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    	<title><![CDATA[Ludopatia y cambios en la personalidad en Literativa]]></title>
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    	<description><![CDATA[Una persona es sociable hasta que coquetea con el juego...]]></description>
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      		<title><![CDATA[Ludopatia y cambios en la personalidad en Literativa]]></title>
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      		<description><![CDATA[Una persona es sociable hasta que coquetea con el juego...]]></description>
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	<title><![CDATA[Pasaje 1s: Ludopatia y cambios en la personalidad]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
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	</author>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/494/"><img src="/contenido/objetos/31/8e/1b/318e1bd9ea08a37cb461a9e1c5fd6a960623c623/mini_80_40_1203942661964522.gif" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/494/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 1º: Ludopatia y cambios en la personalidad</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 25 de febrero de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>2</strong> votos · Leído <strong>929</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">En un pueblo al sur de Ribagordo en la provincia de Córdoba, vivía una familia compuestas por un padre, la madre, un niño de de 5 años y su abuela. 
Viven humildemente con el sueldo del padre que se gana la vida como peón de albañil.
La madre  ganaba un pequeño sueldo: iba de casa en casa limpiando y lavando  la ropa de personas enfermas con mínimos recursos. Los ingresos de estas personas eran una pequeña paga de jubilación. Otros tenían la paga de viudedad, la gran mayoría  estaba en condiciones económicas muy precarias, rozando los límites de la pobreza. Por cada prenda que lavaba recibía la cantidad de 50 céntimos. Ella  además tenía que llevar el jabón. 
En su casa cada año hacían matanza y grasa le sobraba. Guardaba manteca que con ella hacia enormes cajas de jabón, de esta forma no le suponía ningún  desembolso económico y lo que ganaba era íntegramente limpio.  
La abuela, que era su madre, también aportaba su viudedad. Una mensualidad muy pequeña, ya que aquí en  España solo pueden disfrutar de la mitad de la paga del marido.  

Mientras ellos se iban a trabajar, la abuela se hacia cargo del nieto y lo cuidaba con cariño y mucho esmero. Preparaba cada día el desayuno. Una hora antes más o menos  de que el niño se despertara, ella ya tenía la leche cocida.  Leche que ella misma había ordeñado de una cabra que tenían detrás de la casa. Estaba  en un corral y sin techo. Allí pernoctaba a la luz de la luna, la compañía de las estrellas  y  las inclemencias del tiempo.  Era  un  pequeño corral preparado con sobrantes de las  obras que el padre aprovechaba. En otro rincón descansaban en el suelo unas jaulas con gallinas. Estas tenían la costumbre de poner huevos todos los días.  La Abuela cada día recogía sus huevos y le echaba uno batido a la leche del niño. Le preparaba un ponche  para desayunar. Abuela y nieto se tenían un cariño especial. Prácticamente estaban todo  el  día juntos los dos. Ella le contaba cuentos e historias mágicas  mientras calentaban sus pies y manos con el  único calor del hogar que había en la casa.  

Jerónimo pidió  un adelanto de su salario, estaba nervioso, su manos y frente humedecidas a pesar de no hacer nada de calor.. Aun eras día 10 y ya había pulido todo el sueldo de ese mes. Así un mes y otro nunca aportaba nada en casa. 

Poco a poco, las maquinas tragaperras fueron envolviéndole sin que él se diera cuenta. Era como el mejor de los amantes. Se abrazaba a ella y no veía momento de retirase hasta que sin euro en los bolsillos, ésta  le repelía, y comenzaba su pesadilla de nuevo. La angustia le ponía una soga al cuello y no era capaz ni de respirar. Sus ojos se desorbitaban, su cuerpo comenzaba a temblar y su boca se quedaba seca como la mojama. Toda la euforia recibida momentos antes de coger varios premios, se convertía en un verdadero calvario una vez echado de nuevo el dinero en el corazón de la máquina. Un corazón despiadado que a él le estaba arruinando como ser libre. No era libre, necesitaba acudir y sentir el ruido de la maquina y ver las luces que alegres le indicaban de un gran premio que se dejaba escapar de las manos.

Llegaba a casa desarrapado y nervioso. Gritaba por cualquier cosa sin importancia y a su suegra ya la había propinado  algún que otro empujón. No toleraba que ella le dijera que estaba cambiando. Las abuelas son astutas y ven a 100 leguas problemas de las personas que más quieren y a Jerónimo lo quería porque era un buen hombre, el marido de su hija y el padre de su nieto. Pero ella notaba como por momentos Jerónimo perdía sensibilidad, se volvía áspero, gruñón y malhumorado.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/494/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>lun, 25 feb 2008 09:31:02 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 2s: Atrapado en su propio juego]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/496/"><img src="/contenido/objetos/bb/92/c7/bb92c79bb57127f659eb50ff946a631afa335bf5/mini_80_40_1204098740980865.JPG" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/496/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 2º: Atrapado en su propio juego</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 27 de febrero de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>380</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">De los 1.440 minutos que tiene el día, no era capaz de sonreír ni medio segundo. Se volvió descuidado en el aseo. Embustero en el trabajo y despegado de la familia. Mentir era el acto más notorio en su vida. 

Aurora era un pedazo de pan. Una buena  esposa,  dulce y melosa  como el arrope, nunca contrariaba a su marido. Llegaba deslomada por el gran esfuerzo que tenia que hacer al restregar algunas prendes grandes como las mantas, que algún abuelo había ensuciado de caca, pises, o algún plato de sopa poco estable que  se vertió y mancho el ajuar puesto en la cama.    
Era limpia, afable, nunca se quejaba, por eso  las voces corrían de unos a otros y era tan solicitada. Cada noche después de la dura jornada, entraba en la habitación del niño, no lo despertaba, solo ponía sus cálidos labios en la frente,  besaba y contemplaba como dormía su hijo, allí estaba  por un largo rato. Más de un día amaneció sentada en la silla a su lado y acariciando  sus manos. Para las madres es  muy duro tener que dejar a su hijo para ir a ganase la vida, se decía para sí. Sabía  que el niño quedaba en buenas manos, las mejores manos que a ella le cuidaron cuando era pequeña. Ese no era su temor, si no, que el niño se estaba criando solo en la compañía de su anciana madre.


Jerónimo llevaba más de un año enganchado a las máquinas tragaperras. Antes de cobrar el salario del  mes, ya lo había gastado. Pedía adelantos y mentía a su jefe, a los compañeros y a lo más sagrado que era  su familia. Mentira tras mentira se iba cargando de deudas. Se endeudaba  para saldar deudas de juego y así poder jugar nuevamente para eliminar la nueva deuda contraída. Así mismo se decía   que todo se solucionaría enseguida, cuando le llegara  una racha buena. 
Un  día y otro,  era atrapado por las máquinas  tragaperras que con el  sonido al caer de  las monedas y el derroche de  músicas, palabras seductoras y colores en movimiento cada vez lo estimulaba más,   lo atraían como la mejor de las amantes. Jerónimo sentía verdadero placer cada vez que la máquina le decía ¡¡¡Premio!!!</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/496/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mié, 27 feb 2008 04:48:59 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 3s: Como muñeco de trapo]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/498/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/498/"><img src="/contenido/objetos/4a/8c/f7/4a8cf72cb74090aa61d38f44a77e2da41b414931/mini_80_40_1204279241595450.jpg" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/498/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 3º: Como muñeco de trapo</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 29 de febrero de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>2</strong> votos · Leído <strong>376</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">En primavera,  los días eran más largos y daba para hacer muchas actividades. Raquel y Raúl, su nieto,  salían al huerto a  recoger  las primeras fresas maduras, Raúl no esperaba a lavarlas  directamente de la mata se las comía. Seguido se iba  al corral a jugar  con las gallinas y la cabra.  Corría detrás de las asustadas gallinas  sin lograr atraparlas. La cabra, estaba cansada de que él se subiera en su lomo como si fuera un caballo y,  en sus movimientos, Raúl era lanzado al suelo. Una y otra vez trepaba para trotar encima y pasearse tan solo unos pasos, ya que el animal era algo tosco e irascible,  respingaba como un toro bravo y Raúl partía de nuevo al suelo. Agotado por tanto juego, se iba en busca de su abuela y se enrollaba en su mandil. Un mandil que más de un día sirvió para limpiar su nariz, ya que  la gran mayoría del tiempo ésta, estaba  adornada  con dos velas transparentes.

Su abuela lo cogió en brazos y enseño un nido de pájaros. La madre entraba y salía sin ningún temor y revoloteaba en las cabezas de ellos. Miraron dentro y vieron que había huevos,  pensaron que lo que allí habían descubierto era un bonito hallazgo.  Día tras días se quedaban embelesados mirando los minúsculos huevos a la espera de ver salir de ellos unos pajaritos.  Pasaron algunos días y, por fin se llevaron la sorpresa al ver cuatro pequeños y rosados pajaritos. Aquél día fue muy feliz,  compartieron cosas muy hermosas    que nunca olvidaría ninguno de los dos. 

Jerónimo, esa noche, llego por primera vez tambaleándose y disparando improperios a su suegra. De su apestada boca a vino rancio, salían palabras hirientes. Jerónimo comenzaba  a tocar fondo  e introducirse en un pegajoso fango que lo atrapaba sin oportunidad de darle unos minutos de descanso. Intentó ponerse en pié pero sus piernas temblorosas se doblaron de nuevo como si fueran  las de un muñeco de trapo. 
Estaba sucio, sudado, he incluso se había echo sus necesidades encima. Era igual que un guiñapo sin fuerzas físicas ni moral para soportar tanta perdida de dinero</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/498/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>vie, 29 feb 2008 07:00:41 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 4s: Primeros indicios sospechos...]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/506/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/506/"><img src="/contenido/objetos/4c/01/a4/4c01a42ed0e4f6d7107ba755e238e16532c0fdad/mini_80_40_1204877829605835.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/506/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 4º: Primeros indicios sospechos...</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 07 de marzo de 2008 · Leído <strong>326</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Raquel, aprovechando que Raúl ya estaba durmiendo, salió de la casa  para acallar las voces que su yerno daba dentro del corral. Un corral limpio que ella, por la mañana,  se había  ocupado en recoger  las bolichas  de  abono  que  la cabra  esparcía por el corral. También había limpiado las gallinazas de las gallinas para abonar las patatas que aun tenían que crecer y engordar en la mata.  Las gallinas  sin  tanta mierda dentro de las jaulas,  tenían más espacio para poder moverse y romperían menos huevos. 

Percibía un olor extraño y no era de los animales ya que ella misma se encargó por la mañana  de su limpieza. Apestaba a pis revuelto con alcohol y heces humanas. Una mezcla explosiva que al respirar le arañaba la garganta y hacía daño en sus pulmones. Pero no era momento de pensar en el desagradable olor si no, en aligerar y quitar de allí aquellas miserias para que su hija, al llegar a casa, no se encontrara con tan deplorable espectáculo. 

Raquel era una abuela de 69 años de edad,   su fuerza no era mucha,  no podían resistir el peso de un hombre joven y grande como era su yerno Jerónimo. Aun así,   saco fuerzas de su corazón  y con la ayuda de Jerónimo,  logró que  éste se levantara a pesar de ir  tres veces  al suelo. Por fin él hombre puso un poco de su parte y logró mantenerse en pie.

Su suegra lo llevó hasta el baño y allí lo despojo de sus ropas.   Transportó  éstas  dentro de una bolsa negra de la basura, y rápidamente  la  llevó hasta la pileta del corral para que no hubiera mal olor en la casa. 
Le ayudo a lavarse, le seco, puso el pijama y sujetándolo de un brazo,  lo condujo  hasta el   cuarto del matrimonio  dejándolo sobre la cama. 
Fregó bien el cuarto de baño con lejía y ventilo toda la casa.

Aurora llegaba agotada, el duro día restregando tantas ropas la estaba dejando sin fuerzas. Su  madre ya la tenía un buen tazón de leche calentita, bien endulzada y colmado  con sopones de pan del día anterior. Esa era la cena de  cada noche.  Trabajaba y trabajaba y no veía prosperidad en su hogar. Cuanto más trabaja, más pobre estaba. Saco de su pecho varios billetes arrugados que guardaba entre el sujetador y sus diminutos senos, algo lánguidos,  por haber amamantado  a su hijo hasta los 27 meses de edad.  Movió uno de los muebles de la cocina, quitó la baldosa donde guardaba los ahorros que con tanto esfuerzo ganaba. Ese dinero,  era la llave  que abriría las puertas  para  que su hijo tuviera acceso a un  buen futuro el día de mañana.   Aurora pensaba y luchaba por  darle una buena educación con el dinero ganado con el sudor de su frente y sus desgatadas manos . Tomó  la bolsa transparente donde había más billetes y se dio cuenta de que faltaba bastante dinero. De pronto su corazón dejó de latir, la  bolsa estaba  menguada, alguien había sacado dinero de allí.  
 Esa noche entró  en la habitación de su hijo para verlo y besarle  igual  que hacía cada noche. Allí amaneció al día siguiente. No pudo hablar con su marido para preguntarle en qué había gastado el dinero que faltaba de la bolsa. 

.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/506/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>vie, 07 mar 2008 05:03:41 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 5s: Un día de suerte]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/511/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/511/"><img src="/contenido/objetos/95/17/64/951764b9b874f26238ee5dd997e5be89e366ca41/mini_80_40_1205313543230060.JPG" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/511/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 5º: Un día de suerte</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 12 de marzo de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>367</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Jerónimo acudió a su trabajo con un dolor inmenso de cabeza por la bebida consumida el día anterior. Resaca, a eso se le llama resaca. Seguro que si llega a olerse lo que allí  le esperaba,  ese día no hubiera acudido al trabajo.
Además de tener una sed intensa, dolor de cabeza, mareo, visión borrosa, dolor muscular, y malestar general con nauseas y acidez de estómago, se le añadió que su jefe lo llamó a la oficina y le echó una gran charla. Él no estaba para esas zarandajas ese día por la mañana. Tuvo que morderse la lengua para  y no contestar a su jefe de malas maneras. Aguantó el tirón mientras sus oídos y hasta las uñas de los pies le dolían considerablemente. 

Su jefe le dijo que acudiera al médico ya que  no estaba en condiciones de subirse a un andamio y poner en peligro su vida y la de los demás. Además le dijo que allí no quería trifulcas y que de un tiempo a esta parte,  él se estaba peleando con todos sus compañeros. Desde el oficial  de primera, hasta con los aprendices. No había hombre en la empresa que no hubiera tenido roce verbal con él. 

Salió de la oficina y echó a correr como alma que lleva el diablo. Al doblar la esquina y perder de vista el edificio  donde trabajaba, se serenó y fue más pausado en sus pasos.  Realmente no sabía qué camino seguiría. Tomaría cualquiera  menos ir al  médico.  Su cabeza se puso  a divagar multiplicándose  el dolor. Y se decía a si mismo que tenía que cambiar porque eso le arruinaría la vida   y también  la de su familia. En su mente se hizo buenos propósitos que quería cumplir y llevar a cabo en el menor tiempo posible. Dejaría el juego y no bebería. Seria el hombre amable y coherente que antes había sido.
Sin proponérselo llegó hasta una casa de juegos. Era como si las maquinas tragaperras lo tuvieran atrapado y desde la lejanía como una dulce sirenita acudiera a su vocecilla. Todos los buenos pensamientos y cambios que unos minutos antes tenia en mente, se fueron al carajo. Su cara se transformó de la  tristeza a  una euforia total. Allí  había  montones de maquinas alegres, con colores llamativos y cantarinas para embaucar al los más débiles. Estaba visto que él sería incapaz de curase solo y necesitaría  la ayuda de profesionales.

Rodeado de música, voces y color,   pasó  toda la mañana con 50 euros que le pidió a su jefe, éstos serian restados de la paga del mes de julio. La paga extraordinaria ya había  comenzado a gastarla antes de su tiempo.  Aún no había terminado el mes de abril y ya tenía dilapidadas las mensualidades hasta julio y comenzaba con la paga extraordinaria. ¿Cómo un padre de familia podía llegar a esos extremos de fundir, quemar el salario en unas tontas maquinas que a cambio le daban color y palabras bonitas? La soledad de las personas nos puede llevar a cometer atropellos como el que  Jerónimo, estaba cometiendo.  El dinero que estaba destinado a cubrir los gastos familiares y alcanzar el ansiado bienestar, estaba siendo  dilapidado, depositado en el cajon de la máquina,  y a cambio realmente de tan poca cosa, pero que para las personas adictas, es como si tuvieran el mejor de los orgasmos. También era una forma lastimosa  de paliar su soledad. Necesidad de jugar  y lo hacia compulsivamente. 

Ese día parece que la suerte le vino a visitar.  Había ido perdiendo a lo largo de la mañana  los 50 euros, pero después tuvo un golpe de suerte  y  fue cambiando de maquinas y recuperó lo que otros habían echado en ellas. La suerte estaba de su lado. En esos momentos, iba hacer un nuevo cambio  de máquina para abrazar  a la Diosa Fortuna o la pérdida de todo su caudal, y no tuvo más remedio que ir al baño: en un intento de aligerar su tripa de gases que le hacían daño, se le escapó un pedete acompañado de heces blandas.  Tuvo que dejar de jugar e ir al baño para  limpiar, con papel higiénico,  su calzoncillo manchado y el ojal por donde se escaparon algunos restos de su mórbida defecación. 
Afortunadamente se le descompuso la tripa y no pudo seguir echando a las maquinas.  Estaba incomodo   por la humedad  que tenia en sus nalgas y el olor  que desprendía su calzoncillo.

Regresó a casa con 150  euros que parecían le quemaban en la mano.
 Allí se encontró con su esposa. Está  sorprendida  y él también, no supieron que decidirse. Se saludaron y besaron sus mejillas, muy  coloradas las de él,  y con cierto temblor en la voz al preguntar a su esposa  que qué hacía allí a esas horas.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/511/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mié, 12 mar 2008 06:06:00 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 6s: Encuentro fugaz]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/633/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/633/"><img src="/contenido/objetos/a5/17/f4/a517f42dbba60826803e3013ff3c571ec180c9a5/mini_80_40_1206749876955569.JPG" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/633/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 6º: Encuentro fugaz</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 28 de marzo de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>344</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Aurora le contestó que no se encontraba bien y ese día había vuelto a comer a casa, no iría a trabaja por la tarde. Ya tenía cita para que la visitara el médico estaba agotada y requería que la recetara unas vitaminas o algo para que su cuerpo tuviera fuerzas.
Después de ese saludo tan frío, Jerónimo se metió en el baño para lavarse, aun tenía la humedad en sus nalgas. 
Mientras caminaba de espaldas, Aurora le observaba y se daba cuenta de la desunión que había entre ellos dos. Realmente eran dos desconocidos. Por un momento se alegró de encontrase en casa y poder hablar con su marido.
Mientras tanto éste no veía el momento para salir del baño. No quería encontrase con su esposa y pensó que dado que tenía dinero en sus manos repondría la cantidad extraída de los ahorros que su esposa iba guardando para la educación de su hijo. 
Salió del baño con cuidado de no cerrar la puerta para no hacer ruido. Iba por el pasillo de puntillas como si de una joven bailarina de ballet se tratara. 

Entró en la cocina y dejó la puerta entre abierta e introdujo su slip sucio en la lavadora. Rápidamente movió el mueble donde se encontraba la baldosa que custodiaba el dinero para el futuro de su hijo. Allí no había nada, debajo de la baldosa no estaba la bolsa transparente de la que un día sacó 130 euros. Con mucho sigilo puso de nuevo el mueble e hizo el menor ruido posible pero, por la rendija de la puerta, vio a su esposa como le miraba mientras terminaba de colocar el mueble en su sitio.

-Jerónimo, quería hablar contigo de este asunto  le dijo su esposa señalando con el dedo la baldosa que había debajo del mueble -. Casualmente el otro día quite de ahí el dinero. ¿Tú has cogido dinero de ahí verdad? 
- No, no, yo no.... Bueno sí pero iba a ponerlo en estos momentos. Lo tomé prestado para dejárselo a un amigo. Me lo pidió porque iban a operar a su hijo y al final no le han operado. 
- ¡¡Dámelo que yo lo pondré de nuevo en su sitio!!  contestó con énfasis Aurora. Jerónimo sin rechistar le dio los 3 billetes de 50 euros. 
 Aurora, necesito el cambio de 20 euros. Yo tomé 130 y los 20 euros me hacen falta para comprar tabaco.
- ¿Desde cuando fumas? No sabía que fumaras. 
- Llevo fumando unos días.
- Parecemos extraños no nos cocemos, ¿que nos está pasando?
Jerónimo asintió con la cabeza diciéndole a su esposa  tú no estás nunca, hace muchos días y diría meses que no te acuesta conmigo. Pero si que tengo que aguantar a la arpía de tu madre, porque no se va ella de esta casa y te quedas tú aquí. 

- No es necesario que salgas a trabajar - decía con reproche Jerónimo. Nuestro hijo no hace falta que vaya al colegio. Tú no has ido y yo tampoco y vivimos, no nos falta de nada. Nunca nos faltó y éramos una gran familia. Tú siempre estabas aquí y lo tenías todo a punto. Hablábamos y nos queríamos y ahora a penas nos vemos, casi se me había olvidado lo guapa que eres. Y rodeándola con sus brazos y las manos,  la trajo hacia su cuerpo. La dio un beso mientras la metía la mano por el escote para tocar sus lánguidos pechos que para él eran los mejores: canela en rama.
-No, no me toques,  y no te consiento que hables así de mi madre. Ella se desvive por tu hijo. Como puedes decir eso de ella. Además, tu suegra está en su casa ¿o es que se te ha olvidado que somos nosotros lo que vivimos de prestado?
Jerónimo la dio un empujón que la hizo tambalearse, apunto estuvo de caer al suelo. Él dio  un energético   portazo  y se fue a  la habitación, afortunadamente, y se metió en la cama.

Eran las 14 horas y Raúl, como casi todos los días, estaba con su abuela en el corral recogiendo los huevos y dando de comer a las gallinas. Este trabajo solían hacerlo por la mañana, pero ese día se quedaron dormidos y tuvieron que hacerlo a esas horas. Eso hizo que ni viera ni escuchara ninguno de los reproches que se hacían sus padres.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/633/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>vie, 28 mar 2008 21:17:58 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 7s: Preludio de Amor]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/803/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/803/"><img src="/contenido/objetos/df/f6/9c/dff69c940944f90a5ae5d6bc0d63095e40b9c468/mini_80_40_120785747977582.JPG" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/803/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 7º: Preludio de Amor</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 10 de abril de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>462</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Por  sus ojos de color miel, brotaron perlas traslucidas  que corrieron por   su piel  pálida,  un cutis que comenzaba a adquirir  matices  del color del  durazno  que    los primeros rayos del sol de la recién estrenada primavera iban tostando con delicia. A medio recorrido de su frágil cara,  las  gotas saladas escapadas de su mar revuelto (su alma herida), ella recogió con sus dedos índices y secó de su cara las lágrimas con sus dedos corazón. Mientras tanto seguía poniendo el mantel, cubiertos, platos para poder comer las alubias  con verdura y chorizo que su madre había preparado.

Puso la mesa para cuatro comensales aunque intuía  que su marido no vendría a comer. Le conocía demasiado bien, sabía  que era rencoroso y metería la cabeza bajo el ala como el avestruz para no reconocer sus equivocaciones. No era muy dado a dar marcha atrás y tendría que ser ella quien pidiera perdón. Jerónimo era  muy buena persona pero la ludopatía lo estaba volviendo arisco y  desconsiderado, cambio su carácter. Nunca fue agresivo y tampoco se comportó mal con su esposa ni su suegra. Por eso a Aurora le dolió el empujón y sobre todo el comentario hacia su madre. Se daba cuenta de que su esposo no estaba pasando por un buen momento y eso le hizo que se pusiera en alerta para ver que le estaba sucediendo.

Comió con su hijo y su madre. Recogió la cocina mientras  la abuela  le leía un cuento a Raúl  en su habitación para que se durmiera la siesta.
Al poco tiempo se asomó y vio que  nieto y abuela   dormían placidamente en la misma cama.

Entró despacio en su habitación y puso sus labios ardientes en los de su marido. Para ella, eso era el mejor signo de que lo perdonaba y él también lo sabía. Éste se hizo el dormido y se dejó besar. Entreabrió una pizca los ojos y vio como el vestido de su esposa resbalaba sin ninguna prisa por su delgado cuerpo. Llevaba más de un mes sin verla desnuda. Aurora se quitó las braguitas y también el sostén. Eran de color negro y eso a Jerónimo lo excitó. Hizo que su miembro se elevara y él se ruborizara entre las sabanas blancas. En tanto Aurora se fue caminando casi de puntillas al cuarto de baño.
Los ojos de su compañero no se apartaban de su pequeño pero duro trasero.  Hasta que ella cerró la puerta del baño y dejó de ver el gran monumento, que para él, era el cuerpo desnudo de su mujer. 

A los diez minutos la habitación se colmó  de un aroma a carne limpia y fresca. Ella hacia su presencia envuelta  en una toalla blanca. Frente  a su marido dejó caer la toalla he hizo intención de subirse unas braguitas color violeta. Pero unas manos que salieron de la cama no dejaron subir más la prenda femenina. Ella se tapó y cruzó las piernas con pudor. Pero su marido la atrajo hacia  la cama. Ella movía negativamente  la cabeza. Él seguía tirando de su cintura hasta que consiguió atraerla  a su lado. Aurora no dijo nada y se dejo hacer. Se entregó en cuerpo y alma a su esposo que, en esos momentos,  parecía que le había dado un ataque locura.  Vibraba y se emocionaba de la misma manera que lo hacia cuando estaba delante de las   máquinas tragaperras,  que en ese momento no emitía sonido alguno ni lucia colores deslumbrantes. Pero esa máquina era tibia y blanda. De vez en cuando por sus labios entre abiertos de sabor a caramelo, en lugar de salir monedas, salían besos que se estrellaban en su boca, en su cabeza, en su pecho</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/803/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>jue, 10 abr 2008 16:57:59 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 8s: Heridas curadas por la pasión]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/829/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/829/"><img src="/contenido/objetos/58/42/58/584258c78295bb960d611a4048427db091049b9a/mini_80_40_1208111824459644.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/829/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 8º: Heridas curadas por la pasión</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 13 de abril de 2008 · Leído <strong>306</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Aurora sentía que su esposo necesitaba de sus caricias y se acercó dándose  por entera  a él. Notaba que su sexo iba a saltar en pedazos de tanta palpitación,  y sus  pequeños y lánguidos senos tomaron la forma de una pera aun verde  y durísima. Sentía que  sus órganos sexuales podrían  lastimarse de tanta excitación contenida,  y apreciaba una mezcolanza de sabores con el solo roce de los  dedos de su esposo  sobre sus pechos ardientes, y los cálidos y húmedos labios de su compañero al estar entre sus firmes pero flacas nalgas.  No aguantaba tanta excitación. Su boca emitía alaridos de placer que su marido ponía en silencio tapando la boca con la mano que tenia libre en ese momento. Aurora tenía una pasión incontrolable y se olvidó por completo del mundo y de que  varios metros más allá, en la habitación de al lado,  dormían su hijo y su madre. Ella nunca se  había comportado de manera tan salvaje, tampoco en el  tiempo  que llevaba con  su esposo,  había  sentido tanto placer,  hasta el punto de que su cuerpo se moviera a la velocidad de un ciclón. Alcanzaron juntos un hermoso orgasmos que los dejó fuera de combate y quedaron abrazados consiguiendo un dulce sueño juntos  por primera vez en más de un mes.

Aurora se despertó sobresalta, tenía cita con el médico a las 16:35 horas y eran las 16:05. A toda prisa recogió las braguitas del suelo  y tapo su sexo desnudo. Se colocó el sujetador. Buscó un vestido   lo más cómodo posible en el armario, y lo metió por la cabeza como el que mete un suave   guante de seda. Calzó sus pies con unas ligeras sandalias de color crema que hacían juego con el vestido que eligió. Recogió su bolso, llaves y salió corriendo  hacia el consultorio médico. 
A las 17:15 horas, Raúl y su abuela estaban en la cocina merendando un trozo de pan con  nata  y espolvoreada de azúcar. Esta nata  la conseguían cada día   al cocer la leche de las cabras. Nieto y abuela se querían mucho ya que  compartían mucho tiempo  juntos.  
-Hola Raúl hijo, dame un abrazo -  se escuchó en la cocina desde la puerta donde  su padre estaba con los brazos abiertos esperando que su hijo tomara carrerilla y se le subiera encima. Así lo hizo Raúl dejando en la mesa el  pedazo de pan. Jerónimo con el niño en brazos fue  donde estaba su suegra y la saludó con unas buenas tarde. 
- ¿Quieres tomar algo?  preguntó Raquel a su yerno. Ella sabía que no había comido.
- No, no te molestes Raquel, gracias, ya me pongo un poco de café y un trozo de pan con nata - contestó Jerónimo
- ¿Donde está Aurora?
- Está en el médico - dijo Raquel con voz suave y algo temblorosa. - Ella está algo delicada, últimamente trabaja mucho y come poco.
Nada más se dijeron. Jerónimo tomo su ración de leche y pan con nata, y salió de la casa.
Esa tarde después de hacer el amor con Aurora, se había hecho la firme  promesa de no volver a entrar en un local de maquinas tragaperras. Por más  intentó que hizo de no ir hacia el lugar, era como si el lugar tirara de él y lo arrastrara como las olas arrastran la arena de la orilla del mar...</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/829/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>dom, 13 abr 2008 15:37:06 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 9s: ¿VICIO O DEPENDENCIA Y ENFERMEDAD?]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/950/</link>
	<guid>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/950/</guid>
	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/950/"><img src="/contenido/objetos/a5/e2/68/a5e26892140f008bfa58d60f0760ac9bbffb4d02/mini_80_40_1209459266401931.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/950/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 9º: ¿VICIO O DEPENDENCIA Y ENFERMEDAD?</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 29 de abril de 2008 · Leído <strong>490</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Se dijo así mismo que no, que no quería ir de nuevo a abrazar a una máquina. No estaban tibias  como Aurora y a demás sólo le traerían problema si se enteraba su familia. Al mismo tiempo sólo sentía bienestar  en ese momento, pero sólo él sabía los remordimientos del después. Presentía que era como tener una amante que se tragaba su dinero y sólo  le calmaba su ansiedad  y angustia en el momento mientras sentía su sonido, y escuchaba su voz suave y cariñosa que le provocaba  a seguir echando y echando  hasta dejarle sin una gota de sangre en sus venas: sin una solitaria moneda en sus bolsillos para poder llevar a su casa, cubrir las necesidades de su familia y ofrecerles  una mejor atención. 

Se decía a sí mismo  que tenía que cortar radical con esta amargura que estaba pudriendo su corazón. Si él pudiera  desertar    de  ese vicio como él pensaba que era, volvería a ser el padre y esposo ejemplar que fue tiempos atrás. Podría echar horas  en la obra y así, Aurora no tendría que ir a trabajar y dejarse las manos y su belleza limpiando para otros.
Jerónimo  había escuchado en varias ocasiones despectivamente decir a otros a sus espaldas  
- ¡!!¡¡¡Mira que vicioso!! ¡¡ Está cada día ahí enganchado!!! Seguro que su familia pasa penurias por su culpa. 
Nadie se podía imaginar la zozobra que aquello le causaba y la fuerza que ponía para no acercarse a ese lugar. Era tal la desesperación que en más de una ocasión pensó en terminar drásticamente con ello. Aun así,  él seguía abrazando la idea de dar un cambio  a su existencia. Su decepción  y desanimo le hacían  volver a caer en la tentación, dilatando su personalidad  en la disociación de su otro yo. Era como si  otra persona  lo suplantara sin perdirle permiso.  Él intentaba construirse un dique fuerte para que no se pudiera romper,  pero sus sentimientos se desbordaban y caía de nuevo. 

Jerónimo en su juventud,   se dijo muchas veces que nunca se entregaría tanto a nada como para necesitarlo,  y ahora ahí estaba, sumido en dos  dependencias que le estaban devastando como persona.
Sus piernas  y cabeza, otra vez más, lo traicionaron y terminó de nuevo rodeando y encadenado metafóricamente a   la cintura de las máquinas y sus Luces de Neón.  Para él era un  calvario, una desilusión. Estaba dispuesto a dejarlo en ese día tan  feliz que su  esposa le había  brindado su amor y respeto,  y él a cambio, no podía hacer nada  para dejar de ser la  escoria y el  vicioso empedernido en que se había convertido.  Se maldijo una y mil  veces y se sintió como un pelele, al que   fuerza ajena a él, le manipulaba a su antojo como si se tratara de  una simple marioneta. 
 
De  los 20 euros que llevaba en el bolsillo, sólo le quedaban 5 Euros,  y con ellos  se dirigió  camino de su casa. Con tan mala suerte que   se le puso por delante una taberna,  y entró en ella  para calmar sus penas con algunos vasos de vino.  Con esa cantidad de dinero tuvo para diez vinos. A pesar de que en el bar le ponían aperitivos variados de  aceitunas, chorizo, alguna sardina añeja que a saber desde cuanto tiempo llevaba frita,  aun así, eran muchos vinos y  sus piernas se tambaleaban. Sus ojos se pusieron llorosos, sus mejillas y nariz enrojecidas y su razonamiento más confuso. Salió de la taberna  y sus pasos eran  como una especie de zis zas.  Cruzaba  la calle de un lado  a otro. Más de una persona tuvo que retirarse para esquivarlo  por miedo a que se le cayera encima.

A las 21 horas, ya anochecido, Jerónimo estaba tirado en un callejón estrecho y sin conocimiento  por el golpe recibido en la cabeza. Bañado en sus propias miserias: sus heces  y pises. Si alguien no pasaba por allí y llamaban a la policía, esa sería su cama.
En su casa, su mujer y su suegra, estaban preocupadas por la tardanza. 
- ¡Nunca ha llegado tan tarde! -  decía Aurora a su madre. 
Ella asintió con un pequeño movimiento  de cabeza pensando que su hija no se daría  cuenta.  Pero Aurora estaba que trinaba y no como los pájaros cuando cantan dulces melodías, si no, que era como un manojo de nervios y en esos momentos, que podría ver hasta   el aleteo de un diminuto insecto, se dio cuenta que algo callaba su madre.
- Qué pasa madre ¿me estas ocultando algo? - preguntó con decisión
-Nada hija. No te preocupes ya llegará - contestó su madre tratando de tranquilizarla.

Pasadas dos  horas más, la preocupación de  madre e hija se palpaba  en el ambiente.   Raquel le contó lo sucedido el día que Jerónimo llego borracho y se cayó en el corral.
- Llegó borracho y muy aturdido. Se desplomó aquí en el corral pero no te dije nada para no preocuparte, pensé que era algo casual 
Sin teléfono ni auto,  nada pudieron hacer, sólo esperar  a que amaneciera y acercase al pueblo para  llamar al trabajo de Jerónimo y poder hablar con él.
La noche se hizo interminable. A penas Aurora había podido dar un par de cabezadas. Raquel, su madre, estaba en la misma situación, y no porque  su yerno se lo mereciera no, estaba inquieta por su hija y por el futuro de su nieto más que por lo que le pudiera haber ocurrido a Jerónimo. 

A las nueve de la mañana, Aurora  se había desplazado como un kilómetro hasta  la plaza del pueblo. Allí en un rincón,  al lado del ayuntamiento,  estaba plantada   la  única cabina de Ribagordo en la provincia de Córdoba. Marcó el número de la empresa de su marido y allí pregunto por Jerónimo. 
- Si, dígame soy el encargado de la obra - contestó una  voz  áspera  al otro lado del teléfono.
 Aurora habló con  voz temblorosa:
- Oiga. Buuuenosss dííías, mire soy la mujer de Jerónimo, por favor ¿puede avisarle, tengo que hablar con él?
- No, su marido aun no llegó. 
Un silencio inundó la estancia de la cabina.  Al otro lado del teléfono, el encargado de la obra, sólo escuchaba la agitada respiración de Aurora. 
-  ¡¡Oiga, oigaaaaaaaaa, señora sigue ahí!! 
- Sí, sí, disculpe,  dígame usted señor. 
- Su Marido, aun no llegó. Últimamente está muy problemático con sus compañeros, es un pendenciero y sólo da problemas. Ya le di ayer  un ultimátum, y veo que no ha hecho nada para remediar su problema. Cuando hable con él le dice que venga por aquí para recoger la carta de despido.  
Aurora, a punto de desmayarse del duro golpe emocional, poco le  faltó  para echarse a llorar aun  así se mantuvo firme y le pregunto al jefe de la obra: 
- ¿Que problemas tienes mi marido? 
- Usted debería saberlo  siguió  hablando el jefe -. Es su marido.   Seguro que anda metido en líos de drogas, juegos, mujeres o vete tu a saber. Tiene gastadas las cantidades de las  nominas hasta el mes de  julio y además parte de la paga extraordinaria.  
- Aurora le dio las gracias al Jefe de la obra y se fue caminado hacia su casa donde le esperaban su madre y su hijo. 

Su cabeza era como una lavadora llena  de palabras que quería lavar y no encontraba el detergente más adecuado.  ¿En lío de mujeres? ¡¡En lío de mujeres no, no puede ser!! ¡¡Juegos y drogas!! ¿Drogas? ¡¡No Dios mío no!! ¿Por qué? ¿Cómo es posible?  Se decía para sus adentros una otra vez. 
Tranquila Aurora, le hablaba su subconciente. No, hasta que Jerónimo  no me lo confirme, no tengo porque creer a su jefe. 
No,</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/950/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mar, 29 abr 2008 05:54:27 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 10s: La verdad al final sale a la luz]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1049/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/1049/"><img src="/contenido/objetos/b1/4a/ee/b14aee70b18f9a52499da5586893185673ba573b/mini_80_40_1211118218610381.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1049/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 10º: La verdad al final sale a la luz</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 18 de Mayo de 2008 · Rating: <strong>6</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>278</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Bien pasadas las 10 de la mañana llegó Jerónimo, todo sucio, vomitado y  bañado en pises. Su cara estaba negra por la sangre seca que, a lo largo de la noche, había ido brotando de una  herida que se hizo en la frente al chocar su  cabeza contra el suelo, en uno de sus ladeos por la borrachera que llevaba  su cuerpo.

Inmediatamente Aurora, al sonido  del timbre, saltó de la  silla. Era como si en esos momentos una larga y fina aguja la hubiera atravesado, por debajo del asiento, llegando a lo más profundo de su corazón.  Dio tal brinco que apunto estuvo de caer encima de su hijo que jugaba,  tirado por el suelo, con un fuerte de indios comanches que él había hecho y ocupaba un trozo de la sala. Sólo tenía cuatro indios  y dos caballos de plástico. Su abuela con unas ramitas  y pajas secas del huerto, le había preparado  una autentica  choza india.  Unos abrevaderos de madera, algunas pequeñas alpacas  para  que se alimentaran los caballos, y unos pequeños rifles apostados en una cerca de madera también elaborada por su abuela. Aurora a punto estuvo de pisar el fuerte de su  hijo, y rodar ella por el suelo.  Él niño, ajeno al gran problema que se rumiaba en su casa, jugaba  con los comanches y caballos salvajes. 

Sin preguntar y totalmente  atolondrada, Aurora abrió la puerta. El primer impulso fue echarse para atrás, del hedor que emanaba de aquella persona a quien ella, a voz de pronto, no había reconocido como su marido. La primera impresión fue la de un vagabundo nauseabundo lleno de  suciedad y mugre.
- Hola cariño, siento esto - por la boca de Jerónimo salieron estas palabras.
Ahí fue cuando la  mujer, agotada por haber pasado la noche en vela, vio que era su marido y no ningún merodeador  vagabundo impregnado en sus propias miserias. Nerviosa y sin saber que hacer, se tapó la cara con sus manos ásperas y envejecidas. De sus ojos del  color  de la miel, brotó todo un torrente de lágrimas.  Sus lágrimas eras mudas e invisibles, nadie las escuchó ni las vio,  tan sólo su alma.  Le parecía  increíble que aquél hombre pudiera ser  el que, la   tarde anterior,  la amó con tanta pasión.
 
Le condujo rápidamente al baño. No hizo el menor ruido al cerrar la puerta. Casi no respiraba para no levantar sospechas de lo que estaba sucediendo en esos momentos. Su Madre, desde el otro lado del pasillo, vio el panorama. Rápidamente se escondió para que ni Aurora ni Jerónimo la descubrieran. Ella sabia comportase y comprendía cuando estaba de más, y cuando tenía que callar. Se fue junto al Raúl, el niño  al verla le dijo que jugara con él. Raquel con sesenta y ocho años,  por unos momentos se tiró al suelo y se transformó en  una joven y bella amazona de largas trenzas. Jugó para que su nieto estuviera entretenido y elevaba la voz por si en el baño había voces que el niño no pudiera escucharlas. 

Aurora le   Ayudó a quitar sus harapientas y mugrientas ropas, y lo sujetaba mientras él   se  sumergía  bajo una cascada de agua limpia, transparente y templada. El agua tibia  fue    arañando toda la mugre de su dolorido cuerpo. La brecha de la frente comenzó a emanar un hilillo de sangre. Jerónimo al  ver la sangre en la bañera se empezó a sentir indispuesto.  Aurora le ayudó a sentarse dentro de la bañera,  mientras él se dejaba lavar por su esposa. La suavidad  de la esponja y la espuma del jabón, hicieron que Jerónimo se evadiera del baño  y, vagamente  entre pensamientos difuminados, comenzó a recordar que  mientras él estaba tirado en el callejón y sin posibilidades de poderse levantarse, unos jóvenes con   cadenas en las manos y en sus cuellos, cabezas rapadas, y botas negras que debían tener en  la puntera una especie de hierro macizo, por el dolor que sintió al ser golpeado: le insultaron, dieron alguna que otra patada y se mearon encima de él. Le salvó  que no le rociaran con gasolina, como oyó comentar a uno de los jóvenes,  porque no muy  lejos de allí sonaron sirenas de la policía, si no,  ahora sería pasto de sus propias  cenizas. Se sentía como una escoria. También pensaba que, quizá, hubiera sido mejor que hubieran terminado con él, de esta forma,  se libraría de una vez por todas de las garras  del juego y la bebida.   Para sus adentro sólo se decía, soy   una autentica mierda fétida y repugnante, no merezco vivir ni hacer sufrir a Aurora.  Sus pensamientos le hicieron ver, que había tocado fondo. Que estaba  en la más mísera de las miserias  y que necesitaba ayuda. 

De pronto Aurora escucho entre el llanto de su esposo una voz  lánguida que le decía:
 -Ayúdame por favor, yo sólo no puedo, ayúdame 
En esos momentos era como si a Aurora la hubieran clavado una daga traspasándola por la mitad del corazón y esté quedó partido en dos. 
No hacia falta preguntarle nada, esas palabras confirmaban lo dicho por el encargado de la obra. Ahora  sabía que todo lo que había dicho no era un bulo ni una sarta de mentiras: lo que el jefe de su marido le había contado, era cierto. Jerónimo al pedirla ayuda se confesaba. Él solo se delataba  de estar  en cosas sucias. Tal vez tuviera una amante, tal vez flirteaba  con el juego, drogas y todo tipo de  mujeres,</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1049/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>dom, 18 may 2008 10:43:39 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 11s: De bruces con la realidad]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1083/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/1083/"><img src="/contenido/objetos/0f/66/bb/0f66bb5a57f8dfcbc570800ddccba2978454a753/mini_80_40_1211729647196742.jpg" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1083/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 11º: De bruces con la realidad</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 25 de Mayo de 2008 · Leído <strong>273</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Mientras que su mujer lo bañaba, él estaba cabizbajo. Avergonzado por el hecho de que era la primera vez que ella  lo metía   en la baño y lo restregaba   como a su hijo de seis años. Nunca recordó, que su suegra un día también tuvo que desnudarle y lavarlo, ese día aun estaba azorado por la borrachera y no se dio cuenta de nada. Al día siguiente no recordaba nada en absoluto. 
- ¿Sabes que ayer fue el cumpleaños de Raúl?  le decía Aurora para quitar importancia y la timidez de su esposo. 
- Sí me acordé y le compré  un regalo, unos bisontes para que cacen sus indios y vaya ampliando el fuerte, pero unos  jóvenes que me propinaron una paliza, me los quitaron. Por eso  me quedé sin conocimiento y tirado en el Callejón de las Margaritas. 
Jerónimo Recordaba que era el Callejón de las Margaritas porque al despertar, fue lo primero que vio. Eso hizo que se orientara aunque no recordaba más cosas. Realmente tenía amnesia, y no recordaba nada. Inventó lo del regalo para salir del paso. No se acordó  que el día veinte  de abril era el  cumpleaños de su hijo. Su angustia por el juego, y después la borrachera por el arrepentimiento de haber jugado y de no haber sido capaz de rechazar las llamadas de las maquinas tragaperras, no le dejaba acordarse de nada que no fuera jugar y jugar. Su cerebro cuando estaba jugando o bebiendo le funcionaba al ralentí, sus neuronas no eran capaces de discernir ni  pensar en nada. Era como un mentecato obsesionado con el vuelo de los pájaros que al verlos queda pasmado pensando por qué  se desplazan de un lado a otro y no se caen en cámara  lenta al suelo.

Desayunaron todos juntos en la cocina. Felicitó su hijo y los dos se abrazan. Raúl quedó enganchado del cuello de su padre y le propinó un gran beso muy sonoro.
- ¿Papito, que me has regalado? - De los labios infantiles de Raúl salió la vocecilla que dejó a su padre totalmente inmóvil y sin saber que decir.
La abuela sacó un papel de estraza donde estaba envuelto un carro de madera tirado por dos caballos.
- Toma Jerónimo, me lo diste para que te lo guarda y  para que  no lo viera Raúl -, le decía su suegra entregándole el regalo para él se lo diera a su hijo.
- Sí, sí claro, como podría olvidarme de ti cariño - su padre emitía palabras  entre cortadas entregándole a Raúl el paquete. 
El niño al abrir el regalo y ver la carreta con los dos caballos,  se abrazó de nuevo a su padre y le colmó de besos. Jerónimo  para sus adentro se repetía una y otra vez  que no merecía tantos besos de su hijo, pero que le hacían sentirse muy bien.
- Aurora, por favor me gustaría que me  acompañaras al médico   pidió Jerónimo, casi rogándole, a su mujer.
- De acuerdo iremos juntos y juntos lo afrontaremos.
Por el camino Jerónimo se confesó a su mujer. Era la primera vez que se comunicaban y se contaban realmente los secretos.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1083/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>dom, 25 may 2008 12:34:08 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 12s: Afrontando el problema]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1100/</link>
	<guid>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1100/</guid>
	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/1100/"><img src="/contenido/objetos/c5/d1/b7/c5d1b7078e9f87830df89b2ae5bce5c829dc6156/mini_80_40_1212178948754959.JPG" border="0" /></a></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1100/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 12º: Afrontando el problema</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 30 de Mayo de 2008 · Leído <strong>295</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Volvieron a casa después de pasarse por la farmacia y adquirir el medicamento llamado Alprazolam, perteneciente a las  benzodiacepinas, que le había recetado el médico. Este medicamento está indicado para el  tratamiento de los trastornos de ansiedad. 
A dosis terapéuticas, las benzodiacepinas producen un grado variable de sedación, modorra, y desfallecimiento, sobre todo al inicio del tratamiento. También puede observarse perturbación, incoordinación motora, alteraciones de la conciencia y amnesia, siendo menos frecuente la aparición de lasitud, cefaleas, visión borrosa, vértigo, nauseas y vómitos, diarrea, dolor de las articulaciones, dolor torácico e incontinencia urinaria. La frecuencia y peligro con que aparecen estos efectos parece acrecentarse con la edad.

Aurora mientras  leía el prospecto se dijo a sí misma: tendré que cuidar de un  adulto convertido en bebé. Ella sabía que iba a ser muy duro y que, en su casa de momento, todo había cambiado.  Pero ella quería a su marido y pretendía que volviera a ser el mismo que era años atrás.  Preparó un café descafeinado  y se lo ofreció a su marido   junto con  la primera pastilla  de Alprazolam.   Él se dejó obsequiar y accedió a tomarse el café calentito con el medicamento. Mientras tanto, su mujer le pasaba sus calidos pero ásperos  dedos  por sus rizados  y ensortijados cabellos pelirrojos. Sus manos, eran unas manos ásperas y castigadas por la sosa que contenía el jabón casero. Aun así, a Jerónimo le parecía que en su cabeza andaba una masajista profesional que le  transportaba a un paraíso terrenal,  prohibido para él,  que ni en sueños  había imaginado. 

En dos días le vería el psicólogo, charlaría con él para  ver si el tratamiento era el adecuado y para escucharle y ver hasta que punto estaba metido en la dependencia del juego y del alcohol. Seguro que lo remitirían  a un grupo para hacer una terapia.
Aurora estaba allí, sus dedos entrelazaban los cabellos de su marido, pero su mente estaba madurando  el problema  que se le había venido encima.  Estaba,  pero realmente   estaba ausente. Su mente en esos momentos se volvió críptica, oscura, enigmática, no sabia como enfrentaría el problema.  Estuvo obnubilada durante casi una hora,  perdida como en un mal sueño. Sólo que no era ningún sueño y sí una realidad, que tenía a su lado, y que tendría que afrontar. La zarandeó uno de los ronquidos de su esposo que allí, en la silla, se había quedado dormido con una posición un tanto extraña. Dios mío si he  perdido  la noción del tiempo dijo para sus adentros Autora. Rápidamente despertó a Jerónimo para comenzar a poner solución al problema.

Se dirigieron  al trabajo de Jerónimo. Iban los dos con las manos enlazadas. Él con la cabeza cabizbaja, ella bien alta. De vez en cuando  le tomaba de la  barbilla y, con suavizad, le elevaba la cabeza para que sus ojos miraran al horizonte y no al suelo. No había nada por lo que avergonzarse. El propio médico les dijo que era una enfermedad y no un vicio, y como tal, tendría que ser   tratada. Jerónimo en la consulta al escuchar que era un problema de salud mental, sintió como si le hubieran quitado de encima una losa, que  para él pesaba toneladas, y le tenía avergonzado, hundido y humillado. A la vez que se quitaba esa carga de su interior, se sintió inquieto ante la perspectiva  y efectos secundarios que le pudiera crear el tratamiento y como le juzgarían los demás...</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1100/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>vie, 30 may 2008 17:22:29 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 13s: Caín se quedó con un palmo de narices]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1183/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
  <tr valign="top">
    <td width="1"></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1183/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 13º: Caín se quedó con un palmo de narices</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 10 de junio de 2008 · Leído <strong>293</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Después de una gran caminata llegaron a la oficina;  allí estaba el encargado de la obra donde trabajaba Jerónimo. 

-Buenas tardes -  dijeron los dos al unísono.

- Buenas tardes - contestó el encargado

Aurora se precipitó sobre la mesa y le entregó el parte médico de baja de su esposo.

 Caín,  que así se llamaba el encargado, con voz y mirada burlona se dirigió a Jerónimo diciéndole:

- Nos olvidaremos por unos días de tu avinagrada cara  y de tú insolencia. 

Jerónimo se mordió los labios y no respondió, le cortó la presencia de  su mujer.  Por su cabeza pasaron montones de imágenes de engrescarse con Caín. Apretó su puño derecho con rabia, mientras que con la otra mano le sujetaba para que no saliera disparado, y se estampara en la cara del oso peludo que tenia  delante suyo. Caín era una mole de grasa que solo sabia insultar  y dejar en ridículo a sus trabajadores delante de otros. Su cabeza era como una gran bola pesada de jugar a los bolos. Sus pelos pegados al cráneo, parecía como si  cada día al salir de casa lo lamiera una vaca dejándolos aplastados y sin brillo,  llenos de mugre y grasa rancia, que emanaba de su cuerpo deformado y grueso, de tanto  consumir hamburguesas.   Él sabia que el daño psicológico  machacaba  a los obreros que  tenía a su cargo,y de  ésta forma trabajaban enrabietados y a destajo rindiendo más. No sabía comportarse de otro modo, ni siquiera delante de una mujer tan bella como Aurora. "Da gracias a que me acompaña mi esposa sino te machacaba" pensó  Jerónimo atravesándole con la mirada y gratamente sorprendido de la respuesta de su mujer.

 -  Miré usted, que sea su jefe no le da derecho a  insultar y faltar el respeto a mi marido - contestó Aurora encolerizada -. Si usted no respeta a sus trabajadores, no espere mejor trato de ellos. Afortunadamente mi marido dejará de ver su cara depor una temporada. Tenga usted su baja. Adiós.  

 Caín se quedó con un palmo de narices: no estaba acostumbrado a que nadie le contestara y mucho menos una mujer.  Estaba divorciado por malos tratos a su esposa. La última paliza que la dio, la dejó con la cara hecha un cristo, los dientes rotos excepto las muelas que se quedaron temblando, y agarradas  a un pequeño trozo de carne enrojecida, por la turbulencia del golpe. Se sentían el dueño de las personas y eso le fastidió bastante. ¡¡¡Una mujer llamándome la atención a mí!!!

 - Será hija de la gran - gritó encolerizado. 

Llegó a oídos de los dos que aun estaban a una corta distancia de la oficina. El berrido de Caín fue como el bufido de un toro bravo  que deja eco.  Jerónimo  hizo esfuerzos para desembarazarse de su mujer y darse la vuelta, pero ella lo tenia agarrado y lo arrastró fuera del lugar. 

-No, no merece la pena. No te pongas a su altura  ¡Tu vales más que él! Si quiere camorra que se vaya a Italia y busque a la mafia. Haz como que no lo has oído -, le decía su esposa acelerando un poco el paso. 

Aurora sabía que ante  la indiferencia, un hombre como Caín se  iba a desconcertar  y su rabia  y frustración   aumentaría y con ésta, el resentimiento. Aurora  tenía dominio de sí misma y  no iba a responder, así lo hizo. Ella sabía mucho de modales y tenía una gran psicología para afrontar los problemas. 

 

Caín  al no lograr su objetivo con la mujer,   insultó  a Jerónimo para ver si este respondía. 

-Eres un maldito hijo de puta mujeriego, borracho y jugador - de su boca, con dientes que relucían enfundados oro, salían palabras crispadas y llenas de odio.   Su nuevo ataque tampoco dio resultado. Aurora y Jerónimo se alejaron haciendo oídos sordos. 

- No responder a las palabras que intentan ofendernos es lo más sabio - le decía Aurora a  su compañero que, en esos momentos, estaba nervioso y temblando como un niño -. La dignidad y la clase no se compran. Nosotros no tendremos dinero,  pero en  clase y dignidad somos ricos. Guardamos un gran tesoro en nuestro corazón.  Tenemos la  mayor fortuna   susurraba suavemente en el oído de Jerónimo su esposa -.No te preocupes que nada nos va hacer. Es un cobarde refugiado tras su cargo. Tan inseguro ante la vida que sólo sabe ladrar para humillar a los demás.

 

 El encargado se quedo allí refunfuñando porque no los había humillado. Era como  él más disfrutaba: humillando a las personas.  Esta vez la humillación  se volvió contra él con la indiferencia. Al no obtener respuesta se quedó apabullado.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1183/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
  </tr>
</table>]]></description>
	<pubDate>mar, 10 jun 2008 18:36:39 GMT</pubDate>
</item>
<item>
	<title><![CDATA[Pasaje 14s: Primer contacto con otros ludópatas]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1345/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"></td>
    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1345/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 14º: Primer contacto con otros ludópatas</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 10 de julio de 2008 · Leído <strong>840</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Anastasio era un señor maduro. Su cabeza estaba cubierta  de un pelo sedoso y plateado. Sus mejillas,  aun lucían algunos hoyuelos que en su infancia le quedaron marcados por la viruela.  Tenía un elegante bigote negro con alguna que otra cana  que agraciaba su cara. Era un hombre fino y muy elegante. Vestía traje de paño  a rayas. Sus dedos estaban ensortijados con anillos  con forma de cara de animales. Uno de los anillos era la cabeza de una serpiente con dos rubís por ojos.  Otro de sus anillos lucia la cabeza de una pantera y dos enormes esmeraldas.  Sus zapatos estaban brillantes, relucientes como un espejo.
En esos momentos comenzaba a hablar en una sala llena  de personas, en donde por lo general, la gran mayoría eran hombres con diferentes problemas en la vida. Pero cada uno de ellos compartía el mismo problema.  ¡¡Todos ellos eran ludópata!!. Unos estaban más avanzados en  la cura de su enfermedad. Otros como Jerónimo, y su esposa  Aurora que le acompañó, era la primera vez que acudían a la terapia en grupo.

Anastasio tenía la  boca seca y con bordes blanquecinos a los lados de cada comisura. Esto no le impidió comenzar y,  que  su  boca se quedaba   pegajosa,  al abrir los labios; unos hilos pastosos de saliva muy tupida y blanquecina intentaban sellar sus comisuras de los labios. Hizo   un gran esfuerzo y en toda la sala se escucho su voz:


- Agradezco  a todos y cada uno de vosotros que   no juego, no. Hace quince meses que no juego. Y gran parte de mi  rehabilitación se la debo a Inmaculada por tolerarme, por aguantar cada día mis impertinencias.  A vosotros por  vuestro apoyo, gracias al cual  he aprendido a quererme y a controlar mis impulso. Me costa que sois mi gran familia. Seguramente  sin Inmaculada y sin vosotros, esto no hubiera sido posible en mí. Pienso que sin esta gran familia, nunca me hubiera dado cuenta de mi enfermedad,  y no hubiera podio salir del pozo en donde me estaba ahogando. 
Anastasio inspiró profundamente mientras les miraba detenidamente uno a uno, intentando  darles ánimo con su mirada, y al cabo de unos segundos que le sirvieron para que descansaran sus cuerdas vocales, continuó hablando:

- Ahogué en este naufragio a toda mi familia y amigos. A mis hijos, ¡¡¡ni siquiera por ellos pude cambiar y dar el paso atrás que necesitaba!!!. Hundí a todos mis seres más queridos, a todo el que me rodeaba o se acercaba a mí con buenas intenciones. Terminé con todos ellos. Me vi solo. Me quede sin nadie y hoy de nuevo  tengo amigos. Amigos de verdad, no de juegos ni borracheras. Ya estaba dando los últimos coletazos para ahogarme y,  pedí ayuda. 

Inmaculada su psiquiatra y amiga, le llevó un vaso de agua fresca. Anastasio paró un segundo,  sus ojos se veían húmedos. Inmaculada le dio un apretón de manos para darle  ánimos,  pero no le dijo nada.

- Tuve días muy duros -  continuó con su charla Anastasio -. Días de autentico calvario y angustia. Aquí están mis  últimos 25 años, ese es mas o menos el tiempo que hace que empecé a jugar, creo.realmente no lo sé. Los primeros meses, se comienza coqueteando y después ya no es coqueteo si no, que es pura necesidad. Hay días en los que pienso que todo fue un sueño.  Me basta  mirar a mí alrededor, para darme cuenta de que no, no es un sueño. No encuentro a nadie de mi familia, nunca más  vi a  nadie de mi familia  ya sea de sangre o con la    que  un día formé un hogar, cuando miro alrededor mío no están.  ¡¡Me quedé  solo!! Esa soledad se la debo al juego y a las borracheras, es una parte del coste que hay que pagar, y no es la  más execrable Otros pagaron con su vida Las fuerzas les abandonaron y se dejaron morir. No sé en que período, ni en que lugar, ni de que forma comenzó, pero sucedió, y sin darme apenas cuenta me convertí en un autentico ludópata. Esto  lo supe muchos años después. En casa, mi esposa  constantemente me lo decía, pero yo estaba ciego y no lo quería, o no lo podía entonces ver. Es mas, hasta hace  unos pocos  años, ni siquiera sabia que tenia un problema, ni mucho menos que ese problema  fuera las  maquinas tragaperras, y que se llamara ludopatía. 
El paciente  vertió de  una botella un poco  de agua en el vaso, bebió un ligero sorbo para enjuagarse la boca. Volvió a dejar el vaso con suavidad sobre la mesa, y se dirigió nuevamente a la audiencia que ensimismada le escuchaba:

- Mi único interés era el juego.  Me sentía bien, me deleitaba al máximo acudiendo a casinos  y alguna que otra vez  al bingo.  Cuando iba perdiendo poder adquisitivo, comencé a visitar los bares y sus maquinas.  Cuando perdí toda mi fortuna: mi fabrica de coches, mis cinco chales en Marbella, dos barcos de recreo, empecé con las maquinas tragaperras. Era un autentico volcán  del juego. Seguro que  en vuestras cabezas os haréis la siguiente pregunta. ¿Si entonces estaba solo?  No,  todavía no. Tenía esposa y dos hijos.  Tenia amigos, muchos amigos, que poco a poco fui perdiendo por prestar mas atención al juego que a todos ellos. Además, con engaños, los embaucaba y pedía sumas elevadas de dinero que nunca  los devolví.  Así de cara dura e  impresentable me había convertido. Anteponía todos mis tesoros, mi  familia y amigos,   por el juego. 
Anastasio tomó un respiro  mientras intentaba comprender  la reacción que sus palabras causaban en la audiencia, especialmente en las dos personas nuevas.

- Muchos  años de mentiras, astucias, estafas y no sé cuantas artimañas llegué a inventar  - continuó su exposición   Anastasio -. Cuando parecía que tocaba el fondo y era un barco a la deriva,  me sumergía y  tragaba algo de agua y de nuevo salía a flote con un nuevo trabajo bien remunerado. No sé cuantas veces me prometí, y cuantas veces me dije a mí mismo,  que no iba a volver a   jugar;  pero mis palabras se las llevaba el viento.  La de veces que llegué a maldecir el día en que nací. Me llamé pelele. Me odiaba a mi mismo por no tener ningún control sobre juego y la bebida. Me tiré de los pelos, me di cintarazos y a punto estuve de comerte un asesinato con mi persona. Pero todo se me olvidaba y de nuevo volvía a caer. Me avergonzaba de mi mismo, ¡¡yo no era persona!! Era  un gran monstruo, el mayor  del mundo. Pero mi cabeza me volvía a jugar una y mil veces las mismas trampas y caía, y caía Seguramente, algunos de los que me estáis escuchando  os  veáis  reflejados en parte o totalmente, y es curioso, porque lo mismo me sucedió  a mí cuando comencé esta terapia, y supongo que le sucede a todo el mundo. Recordando todo lo que me ha sucedido por culpa del juego y de la bebida, se me pone un nudo en la garganta y podéis ver que las manos me rehílan de miedo. Aun así debo continuar, y digo debo, porque tengo un compromiso con todo el mundo. Una deuda que sólo puedo pagar de esta manera: trasmitiendo mi experiencia  para poder ayudar a los demás, como a mí me han ayudado otros.  Creo que es bueno contarlo  para que las demás personas piensen en su rehabilitación. De esta manera, yo podré  devolver una pequeñísima parte de lo que aquí he recibido.
De nuevo hizo otro alto para tomar una pizca de aire e intentar ver la sensación que sus últimas frases habían causado entre los que le escuchaban.

- Cada día que puedo acostarme sin jugar  continuó de nuevo -,  me doy gracias a mí mismo y se lo dedico a esta asociación. Cada pequeña batalla ganada, para mí es una gran victoria que me hará ir sumando triunfos.  Sé que me quedan aun muchas cruzadas por ganar,  y que seguramente no todas  ganaré, pero el conflicto que tengo conmigo mismo, tampoco lo perderé. Ya estoy adquiriendo  seguridad  y tengo fe  en mi mismo. El  grupo me da una perspectiva más real de las cosas, y aunque todavía  mis pesadillas se cocinan en casinos, salas de juegos y maquinas quita sueldos,  estoy aprendiendo a despertar a tiempo y sacudir mi cabeza para ponerla en alerta. También intento bañarme cada día con aguas limpias y no sumergirme en un mar de alcohol. Ya empiezo a  ver el camino del cambio,  y pronto seré libre. Libre para poder decidir y decir noooooooooooo. Mientras tanto, he de seguir en guardia.

Las manos de Jerónimo y Aurora estuvieron todo el tiempo entrelazadas</div>
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    </font></td>
  </tr>
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	<pubDate>jue, 10 jul 2008 18:18:15 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 15s: Obsesión]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="100%"><font face="Tahoma, Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2" color="#000000">
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1515/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 15º: Obsesión</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 04 de agosto de 2008 · Rating: <strong>10</strong> con <strong>1</strong> voto · Leído <strong>284</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Jerónimo no estaba dispuesto a que su enfermedad durara tanto tiempo como la de Anastasio, y se prometió así mismo, hacer lo imposible por acudir cada día a la terapia y, poner toda la carne en el asador,  salir victorioso en un tiempo que se dio así mismo de 3 meses. 
Él sabía que a las enfermedades no se la puede poner tiempo para su curación. No es como el que empieza un poema, una pintura, un libro A estas actividades uno le pone fin  dependiendo del tiempo que le dedique, y de las hojas que compongan  el libro. A la pintura estriba en las pinceladas que uno quiera dar y cuanto color quiera poner en el lienzo. Pero la enfermedad se sabe cuando comienza pero no cuando tendrá final.
Acudió a la terapia durante nueve días con Aurora. Al decimo día, Aurora  no pudo volver del trabajo y Jerónimo  tuvo que ir sólo. El dinero escaseaba y necesitaban comer cada día y pagar las deudas que Jerónimo adquirió   en varios casinos.
Jerónimo tomó la dirección del centro de Rehabilitación sin ningún    entusiasmo. Fue dando pasos cortos como para alargar la llegada.  Aurora era quien le daba frenesí, el ímpetu por la vida que él un día perdió abrazado a alguna cintura dura y tosca con encanto multicolor  y voz melosa invitándolo a jugar.  Según se iba acercando al lugar de la terapia, comenzó a escuchar  esa voz que era tan familiar para él. Voz aterciopelada y lejana susurrando en sus oídos y  tiraba de él hacia  los lugares que tenía vetados. 
Jerónimo era hombre de autoestima muy baja. Desde muy niño  perdió a su madre y su padre lo abandonó  en un orfanato.  Su padre era adicto al vino y un día  sí y otro también,  se pillaba buenas cogorzas. De vez encunado se le escapaba algún que otro cintarazo. Sus pantalones estaban sujetos  de un cinto ancho y de una hebilla de hierro con cara de serpiente. El día que venía con la sangre envenenada, se sacaba de las presillas del pantalón  el cinturón y como si se tratara de un látigo  ondea en el viento y seguido descargaba su furia  poniéndole  el culo  al rojo vivo. A él  le dolía hasta el alma. No comprendía como su padre que era un ser cariñoso y bondadoso, al morir su madre cambio de la noche  a la mañana  convirtiéndose  en huraño y mal padre. Cuando supo que lo iban a internar,  pensó,  que tal vez estaría  mejor fuera del ámbito familiar, aunque tampoco le dieron a elegir. Salió de Málaga  y lo metieron en Malagón. Allí recibió todo tipo de maltrato.  Palizas, gritos,  insultos, duchas de agua  frías en pleno invierno Su infancia fue un verdadero tormento. Allí  no le ofrecieron una vida nada agradable. Se hizo un ser rebelde y desconfiado. Ante tanto sufrimiento él tenía un lema: no quieras para los demás, lo que no quieres para ti.
Jerónimo recordaba muchas veces aquella infancia y pensaba que, si él hubiera intuido  lo que la vida le depararía, hubiera dejado de respirar en la barriga de su madre.  Sus  verdes ojos como dos gotas transparentes  del mar, se llenaban de agua salada. Sus lágrimas brotaban y saltaban de sus orbitas para estrellarse contra su pecho, o beberlas en esa carrera que hacían por sus mejillas y a veces se desviaban para desembocar  en sus  labios. Muchas noches lloraba en silencio en la alcoba donde tan feliz era con su mujer.  Cuando conoció a Aurora,  él percibía que ella reforzaría su vida. Ella era poco habladora pero muy humanitaria y dispuesta a ayudarlo. Él la había defraudado, desilusionado y aunque intentaba ser honesto y sincero con ella, no la diría que en lugar de ir a la terapia, llegó hasta las maquinas tragaperras en la desesperación de no poder jugar, pues nada llevaba para echar  y hacer callar la voz que le atormentaba en su mente.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1515/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
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	<pubDate>lun, 04 ago 2008 08:06:36 GMT</pubDate>
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	<title><![CDATA[Pasaje 16s: El accidente]]></title>
	<author>
		<name><![CDATA[Isabel60]]></name>
		<uri>http://www.literativa.com/autores/40/</uri>
	</author>
	<link>http://www.literativa.com/historias/285/pasajes/1767/</link>
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	<description><![CDATA[<table width="100%" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0">
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    <td width="1"><a href="/historias/285/pasajes/1767/"><img src="/contenido/objetos/e0/d2/03/e0d2032a72e64b41626c1fe1eb579881d3d453ae/mini_80_40_122643999229975.jpg" border="0" /></a></td>
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    <div><a href="/historias/285/pasajes/1767/" style="text-decoration:none;font-weight:normal;"><font face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="4" color="#CC0000">Pasaje 16º: El accidente</font></a></div>
    <div><font color="#999999">Versión escrita por <a href="/autores/40/">Isabel60</a> el 11 de noviembre de 2008 · Leído <strong>198</strong> veces</font></div>
    <div style="padding:10px 0px 10px 0px;">Más o menos a la hora que terminaba la terapia, Jerónimo volvió a su casa. Fue todo el camino solicitando  ayuda aunque fuese del mismo demonio. Por todos los medios tratos de ir sereno a pesar de  no poder jugar, su estado era  algo lacónico, no obstante, iba  henchido en su interior de rabia y desazón por no poder sentir los latidos,  tan sonoros, de tan apreciable máquina que aplacaba su mal estar de momento, y era la causa de tanto sufrimiento después de tontear y jugar con ella.
Al  entrar por la puerta de su casa, su hijo Raúl se precipitó de un gran brinco en sus brazos, como el que se tira encima de una ola, sabiendo que no se hará daño. Jerónimo lo tomó en brazos y lo hizo volar varias veces lanzándolo por los aires y tomándolo de nuevo con mucho cuidado para no hacerle daño. Las risas y griterío del niño, hicieron que La abuela se precipitara en su  carrera, tropezándose y quedando lastimada en el suelo.  Intentó varias veces levantarse pero no pudo. Y por fin no vio otra salida que la de gritar pidiendo ayuda.

El niño fue depositado en el suelo por su padre y salió corriendo como un joven pájaro  al escuchar,  por segunda vez, los lamentos de su abuela. Su primer impulso al ver a la abuela tirara en el suelo fue, estirar sus bracitos como si fueran grandes  remos, y   en donde en  las extremidades  pendían de de cada uno de ellos, unas  chiquitas manitas  para ayudarla a levantarse. 
- No mi vida,  - le decía su abuela con cara de mucho dolor -, no cariño tú no  puedes. ¡Qué venga tu padre!
 Fue termina de decir esa palabra y allí estaba Jerónimo con las manos en la cabeza asustado y con los ojos saltones apunto de salírsele de las orbitas.  A Raquel, la anciana abuela tan cariñosa y fuerte, le asomaron dos luceros que corrían a toda velocidad por los  dobleces de su afable y arrugada cara. Las lágrimas dieron un gran salto como esquivando la última ola que surcaba su cara,  estampándose y salpicando  en el frío suelo.
- No, no la levantes Raúl, hijo -, le decía su padre excitado y a punto de darle un colapso -,  no sea que tenga rota la cadera y se haga más daño. Quédate aquí  mientras yo pido ayuda a algún vecino.</div>
    <div><a href="/historias/285/pasajes/1767/" style="text-decoration:none;"><font color="#235689"><strong>Leer más...</strong></font></a></div>
    </font></td>
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	<pubDate>mar, 11 nov 2008 18:46:32 GMT</pubDate>
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