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    	<title><![CDATA[DESEO en Literativa]]></title>
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    	<description><![CDATA[Cuando  el deseo aflora,  no se puede ahogar. Es como si  a un grito se le tapa la boca, no se llegará a escuchar con sonido nítido, pero un pequeño lamento si que saldrá de esos labios y alguien lo escuchará...
Si tienes  deseos... complacete tu mismo/a o date a alguien para  que te complazca, amenos que de que ya tengas a tu propia pareja y mutuamente os deís amor, cariño  y placer.]]></description>
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      		<description><![CDATA[Cuando  el deseo aflora,  no se puede ahogar. Es como si  a un grito se le tapa la boca, no se llegará a escuchar con sonido nítido, pero un pequeño lamento si que saldrá de esos labios y alguien lo escuchará...
Si tienes  deseos... complacete tu mismo/a o date a alguien para  que te complazca, amenos que de que ya tengas a tu propia pareja y mutuamente os deís amor, cariño  y placer.]]></description>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: DESEOS AHOGADOS]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
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	</author>
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    <td width="1"><a href="/historias/149/pasajes/273/"><img src="/contenido/objetos/83/92/ba/8392ba8e600d86c434ac049dfc06dba016086754/mini_80_40_1192743386943124.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/149/pasajes/273/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 1º: DESEOS AHOGADOS</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 18 de octubre de 2007 · Rating: <strong>6</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>162</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Elvira era mujer cuarentona con apetencias sexuales muy liberales. Era sutil y ligera como una pluma. Su melena ensortijada se movía como las olas del mar. Sus cabellos, suaves y perfumados,  olían a naranja recién exprimida y endulzada. Los cuidaba como si fueran su mayor tesoro.  Lavaba cada día  y peinaba  con sus delicados dedos. Su melena ondeante acariciaba  sus  firmes glúteos duros como dos melocotones a punto de madurar. Por ojos tenía dos almendras garrapiñadas dulces como la miel. A través de ellos  se veía el goce más grande que ella sentía cada vez que andaba y sus muslos rozaban la  Rosa roja  que escoltaban. 

Era una mujer bandera y todos los hombres la miraban y se enamoraban de ella.
Antonio era cincuentón y llevaba más de 11 años sin tocar a una hembra. Sabía cuando Elvira andaba cerca: le llegaba el olor de su perfume afrutado y ácido de las naranja recién exprimido. Ello hacía que su mástil  adquiriera  dimensiones abultadas que surgían bajo su pantalón. Era como  si izara una bandera bajo él. Éste  le apretaba hasta el punto de estrangular su órgano viril. Su pantalón quedaba pequeño como si hubiera encogido dos tallas  y a punto de reventar por la bragueta. Las mejillas de Antonio ardían y enrojecían por momentos.  Ese día no pudo aguantar más y después de 11 años sin estar con una mujer (demasiado tiempo estuvo sin placer), se metió en el cuarto de baño y se hizo  un buen desahogo. Estaba tan acalorado y excitado que no le dio tiempo  a tapar con papel higiénico y el volcán erupcionó con tanto brío, que llego hasta el techo y salpicó azulejos y puerta. Era como si se hubiera desatado una gran tormenta de leche desde la tierra que subía y subía y se desbordada como un mar de lava blanca.

Antonio a partir de este día recuperó su deseo sexual y cada día jugaba y movía sus manos acariciando entre ellas su falo rosáceo. Se sentía bien al ver que aun parecía una gran serpiente que se movía y retorcía con ganas.

Elvira era cajera de un gran supermercado. Su caja siempre estaba llena de hombres que portaban  sus cestas con un solo artículo. Era el gran pretexto para pasar cerca de ella y olerla y ver de cerca sus grandes atributos. Estaba provista de dos hermosos pechos. Su blusa transparente de seda blanca, dejaba ver  sus abultados y turgentes senos y en el centro dos  cerezas picudas muy duras rodeadas de dos aureolas de un rosa pálido.  
Ni una sola mujer pasaba por su caja ya que envidiaban sus perfectas cualidades y su  frescura juvenil.</div>
    <div><a href="/historias/149/pasajes/273/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>jue, 18 oct 2007 18:36:27 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 2s: DESEOS LOGRADOS]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
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	</author>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/149/pasajes/280/"><img src="/contenido/objetos/ec/79/20/ec7920e409f930dd27581cd8a27e5f00d4cd1663/40_1192988991644103.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/149/pasajes/280/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 2º: DESEOS LOGRADOS</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 21 de octubre de 2007 · Leído <strong>144</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Antonio cambió después de la experiencia  y de la relación  tan placentera que tuvo al proporcionarse él mismo autoplacer. Se arreglaba más en su aseo personal, planchaba bien las camisas y las rayas de los pantalones. Se aseaba más a menudo y fue  al peluquero para que le cortara la coleta que habitualmente llevaba con una goma común. Ésta normalmente corta los cabellos y los deja como estropajosos, con las puntas como quemadas.  Lucía unos pelos  con mucha grasa. Parecía que  cada día lo lamiera una vaca y dejara sus cabellos pegados unos con otros, bien adheridos al cuero cabelludo. Para ser cincuentón sus pelos eran totalmente plateados.  
 Pero el aroma de Elvira  y su la belleza lo cautivaron. Estaba loquito por la muchacha y en su cabeza maquinaba  como decirle que la quería y que estaba locamente enamorado de ella.
Él tenía temor de ser rechazado, sabía que si no lo aceptaban nunca más volvería a intentarlo. Era un hombre tímido y muy depresivo. Cuando su mujer murió quedó muy lastimado y se encerró en casa. Dejó de ver a los amigos y olvidó por completo  que tenía familia. Vivía como un verdadero ermitaño. De casa a la compra y de la compra a cosa. Trataba de no coincidir nunca con nadie en le ascensor. Y si coincidía, agachaba la cabeza y no daba ni los buenos días eso sí, si los demás le saludaban, él se limitaba a asentir con la cabeza.

Hola Elvira, que guapas eeeestas esta mañaaaaana ¿Te apetece tomar un caaafé antes de eeeeentrar a trabaajaaar?
Estabaaaa yo peeensando que haríaaamos buena pareja los dos papapara ir juntos al cine. ¿Tetete apetetece que vayyayaamos a ver una pelililicula?
No, no así no entres Antonio sé un poco más romántico se decía él mismo con gran tartamudeo. Nunca se fijará en mí, como va a salir con alguien que tartamudea a la hora de decirle a una dama que  es guapa y que se  la quiere invitar. Por un momento deshecho la idea de pedirle a Elvira. Pero su cabeza solo pensaba en  ella y solo se veía haciendo el amor con ella. 

Era tal la obsesión que pilló,  que cada mañana madrugaba y espiaba todos los movimientos de Elvira hasta que ella  llegaba a su trabajo.  Pensaba que de esta forma la conocería mejor y no seria tan difícil dar el paso de pedirle salir con él. Así estuvo como quince días seguidos en los que en cada uno de ellos,  cuando llegaba a casa,  se metía en la habitación y acariciaba su pene  y fantaseaba con Elvira. Veía  sus muslos apretados,  esos muslos que  custodiaban aquella dulce flor. Percibía entre ellos una bella  Rosa olorosa y con los pétalos abiertos. La mejor Rosa de un hermoso jardín, él quería ser el jardinero que la regara cada día y la cuidara con esmero y pasión. Antonio imaginaba entre sus manos y  acariciada, saboreaba en su boca el mejor de los elixires. Mecida su falo dentro de ella, y se giraba haciendo piruetas que a ella la excitaban más y más, entraba y salía, sus sexos ardían  y se envolvían en sus esencias cálidas y aromáticos. Él bebía  del elixir de esa fresca  flor. Mientras pensaba todo esto, un gran escalofrío recorría su cuerpo y tenía un gran orgasmo en solitario. No veía el momento de compartir aquello que tanto le gustaba y que sabía que cuando compartiera con Elvira,  seria  algo magnifico y muy gozoso para los dos.       

Después de treinta días de ir al supermercado y  de mirar a los ojos a Elvira Por fin tomó la gran  decisión y en un momento que ella le devolvía el cambio Antonio le dijo rápidamente y sin tartamudear ni una sola palabra
 -  Te espero a la salida,  tengo dos entradas para el cine.
 Elvira quedó pasmada y asintió con la cabeza. Antonio quedo atónito, nunca pensó que fuera tan fácil convencer a una dama tan bella. Pensaba que Elvira estaba fuera de sus posibilidades.    

Seré idiota se decía una y otra vez  mira que soy ganso, jejeje se ve que le gustó y no se lo ha pensado dos veces. Tonto de mí salían de sus labios  una  y otra vez esas palabras, tonto sí. Pero que idiota soy, podía llevar con ella casi un mes y por ser tan corto y miedoso me he perdido esos días de tenerla y disfrutar de  su compañía</div>
    <div><a href="/historias/149/pasajes/280/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>dom, 21 oct 2007 14:49:51 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 3s: ESCLAVOS DEL SEXO]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/149/pasajes/287/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/149/pasajes/287/"><img src="/contenido/objetos/e1/89/88/e189888593693554e153445314dbd7ea40013dee/mini_80_40_1193264309401118.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/149/pasajes/287/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 3º: ESCLAVOS DEL SEXO</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 24 de octubre de 2007 · Leído <strong>170</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Antonio quedó conforme y pensativo a esa afirmación tan rotunda de Elvira. Ya pensaba en la cita con ella y su cabeza maquinaba lo que haría una vez sentado en la oscuridad.
¡¡Iluso!! ¡¡ Pobre hombre!! 
No sabía que toda la fila que había tras él de caballeros, ya obtuvieron en su día ese sí tan contundente. Elvira se quitaba los moscones de encima, como ella decía, con   un sí que significaba un no ahogado que luego llevaba a la práctica. Y ese hombre no iba a ser más  que todos los demás. No eran de su estilo y de su atracción todos los varones que superaban los 40. No le interesaban. Eso sí, se contoneaba delante de ellos y sacaba sus gélidos pechos escondidos tras una camiseta fina de algodón,  que dejaba ver bajo ella dos guindas duras y jugosas. Los hombres que tanto la admiraban no se daban cuenta que ella era sólo una calienta braguetas. 

Elvira era una mujer atractiva, muy sexy y ella lo sabía. Sus gustos para fornicar eran los jóvenes que recién cumplían los dieciocho. A ella le gustaba dominar la situación y con ellos, con su  poca experiencia,  los dominaba. 
En sus días libres se paseaba por la universidad y embobalicaba a algún joven con sus contoneos y vaivenes de sus generosos pechos. En cuanto tenía oportunidad metía su felina mano en la bragueta de algún imberbe y cuando su falo se endurecía y se ponía recto como una vela,  ponía sus carnosos labios produciendo una felación. No importaba el lugar, ella se las ingeniaba para dar cremallerazo al pantalón y succionar. Beber el fresco elixir del joven que, no se podía resistir a tan placentera situación, y tenía uno de los mejores orgasmos. Era tal el  placer, que sus gemidos llegaban  a dar más luz a los rayos del Sol. Las hojas de los árboles aplaudían y reían mientras por su tronco corrian gotitas de  una resina espesa al sentir los gemidos de Elvira y el joven. Los pájaros entonaban una linda canción y copulaban en pleno vuelo.

A las 21 horas ya bien anochecidas, allí estaba Antonio como un clavo, esperando ver a  Elvira. Se había bañado y perfumado con Sculture, un perfume añejo, que su esposa en algún momento antes de morir le había regalado. Su pelo engominado daba aspecto de banquero o un alto ejecutivo.  Su olor llegaba a todos los rincones. Algún hombre afeminado que  pasaba por allí le echaba algún piropo.  Pero de Elvira no quedaba rastro alguno. Al ver que los guardias de seguridad cerraban el comercio les pregunto y ellos dijeron no saber nada de la tal Elvira.
Decepcionado y con  el rabo entre las piernas, marcho hacia su casa</div>
    <div><a href="/historias/149/pasajes/287/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mié, 24 oct 2007 19:12:46 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 4s: VIOLACIÓN FRUSTRADA]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/149/pasajes/293/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/149/pasajes/293/"><img src="/contenido/objetos/8c/be/08/8cbe0839c1d59cb0c5bbf99a8755897fba9e5d11/mini_80_40_119360461848323.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/149/pasajes/293/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 4º: VIOLACIÓN FRUSTRADA</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 28 de octubre de 2007 · Leído <strong>201</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Sumido en un profundo enfado y decepcionado por el plantón que le había dado, bebió y bebió varios cubatas. Estuvo todo el fin de semana borracho y descuidó su higiene. Su cabeza, con tanto alcohol no andaba muy bien que digamos y,  entro en una especie de obsesión  persecutoria contra Elvira

El lunes decide ir tres horas antes de la salida del trabajo de Elvira a espiarla. Ver donde va después de su jornada y ver con quien se relaciona, sus costumbres, sus gustos, sus hobbys  y porqué no  también sus vicios.
Agazapado tras una esquina, sucio,  mal oliente y con barba del fin de semana, un perro lo gruño por el mal olfato que hasta su nariz llego. Guauu guauuuu guauuuuuu. Antonio, nervioso y angustiado por los ladridos, movía los  brazos para asustar al perro. El perro recibía olores rancios   con  el movimiento de los  brazos del hombre, llegando a enfurecerle más y los ladridos eran más agudos. 
- Schiiiiii, calla chucho, fuera vete -, decía con voz floja y entrecortada Antonio. En esto salió un Guarda Jurado del comercio. Antonio rápido dio la espalda  al lugar y, con la cabeza agachada y las manos en las solapa de la chaqueta para tapar su cuello y cara, comenzó a andar con rapidez  alejándose del lugar.

Elvira como cada día salía del trabajo alegre y sonriente. Se sentía a gusto entre tanta gente. Para ella ser la protagonista de tanto hombre le enorgullecía y subía su autoestima y también su libido. Los hombres que más piropos la decían eran bien maduritos, pero ella se las ingeniaba para que en su cabecita esas palabras sonaran  como de chicos jóvenes. Estaba obsesionada por y con la juventud. Su cara era el reflejo de la felicidad, una felicidad que desbordaba  a raudales y que contagiaba a quienes conversaban con ella. 

Nunca imaginó lo que le esperaba unos metros más abajo. Ni por asomo, sospechó que ella pudiera ser la causante de tanto odio y de haber desatado en esa persona para que actuara   con tanta saña y maldad.

Antonio estaba por casualidad a quinientos metros del lugar por donde ella cada día se dirigía a su casa. Estaba tumbado en un banco de piedra. Ella pasó muy cerca pensando que sería uno de tantos vagabundos que   pululaban por  el lugar. No temió, pues a ella todos los de su barrio la conocían por ser persona grata que ayudaba con una moneda o con alguna que otra pieza de fruta picada que sacaba del comercio. Fuera del lugar donde trabajaba, había un gran contendor donde echaban la fruta que no  era acta para vender al público, ella cada día cogía una bolsa y dejaba justo en el banco que ahora estaba ocupado por Antonio. 
Allí en un ladito soltó la bolsa. Sin darse cuenta, las manzanas, peras y naranjas, rodaron por el banco y suelo. Una de las naranjas fue justo a la cara del que allí dormitaba. Él se incorporó y reconoció a Elvira por su melena ensortijada que le llegaba hasta rozar sus glúteos. 
Las aletas  su nariz comenzaron a moverse rápidamente, quería aspirar el olor a naranja fresca recién exprimida que había en su pelo y el perfume que despedía su cuerpo. Dio un salto y la enganchó del cabello. Tiro hacia él y ella dio un gemido  de dolor. 
Inmediatamente Antonio saco un pañuelo del bolsillo  derecho de  su  pantalón. La  prenda  estaba manchada de mocos y con las puntas oscuras de meterlas en las orejas para limpiar su cera. Tenía cogida a su  presa  con todos los dedos de la mano izquierda y había dado una vuelta con el pelo en su mano tratando de hacer una especie de nudo. Introdujo rápidamente  el pañuelo lleno de sus miserias en la boca de Elvira,  mientras ésta daba un segundo grito que  quedó ahogado en un susurro lastimero.

Una vez que el hombre vio que no podía gritar y tenía a su presa bien enganchada, desde la parte de atrás puso su afilada nariz en la nuca de Elvira. Aspiraba su aroma y eso le hacía excitarse. 
Ella, angustiada, notaba como algo muy duro tenía pegado a su culo. Esa  sensación la asquea y la daba pavor. 
Sus piernas comenzaron a temblarla. No le dio tiempo a tambalearse. Él la tenia bien apretada contra su pecho, mientras  la mano derecha tocaban con lascivia  sus duros pero asustados pechos. Ella se resistía e intentaba girase para que no la tocara. Cuanto más se resistía ella  más bravo se ponía Antonio. La giro y puso frente a él. La dio un bofetón y acto seguido rasgo su blusa de seda transparente con puntillas en el cuello. Rompió el sujetador tirando bruscamente de él y mordió con fuerza sus pezones. Fue tan grande el dolor  que Elvira perdió el conocimiento. Antonio nervioso y como un loco, desabotonó y bajo los pantalones de la muchacha. Sin perder un segundo  bajo su cremallera y cogió su miembro con la mano derecha. Pegó un tirón  a las bragas de la chica y  separando  sus piernas intentó  introducir su falo erecto y bien erguido. 
Sintió un dolor muy fuerte en su cabeza, noto como todo giraba a su alrededor  y no pudo terminar la faena afortunadamente para Elvira.  
Mientras tanto  a Elvira le ponían una botella de vino en la boca. Al pasar este por su garganta, reacciono y,  al abrir los ojos, se  encontró a uno de sus amigos vagabundos a los que ella ayudaba con comida. Él se quito    su sucio y apestoso  abrigo, y cubrió el cuerpo de Elvira. Ésta se quitó  el pañuelo de la boca y asqueada lo arrojó todo lo lejos que pudo.  Su amigo vagabundo la ayudó  incorporarse

Allí quedo tendido Antonio con una herida en la cabeza y echando sangre como un cerdo al que hubieran pinchado con un cuchillo para matar. Mientras tanto, la chica era ayudada y con la mano pasada por los hombros  era conducida a su casa.  Elvira abrió su bolso mientras caminada y sacó su móvil para llamar a la policía: 
- Miren en el parqué de los olivos como a unos quinientos metros del comercio Mercadona, hay un individuo tirado en el suelo. 
Según llegaba a su casa, fue recordando que había quedado para salir con ese hombre al que ella dio plantón. Recapacitó y comprendió que no obró bien  al dar esperanzas sabiendo que no las iba a cumplir. Se dio cuenta que su forma de actuar solo traía odios. Se prometió que jamás volvería a mentir a una persona ni hacerla sentirse mal.

Los vagabundos que se quedaron  alrededor  del cuerpo de Antonio, desaparecieron cuando escucharon las sirenas   de la policía y  ambulancia acercándose.</div>
    <div><a href="/historias/149/pasajes/293/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
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	<pubDate>dom, 28 oct 2007 17:50:21 GMT</pubDate>
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