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    	<title><![CDATA[En el aeropuerto en Literativa]]></title>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s]]></title>
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		<name><![CDATA[Fritzzie]]></name>
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    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/99/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 1º</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/122/">Fritzzie</a> el 27 de julio de 2007 · Rating: <strong>7</strong> con <strong>2</strong> votos · Leído <strong>178</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">De repente, como salido del sueño en el que se había sumido, pudo escuchar la voz eléctrica y la última llamada del vuelo a Buenos Aires. El hombre abrió los ojos, se desperezó en el asiento de la sala de espera y estiró las piernas. Cruzó los brazos sobre el pecho y observó a través de sus gafas a las personas que había a su alrededor, pero nadie le resultó familiar. 
 Echó una mirada al reloj: casi las nueve de la mañana.
 Se llevó la mano al bolsillo interior de la chaqueta y lo palpó; los billetes seguían allí. Tenía la boca seca y con mal sabor. Decidió que un café no le vendría mal y se levantó. Cogió el maletín y caminó despacio, pensativo, hacia el exterior de la sala.
 Se preguntó si ella vendría, si al final decidió escapar con él de aquel país extraño; si finalmente decidió cambiar su suerte junto al hombre que realmente amaba.
 De repente sonó su teléfono móvil. Inquieto, lo sacó del bolsillo de su chaqueta y esperó unos segundos antes de responder.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/99/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
  </tr>
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	<pubDate>vie, 27 jul 2007 09:13:31 GMT</pubDate>
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<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 2s]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[totoptero]]></name>
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	</author>
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    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/101/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 2º</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/99/">totoptero</a> el 27 de julio de 2007 · Rating: <strong>8</strong> con <strong>3</strong> votos · Leído <strong>165</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Lo que siguió a esa llamada fueron un par de minutos de silencio. Sólo se lograba escuchar el silencio del auricular que era abarcado por el vaivén del aeropuerto que amenazaba con estropear de los oídos de los futuros viajeros. Una voz femenina se logró escapar de la estática del teléfono móvil y alcanzó a susurrar un "ella no irá" casi imposible de escuchar. Lo que siguió a esa llamada fue un momento detenido en el presente, del que no lograba entender nada. Todos aquellos murmullos lejanos que formaban el ser y el existir de ese lugar-sin-lugar fueron repelidos y alejados por ese único susurro que salía de alguna parte de la ciudad. Sólo un sonido logró ensordecer al murmullo, era la voz metálica que se repetía, una y otra vez anunciando disculpas y un retraso inesperado del vuelo a Bs. As. El café todavía daba rondas en su cabeza, la llamada también, ahora se aumentaba a ese torbellino el retraso del vuelo. Todo se complicaba. Pero ahora tendría tiempo de sentarse, tomar un café y descansar un poco el cuerpo. Después de pedir el café sin crema ni azúcar, recordó la llamada: de algo estaba seguro: esa voz, no era la voz de ella.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/101/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
  </tr>
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	<pubDate>vie, 27 jul 2007 13:45:57 GMT</pubDate>
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<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 3s]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Fritzzie]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/122/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/107/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/107/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 3º</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/122/">Fritzzie</a> el 28 de julio de 2007 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>2</strong> votos · Leído <strong>149</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Pero, ¿a quién pertenecía esa voz? 
Mientras esperaba el café, se preguntó de nuevo si ella llegaría a tiempo, si finalmente se decidió. Recordó durante unos segundos los momentos pasados junto a ella. Qué hermosa la veía en su recuerdo; la vio de joven, con apenas veinte años recién cumplidos, como una flor tierna y débil, cuando le enamoró, y años más tarde, cuando consumaron el deseo, al fin, tras muchos intentos. Se sonrió débilmente, pensando en aquellos tiempos.
Pero su sonrisa, de repente,  se tornó gris, sin luz. Aquellos tiempos, se dijo a sí mismo, ya no volverán. Habían sucedido demasiadas cosas, tantas que ya nada volvería a ser igual, ni para ella ni para él. Tal vez, si finalmente él tomara el vuelo sin ella, tal vez nunca más la volvería a ver. Podría vivir sin ella, lo sabía, tenía esa certeza, pero un vacío en él se apoderaría lentamente de su alma hasta consumirlo.
Al fin, el café llegó. Decidió que no resolvería nada pensando en qué sucedería después, si es que acaso algo sucedía. Sorbió lentamente la bebida y, tras varios minutos, se levantó del asiento, pagó su consumición y salió del local.
Hasta entonces no notó su presencia, pero tiempo después sabría que ese hombre le conocía bien. Cuando estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta, notó que una mano le atrapaba el hombro. Girándose con sorpresa, le miró por primera vez a los ojos. El hombre sonrió.
- ¿Miguel? - le dijo.
Notaba la presión de los dedos en su hombro. ¿Quién era ese extraño? ¿Por qué sabía su nombre?
- Usted no me conoce, pero le sorprendería saber qué sé yo de usted.
De manera instintiva, Miguel se alejó del hombre dando un paso atrás.
- ¿Quién es usted? No le conozco...
- No es necesario que me conozca - su sonrisa creció hasta convertirse en una mueca -, pero pronto sabrá. No tema. 
El hombre comenzó a caminar, dando la espalda a Miguel. Tras unos segundos se detuvo y se giró para mirarle. Sus ojos le penetraron como una aguja ardiente penetra el hielo. 
- Si aún le interesa saber algo sobre ella - dijo el hombre, sin dejar de mostrar su sonrisa -, si aún pretende volver con ella a Buenos Aires..., sígame.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/107/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
  </tr>
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	<pubDate>sáb, 28 jul 2007 22:20:00 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 4s: En el aeropuerto]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[carlosdu]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/134/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/119/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/119/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 4º: En el aeropuerto</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/134/">carlosdu</a> el 01 de agosto de 2007 · Rating: <strong>4</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>138</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Miguel siguió al extraño hombre por la espalda mientras el aeropuerto se adornaba con una atmósfera de película francesa de los años sesenta, la atmósfera era creada principalmente por una canción de Georges Brassens y los abrigos largos de las personas que salían y entraban al aeropuerto con una mirada pasmosa buscando su vuelo o esperando sus maletas a la salida de los hangares. 

Miguel se pregunto porqué el no viajaba con maletas, apenas y llevaba un portafolios con los documentos necesarios para su identificación, el deseo de olvidar el pasado era tal que prefirió abandonar su departamento con todas sus pertenencias y escribir una nueva historia en Buenos Aires, ciudad a la que tanto amaba desde que conoció a Alicia. Y no es que ella fuera argentina, sino que ella anhelaba tanto viajar a la capital Argentina, y el odiaba sobremanera no conocer ningún detalle de Buenos Aires que le permitieran hechizar con historias los oídos de aquella dulce mujer que encendió sus brazos y le torno la mirada perdida con tan sólo un par de sonrisas. 

El hombre que conducía a Miguel se llamaba Caesu y miraba de reojo su caminar aletargado casi al borde del desmayo, no podía creer como un sujeto de complexión tan delgada y enclenque era capaz de transformar  su pasividad en una energía salvaje de mil caballos desbocados; sin embargo mantenía su mano en el bolsillo con su arma empuñada para prevenir cualquier explosión de Miguel. 

Caesu recordaba la carta encontrada en la casa de Alicia, todo era tal y como se había redactado en ella, ¿era posible que el mismo hubiera escrito la crónica de su delito y captura? Hasta ese momento se habían cumplido cabalmente cada uno de los renglones, el había sido encontrado en un café a las hora establecida antes de abordar el avión a Buenos Aires y ahora era conducido a un carro para su interrogatorio; sin embargo la última parte de la carta era críptica, en ella narraba la llegada de Alicia, a pesar de ello Caesu sabía bien que eso era imposible.

Ella no podría llegar a la cita prevista a pesar de que Miguel la esperaba, Caesu imagino a Miguel como un árbol enraizado al piso del aeropuerto después de años de espera, mirando pasar las tardes y las noches, deshidratado por los besos y abrazos perdidos y muerto en los entramados de las caminatas de los viajeros. De pronto, y con la mirada incrédula llena de terror Alicia apareció a la entrada del aeropuerto y Caesu feneció ante aquella presencia y ella se acercaba lentamente a ellos.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/55/pasajes/119/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
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	<pubDate>mié, 01 ago 2007 19:09:33 GMT</pubDate>
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