y nosotros salimos entre los pocos espectadores, caminamos hasta su casa los pasos necesarios, ella me cuenta de su vida, me atraviesa brutalmente con sus oraciones alegres, se ríe y me río con ella, me abraza levemente, me ve a los ojos y me dice que me quiere, a su lado, nada más, yo trato de decirle más pero luego ya no la encuentro. Llegamos a su casa y me despido de ella, no hay besos, mientras saca sus llaves y abre la puerta observo sus piernas, ¿por qué nunca hemos ido más allá?, voltea y se despide, ya son casi las ocho y lleva prisa. La puerta es lo último que veo antes de salir de su jardín, luego estoy en la esquina, acechando, parado, tieso como un quiote, y pasa él, en su camioneta del año, es guapo, o al menos eso me dice ella. Me observa y no me saluda, ¿quién querría hacerlo?, ¿a un desconocido en medio de la calle?, la camioneta entra en la cochera y lo escupe pacientemente. Ella sale con su vestido verde corto hasta la mitad de los muslos y le da un beso intenso, el le acaricia el trasero y no lo envidio, ¿alguna vez la he deseado?, se ríen juntos, se besan y entran a la casa. Yo me despido del teléfono de la esquina y me voy hasta mañana,  casi a la misma hora, camino lentamente y no la deseo todavía. Entonces me doy cuenta que no se que es lo que pasa conmigo, y menos, casi del todo, no se que es lo que pasa con ella y, entonces, como cada tarde, la deseo.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/43/pasajes/76/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
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	<pubDate>sáb, 21 jul 2007 10:57:10 GMT</pubDate>
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