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    	<title><![CDATA[La Vida en Literativa]]></title>
    	<link>http://www.literativa.com/historias/78/</link>
    	<description><![CDATA[Si espero estar de tono para empezar algo  llegará  el fin de los tiempos así es que daré arranque con algo. 

La vida
¡Tonto! ¡Deja el tiempo como es y no analices! mira que te enredarás  en palabras y  pensamientos  y el desayuno  se enfría... 

Ya se que el tiempo pasa  pero vos no lo dejes pasar, haz lo tuyo  como yo lo mío y verás que lo único distinto serán  una arrugas  de mas  y algún malestar... dicen que cada cosa  tiene su tiempo por eso  haz lo que sea que debes, si no lo haces pues  ese tiempo si envejecerá y  lo cargaras en el lomo.

Deja ya Eugenio y a las obras... si debes reír, ríe... si debes llorar, llora... si debes amar...  ama... si debes construir, construye...

Fue un tiempo en que Eugenio despertaba de enredados pensamientos sobre el espacio, el tiempo, la reencarnación y un largo etcétera que no le dejaba tiempo para vivir, para ser.

Mas desde esa mañana en que la voz templada de la madre una vez mas lo incitaba a la acción, desde ese momento  en que se abrió una ventanita a la realidad, tímidamente comenzó a utilizar sus sentidos, comenzó a palpar las cosas, sentir asperezas, tersura, consistencia...   a detectar los sonidos  mas tenues y los tonos  de los cantos  de pájaros, del viento y las brisas... imaginaba el murmurar de las olas que no conocía, también imaginaba el sonido  de los copos de nieve al caer y el de una mirada cuando entraba en otros ojos..., como un niño tomó el sabor de todas las cosas posibles, por ello tuvo mas de una intoxicación. Gustaba de las cosas agridulces, especialmente  tomaba el sabor  de los pétalos  de flores, las de mas vivos colores eran las mas buscadas por sus labios. Perseguía los aromas  hasta llegar al origen y distinguía  los naturales  de los artificiales  con suma agudeza, decía que los naturales no hieren, que pueden ser fuertes  pero nunca agresivos... Levantaba su mirada y la llenaba de colores, de formas, fue  como si recién naciera... 

El tenía  esa mañana, contabilizando el tiempo que es escurridizo, lo que llamamos  veinte años.

Y puso en movimiento los dedos de sus manos, hacia movimientos y las miraba, miraba el giro  de la muñeca, el apretar del pulgar  para sostener, las yemas de sus dedos  llenas de sensaciones, cerraba y abría el puño  como si nunca antes lo hubiera hecho... Eugenio estaba despertando, fue un rayo de luz  que incidió  en su mente...]]></description>
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      		<description><![CDATA[Si espero estar de tono para empezar algo  llegará  el fin de los tiempos así es que daré arranque con algo. 

La vida
¡Tonto! ¡Deja el tiempo como es y no analices! mira que te enredarás  en palabras y  pensamientos  y el desayuno  se enfría... 

Ya se que el tiempo pasa  pero vos no lo dejes pasar, haz lo tuyo  como yo lo mío y verás que lo único distinto serán  una arrugas  de mas  y algún malestar... dicen que cada cosa  tiene su tiempo por eso  haz lo que sea que debes, si no lo haces pues  ese tiempo si envejecerá y  lo cargaras en el lomo.

Deja ya Eugenio y a las obras... si debes reír, ríe... si debes llorar, llora... si debes amar...  ama... si debes construir, construye...

Fue un tiempo en que Eugenio despertaba de enredados pensamientos sobre el espacio, el tiempo, la reencarnación y un largo etcétera que no le dejaba tiempo para vivir, para ser.

Mas desde esa mañana en que la voz templada de la madre una vez mas lo incitaba a la acción, desde ese momento  en que se abrió una ventanita a la realidad, tímidamente comenzó a utilizar sus sentidos, comenzó a palpar las cosas, sentir asperezas, tersura, consistencia...   a detectar los sonidos  mas tenues y los tonos  de los cantos  de pájaros, del viento y las brisas... imaginaba el murmurar de las olas que no conocía, también imaginaba el sonido  de los copos de nieve al caer y el de una mirada cuando entraba en otros ojos..., como un niño tomó el sabor de todas las cosas posibles, por ello tuvo mas de una intoxicación. Gustaba de las cosas agridulces, especialmente  tomaba el sabor  de los pétalos  de flores, las de mas vivos colores eran las mas buscadas por sus labios. Perseguía los aromas  hasta llegar al origen y distinguía  los naturales  de los artificiales  con suma agudeza, decía que los naturales no hieren, que pueden ser fuertes  pero nunca agresivos... Levantaba su mirada y la llenaba de colores, de formas, fue  como si recién naciera... 

El tenía  esa mañana, contabilizando el tiempo que es escurridizo, lo que llamamos  veinte años.

Y puso en movimiento los dedos de sus manos, hacia movimientos y las miraba, miraba el giro  de la muñeca, el apretar del pulgar  para sostener, las yemas de sus dedos  llenas de sensaciones, cerraba y abría el puño  como si nunca antes lo hubiera hecho... Eugenio estaba despertando, fue un rayo de luz  que incidió  en su mente...]]></description>
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        <item>
	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Despertar a la Vida]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/183/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/183/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/mini_80/40_1188392779204642.jpg" border="0" /></a></td>
    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/183/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 1º: Despertar a la Vida</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/40/">Isabel60</a> el 29 de agosto de 2007 · Rating: <strong>4</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>94</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Eugenio tenía el desayuno delante y como cada mañana sus pensamientos volaban. ¿Dónde? Sólo él y el tiempo lo sabían. 
Nunca frecuentó ningún lugar donde hubiera más de cinco personas. Eugenio se ponía nervioso y le faltaba el aire. Sentía que su corazón iba a marchas forzadas, trotaba como un potro asustadizo, le amilanaba ahogarse y que notaran su desazón. Las manos le temblaban y sus palabras eran entrecortadas. Un tartamudeo, hacía que su cara tomará el color de un tomate maduro. Era hábil y lo  controlaba a los  diez minutos. 
Nunca  quiso probar suerte y ver lo que podría suceder si se acercaba a algún lugar donde hubiera  media docena de personas o más. Solo de pensarlo, temblaba y un sudor se deslizaba por su piel joven y estirada, la piel era  del color del chocolate con leche. 

Pero esa mañana delante del desayuno su madre lo despertó y reaccionó. Después de verse y jugar con las manos, oler la naturaleza  y saberse vivo,  despertó  del largo letargo en  que había estado sumido durante veinte años. Se dirigió al baño, desabotonó uno a uno los botones de la chaqueta del pijama e hizo lo mismo con los botones del pantalón. Se desnudó  y miró por primera vez en el espejo sin temor, sin pudor. Tocó sus pechos planos, su liso estómago y llevo la mano hasta su sexo. 
Experimento que al acariciarlo tenía sensaciones agradables que nunca había sentido. Él mismo se dio el primer placer, consideró que  por primera vez  volaba muy alto y llegaba hasta  el cielo, se envolvió en una nube y está le trasportó a un lugar mágico de caricias Lloró de alegría, ¡¡se sentía vivo!!.  

Abrió el grifo de la ducha  de agua fría,  y cada gota que se descolgaba chocaba con su piel, era como si las gotas frías le cortejaran y se diera cuenta que no soñaba, que era todo realidad. El agua recorría su lozano cuerpo y pasaba por entre sus piernas, nunca se paro a contemplar tal sensación. Algo despertó todo su ser  y comenzó de nuevo a jugar con sus   manos  y ha experimentar</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/183/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mié, 29 ago 2007 10:06:19 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 2s: PESADILLAS]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/196/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/196/"><img src="http://www.literativa.com/contenido/objetos/mini_80/40_1188854160303752.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%" style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px;color:#000000;">
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/196/" style="font-family: Georgia, Times New Roman, Times, serif;font-size:20px;text-decoration:none;font-weight:normal;color:#CC0000;">Pasaje 2º: PESADILLAS</a></div>
    <div style="color:#999999;">Versión escrita por <a href="http://www.literativa.com/autores/40/">Isabel60</a> el 03 de septiembre de 2007 · Rating: <strong>6</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>111</strong> veces</div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Eugenio era callado, tímido, un joven muy introvertido. Por su cabeza pasaban pensamientos extraños que le hacían mucho daño y eran un verdadero tormento para su espíritu. Se sentía mal, tan mal,  que en varias ocasiones intentó quitarse la vida  si no hubiera sido por la rapidez de su madre que lo adoraba. Sólo lo tenía a él y era lo que más quería en el mundo.

Eugenio nunca le contó a su madre que oía   voces que lo atormentaba  en el silencio de la noche. Escuchaba como un grito aterrador pidiéndole  que hiciera cosas que él no quería. Esto se repetía desde que siendo un niño,   el fraile Javier se lo llevaba por las  noches  a su alcoba y le hacía felaciones y  quería que él, un niño de 10 años, se introdujera en su pequeña boca, algo tan feo, grande y en forma de salchicha. Él aborrecía esa cosa sucia y mal oliente que terminaba por expulsar al exterior un líquido blanquecino y viscoso. El niño andaba espabilado para no dejar que una sola gota le cayera dentro de la boca. En su mente infantil, pensaba que era veneno del diablo y algún día lo envenenaría.

En clase de religión, el fraile Javier, les decía que era pecado tocarse en las partes íntimas, aquellas que están entre los muslos. Él se daría cuenta de quien tuviera esos actos impuros, pues se le caería el pelo y se quedaría ciego. 
La  obsesión de Eugenio,  era que muy pronto tanto él como otros niños quedarían ciegos y se  sabría que eran impuros. También le  rondaba una fijación  en su cabeza, y era que el fraile Javier, estaría en la  misma situación que él  y el resto de sus compañeros. 
Cómo podría haber tanta contradicción entre lo que predicaba y lo que le hacia a él por las noches. 
Su mente infantil creció con muchas dudas y sobresaltos, fue poco a poco   enfermando. 

Se fue haciendo mayor de edad, su mente estaba enferma  y creció muy poco. Sentía voces que lo acusaban, otras veces le invitaban a hacer lo mismo que a él le hicieron cuando era pequeño. Él desechaba esa idea de su mente. Nunca haría daño a un niño. Recordaba lo mal que se sentía él y no haría desgraciado a ningún chiquillo. Nadie  merecía la humillación por la que él pasó.

En su juventud se despertaba  alborotado después de tener sueños eróticos. Se sentía mal al ver como su aparato amanecía grande y con cualquier roce sentía correrse y veía ese líquido blanquecino y viscoso que tanto le asqueaba desde  su infancia. Le daban nauseas y  su mente se enredaban  como una culebra a punto de ahogar  a su presa. De nuevo esos recuerdos tan repugnantes y espantosos hacían su presencia y se sumía en una ausencia de dos  o tres días. En esos días solo dormía, era una forma de limpiar los recuerdos y de dejar de sufrir.

A los  treinta  años parecía que su mente  estaba estable hasta que le jugo la peor de la jugadas.  A las seis de la mañana despertó:  en su cabeza  golpeaban gritos que llegaban  a    sus oídos y hasta  su corazón. Eran unas voces lamentables, desgarradoras  y punzantes que lo hicieron enloquecer por momentos. 
- Sucio,  eres sucio -  le decían  esas voces -. Obsceno  de pensamientos.  Eres asqueroso, das asco maricón de mierda.  
De repente las voces callaban y a los pocos instantes volvía a oírlas con más intensidad:   
- Eres una escoria mal  oliente como las hienas 
Otro sonido en forma de alarido  le susurraba bien dentro de su cabeza: 
- Eres la maldad personificada, el demonio...
Eugenio tapaba sus oídos pero  estos parecían tener aberturas por todos lados y esas voces continuaban gritándole e insultándole.  Se hizo tan chiquito que  mojó sus pantalones igual que cuando era pequeño y sentía tanto miedo en la habitación del Fraile Javier.

Se encerró en el cuarto de baño con un bisturí que había comprado tiempo atrás y, llorando como un niño, bajo sus pantalones y cortó de un tajo limpio aquello que tanto daño le causaba. Arrojó  el pene por el water  y tiró de la cadena. Su madre despertó asustada ante tanto jaleo y,  al abrir la puerta del baño,  se encontró  a su hijo envuelto en un charco de sangre.  Se horrorizó al ver la cara de su hijo: su expresión era una mueca de dolor mezclada con una leve sonrisa de satisfacción  al haberse arrancado lo que le atormentaba  desde niño. Angustiada y con manos  temblorosas  buscó con dificultad, las lágrimas le impedían ver con nitidez los números,   aun así  acertó  a marcar  el 112. 

Eugenio escuchó en la lejanía el sonido de la sirena de una ambulancia y otra de la policía. Poco a poco las sirenas se fueron alejando hasta que todo  quedó  en  silencio, un silencio sepulcral. Ya no se enteró de nada: perdió el conocimiento. 
Mientras tanto su pene viajaba por las tuberías y llegaría a alguna alcantarilla para servir de festín a las   ratas que viven en ese submundo y aun no hubieran desayunado.</div>
    <div><a href="http://www.literativa.com/historias/78/pasajes/196/" style="text-decoration:none;font-weight:bold;color:#235689;">Leer más...</a></div>
    </td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>lun, 03 sep 2007 18:11:15 GMT</pubDate>
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