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    	<title><![CDATA[CORAZÓN DE TINTA en Literativa]]></title>
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    	<description><![CDATA[Es un relato acerca del Tiempo y de cómo la pluma, en ocasiones, puede llegar a dominarlo hasta detenerlo en el cero absoluto...]]></description>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: EN BUSCA  DEL TIEMPO FUTURO]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Giussy]]></name>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1124/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/17/18/ad/1718ad05269e51de4ca05cd6ad2f83b869d0a526/mini_80_484_1212838627483994.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1124/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 1º: EN BUSCA  DEL TIEMPO FUTURO</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/484/">Giussy</a> el 07 de junio de 2008 · Leído <strong>80</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">El tiempo bate sus alas a la velocidad que le parece, pero cuando un escritor empuña su pluma lo detiene y le obliga aseguir el ritmo del latido de la tinta.
 
Y una pluma?, ¿ de qué puede enamorarse?, ¿cuál es su vida secreta?. Donde viven las palabras, vive el tiempo, esperando a ser escrito, a tomar consistencia física, a convertirse en una historia, en un personaje, una palabra o una metáfora, por ejemplo, bien pudiera ser que el tiempo quisiese ser nube, y allí tendría que ascender el poeta para pintarlo con un racimo de versos de colores.
 
El tiempo es una nube que desde ahí arriba está a medio camino del cielo y de la tierra. Es el mensajero de las estrellas, dios de los hombres, quienes, sometidos a él, le han erigido un mecanismo a lo largo de todo el globo azul y al que todos creen llevar en la muñeca o el bolsillo, pero que a todo el mundo se le escapa como las burbujas de aire del mar, como un pez volador, como un globo de la mano de un niño. Nadie sabe aún cuál es su destino, dónde habita, pues aunque le rindamos culto no se digna a descender y hacerse presente, como Jesús encarnado, porque el tiempo está hecho todo un Dios y, como todo el mundo sabe, los dioses son invisibles y no tienen tiempo para nadie, ni siquiera para sí mismos, ni saben quiénes son ni si siquiera existen, ni que quieren hacer con su vida, ¿o acaso sabe el tiempo qué hacer con él mismo, qué hacer con su tiempo? pues... a lo mejor sí.. -me dije un día-  así que un día decidí preguntárselo personalmente, pero como es invisible, pues, claro, tuve que morirme y hacer que mi alma fuese a visitarle, pues sin el peso del cuerpo es más fácil viajar, lógicamente. Así iba yo, ligero de equipaje, sólo con mi pasado en el bolsillo de mis recuerdos y casi me puse azul al verlo, pues era tan oscuro y profundo que sólo oía su voz y veía su único ojo amarillo chiquitito como una semicorchea...</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1124/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>sáb, 07 jun 2008 08:35:50 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 2s: ARDIUN EN LAS DUNAS DEL TIEMPO...]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Giussy]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/484/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1127/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1127/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/a0/64/dc/a064dce8a42f8904e3409836cc90e1998681bcdb/mini_80_484_1212839756479308.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1127/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 2º: ARDIUN EN LAS DUNAS DEL TIEMPO...</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/484/">Giussy</a> el 07 de junio de 2008 · Leído <strong>62</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Y... entonces...

un rojo amanecer destilado como un suave vino
 dulce
se elevó sobre la línea del inabarcable
 horizonte. Sus
suaves rayos le salpicaron la vista, y por unos
instantes, los mantuvo cerrados, contemplando el
reflejo del resplandor de la boca del amanecer en
 su
hormiguero interior. No eran más de las seis de
 la
mañana y el caminante se dispuso a levantarse y
 partir
hacia donde le dictaba su brújula interior. Sabía
 que
tenía que descubrir el secreto del amanecer, el
secreto de la luz. Apretó con fuerza el talismán
mágico que le colgaba del pecho y se dispuso a
 partir
a pesar del frío y del hambre que le atenazaban
 con
ardor. Comenzaba a inmiscuirse por una escarpada
 senda
cubierta por las frondas de secuoyas gigantes
 sobre
cuyas ramas se alojaban varios nativos en cabañas
 de
maera. El camino era farragoso como la arena del
desierto, tenía los pies magullados de tantas
torceduras de tobillo y cada vez le costaba más
esfuerzo seguir avanzando al mismo ritmo. Su
respiración se tornaba más profunda y la sed le
pinchaba la garganta como un clavo ardiente y le
producía tos, pero tenía que continuar, que
 seguir
hacia la señal con que aquella noche Betelgeuse,
 en
Orión, le sonreía. Sí, aquella estrella
 supergigante
roja era su brújula, era su destino. Las ramas de
 los
robles le parecía que iban a capturarle, abriendo
 sus
brazos en su dirección. No sabía por qué una
 sensación
de pánico se apoderó de él. El silencio del
 bosque
era interrumpido por los crujidos de las ramas al
agitase con los suspiros del viento. Un ruiseñor
 le
asustó con su estentórea voz  un cervatillo
 blanco
cruzó por delante de su camino. Sentía que la
 manta
del frío se cernía sobre sus mejillas, que
comenzaron a sonrojarse como las nubes bañadas
 por el
suave resplandor de la alborada. Los pelos de los
brazos se le pusieron de gallina, no llevaba más
 que
una camiseta azul clarito de manga corta, unos
pantalones verdes largos de pana y unas
 zapatillas
amarillas de deporte que con el barro se le
 habían
coloreado de marrón y una mochila de tela con
 libros
y un cuaderno de bitácora. Tenía los ojos
 castaños y
el pelo pelirrojo corto y rizado, no era muy
 alto y
tenía una cicatriz en el brazo de un antiguo
 combate.
Tiritaba como las gotas de lluvia de un charco
 ante
un terremoto y sus dientes no paraban de
 castañetear.
No sabía por qué la temperatura había descendido
 tanto,
de repente. Una bandada de pájaros se dirigió
 hacia el
sur y comenzaba a ver dibujarse las sombras sobre
 el
barro. Cada vez caminaba más despacio y temblaba
 con
más fuerza, tanto que el corazón se le comenzaba
 a
acelerar demasiado y apenas sí podía respirar.
 Tenía
que hacer algo o moriría de frío. Encontrar una
hoguera, tal vez, pero en la humedad que había
 le
resultaría imposible. Tenía que intentarlo. tal
 vez
buscando unas rocas en las que guarecerse... pero
 su
vista no atinaba alcanzar nada semejante. Un
 zumbido
pasó por sus oídos y un teatro negro con
 destellos
apareció ante él, sintió el blando contacto del
 barro
farragoso contra su cuerpo y se sumergió en un
 blando
y profundo sueño. Un hada angelical vestida de
 azul y
blanco se posó ante sus pies y le acostó
 dulcemente
entre unas telas de seda aterciopelada que le
 parecían
tan suaves como nubes de pétalos de rosas. Soñó
 que se
encontraba rodeado de un murmullo de voces que
 le
parecían las de un enjambre de moscas revueltas.
 Iban
a teletransportarse a otra época con una máquina
 del
tiempo. Sólo tenían que concentrarse con fuerza
 en la
autohipnosis producida por un mar de curvas y
 letras
entrelazadas clavadas sobre un soporte de tela
 blanca.
Estas señales ultravioletas salían de un
 proyector en
cascada y sus líneas se iban sucediendo sin
 fin. Las
primeras señales comenzaban a surtir efecto en su
interior y su espíritu abandonaba su cuerpo para
viajar por otra dimensión, más allá del espacio y
 del
tiempo. De repente, un silencio frío como un
 suelo de
mármol se presentó ante él y le envolvió con su
tonalidad de graves. El viento empujaba la dócil
 arena
y la volteaba en remolinos en la lejanía del ancho
valle desierto, dominado por la quietud de la
 tierra
y con un cielo poblando de brillantes átomos de
 luz de
una tonalidad azul intensa. Sólo oía su propia
respiración acompañada del compás de los latidos
 de su
corazón. Le comenzaba a arder la piel por la
verticalidad de los rayos. Se preguntaba cuál sería la
esencia de las profundidades del desierto. El
 valle se
dejaba rodear por los resplandores sedosos del
 sol y
el viento peinaba sus dunas, dándoles una forma
 suave,
como de lana amontonada. Varias horas pasó
contemplando estos cambios de forma que le
 parecían
tan espectaculares Castillos de arena se
 construían y
destruían al tiempo que batallones de arena se
revolvían sobre una duna y terminaban asentándose
 en
su ladera. Podía ver y entender al mismo tiempo
 la
batalla de la humanidad por la conquista de un
espacio, de una colina sobre la que establecer
 sus
reino. El Imperio de la Sombra de la duna
 luchaba
contra el Imperio de la Luz en una batalla
 desigual en
a que la arcilla roja de ambos bandos se
 confundía,
recordándole un pasado sangriento. y él se
 hallaba
allí como espectador de aquel horrible pasado y
 sobre
montones de muertos, de arcilla roja, de sangre
derramada por la conquista de un ideas por la
 lucha
de la luz contra las tinieblas, del día sobre la
noches, del Imperio de las Sombras contra el
 Imperio
del Fulgor. Podía sentir el chasquido de las
 espadas
cerca del escudo de su imaginación. las tropas se
agolpaban como un pelotón amontonado a la salida
 de
una carrera multitudinaria. Podía ver el norte y
 la
figura de Avylon y delgado como una pértiga, pero
fuerte como un grueso tronco de roble. Su mirada
 era
fija como la de un ¿búho? y atenta como los ojos
 de un
enamorado ante su reina.

Una sinfonía de verdes se mezclaba con el azul
 celeste
del cielo y la claridad blanquecina de las nubes.
 Un
rayo de esperanza alimentaba la quietud del
 bosque
como un susurro lejano y cargado de sonrisas. El
misterio del árbol dormía entre las ramas del
pensamiento de Ardiun como una tumba sepultada
 bajo
nocturnas tinieblas. El tiempo parecía haberse
detenido entre los latidos del recuerdo. Los
 mirlos
trinaban con un rumor de misterio que enturbiaba
 la
silenciosa luz de un ensueño. Comenzaron a brotar
 las
ideas de Ardiun como de un manantial los peces.
 El
resplandor que yacía oculto en su interior se
 despertó
ante sus profundos ojos. ¡Por fin podría entender
 el
enigma que durante tanto tiempo le había
 asaltado!.
Podía ver cómo las letras y los números caminaban
 de
la mano, por una senda que les conducia al
 futuro
desde algún secreto rincón del pasado. Podía ver
 cómo
crecían las ideas ante su jardín y de qué manera
 se
tornaban transparentes las fronteras del tiempo.
El tiempo había dejado de existir, ahora sólo
 había
espacio, cadenas de palabras enjauladas en la
 prisión
de la eternidad. No había movimiento, sólo
 impresión.
El jardín era húmedo como un paraguas mojado y
 verde
como el canto de un canario, amarillo como una
 risa,
azul como la caricia del viento, rojo como un
 grito y
blanco como el silencio de un suspiro. buscaba el
color de la eternidad... el color del infinito...</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/478/pasajes/1127/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
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	<pubDate>sáb, 07 jun 2008 08:55:25 GMT</pubDate>
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