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Sinopsis
Bueno bueno bueno… ¿Quién no pasó por un amor enfermo?... y si no lo pasó, existen 99,9% de posibilidades en que lo pasen.
Confieso que fui una de las víctimas, difícil superarlo… pero no imposible. Es una cuestión paradójica y realmente discordante. Pueden decir que si es “obsesivo”, no es amor…pero no coincido. Tendríamos que plantearnos de una manera clara, qué es el “Amor enfermizo”. Mi experiencia me dice, que es todo aquél amor que anule la personalidad de una de las partes; aquella relación en la que exista un “dominante” y por ende, un “dominado”. Se resalta la puja de poder: el más fuerte se sitúa sobre el más débil abocando su tiempo en una interminable tortura, tratando de destruir al otro, posicionándose sobre sus inquietudes y debilidades, provocando el menoscabo de su salud mental y emocional. Un indicio muy característico, para determinarlo con simpleza, es aquél que no busque la “mutua” comprensión, la “mutua” felicidad, el “mutuo” placer, el divino cariño…y sobre todo, la “mutua” y sincera Aceptación. Actualmente existe un prototipo, que se acentúa cada vez con mayor “normalidad”: “el hombre fuerte agresivo, y la mujer que se muestra indiferente, para no asumir que es víctima de este tipo de ataque”. Y… ¿Por qué lo permitimos?... ¿La traicionera soledad? ¿El miedo a la “autogestión”? ¿La dependencia?... Sigamos… Desde mi lugar… mientras atravesaba ese maldito flagelo, llegué a cuestionar que “el amor recíproco, comprensivo, risueño, placentero, incondicional”, existiera…Yo era una mujer sana, que entregó su confianza ciegamente a una persona, quizás con algunos valores trastocados y una mentalidad un poco enferma. Su particular manera de resolver los conflictos, y plantear las discusiones, me hicieron sentir en muchos casos, culpable. ¿Cómo era posible que yo tuviera la culpa de su infidelidad?...Si únicamente hacía todo lo que el me pedía: dejé de hacer lo que antes hacía, porque a él no le gustaba; dejé de hablar con quien antes hablaba, porque a él no le parecía; dejé de frecuentar los lugares que antes frecuentaba, porque a él le molestaba. ¿Yo tenía la culpa?... NO, Claramente no tenía yo la culpa… Existen 2 puntos claves, que se suceden en una relación, atravesando al mismo tiempo, dos etapas diferentes. La primera fase: ver todo color de rosa brillante con maripositas divinas volando por el aire; y La segunda fase: cuando uno de los dos muestra los dientes, por decirlo de alguna manera. Estoy hablando… - Por una parte, de “la Sexualidad”: Al principio de una relación, el propio placer se basa única y exclusivamente en el placer del otro. “Sólo estoy bien, si te hago sentir bien”. Con el tiempo, y como consecuencia de la rutina, uno de los dos, prima su goce…sin importarle lo que su pareja necesite. Dicho miembro, se preocupa más porque no es capaz de sentir, confiriéndole al otro, la culpa de que así sea. - Y por otra parte, de “la Comunicación”: En un primer momento, quizás en la etapa de pleno “Enamoramiento”, ambos miembros no sean capaces de ver los defectos… todo resulta maravilloso, inteligente, maduro, ideal… se traduce en un “Sí, Mi Amor…”. Al cabo de cierto tiempo, y en ciertos casos, la comunicación se altera, se desgasta. “Ya no le puedo decir lo que siento, lo que pienso, lo que necesito. No entiendo por qué… pero su reacción me hace mal”, entonces comienza una apocalíptica represión de aquello que uno tiene para decir. Todo termina en desesperanza y tristeza… “No me comprende…” Podemos hablar incluso, de otros dos puntos, transformando la ecuación, en cuatro índices claves de este maldito trastorno: - Uno, “La Dependencia”: Es tan común sentir y decir en este amor enfermo: “juro que sin vos no puedo vivir”, “si me dejas me mato” “sos mi vida” “nadie te va a querer como yo te quiero”… como éstas, existen Infinitas frases que, indudablemente, no son más que el peor cáncer que puede llegar a tener una relación. Es un gran peligro para una persona sana cruzarse con una dependiente, muchas veces terminan trastocándose… “Todo por amor…” - Otro, “La infidelidad”: Bueno… tema recurrente si los hay… Básicamente surge de la sexualidad, de buscar en otro lo que no se encuentra en la pareja, ésto como resultado, quizás de carencias de amor. Lo claro es que quiebra el vínculo de una forma muy muy particular, y ésto es así… la confianza JAMÀS vuelve a ser la misma, la obsesión se agudiza, los celos son cada vez más enfermos y absorbentes. El tema es interminable, cuando a una persona le fueron infiel, las mismas preguntas resurgen, sin discriminación, constantemente… “¿Cuándo?” “¿Cómo?” “¿Dónde?” “¿Qué hice mal?” “¿Por qué no me di cuenta?” “¿La besó como me besaba a mí?” “¿Le dijo las mismas cosas que solía decirme a mí?” “¿Cuáles fueron los detalles?”… cuestionamientos que no hacen más que lapidar a la víctima, por momentos, esas preguntas desaparecen… pero sólo para volver con más fuerza…la incertidumbre por saber qué pasó realmente, termina siendo más fuerte que todo lo demás. La obsesión aumenta… Un hombre que “te cuida”, que no te deja vestir como a vos te gusta, que no te deja ir a determinados lugares, ni hacer determinadas cosas, un hombre que te dice lo que debes comer, cómo comportarte frente a otros hombres, frente a tus amigos/as, alguien que “te enseña” cómo reaccionar cara a ciertas situaciones; es un hombre con una mente enferma, que inconcientemente te crea una gran dependencia… ¿O no te sentís manipulada, engañada, incomprendida, llena de tensión, perseguida por hacer y cumplir con sus mandatos para que no se ponga nervioso, para que se sienta feliz a tu lado? Ése, es el punto principal. Ya estas enferma por él… Yo se muy bien que no es simple encausar la relación. Es una conjunción de sensaciones encontradas dentro de uno mismo, te auto-decís “¿Dónde está mi carácter?“ “¡Hoy le digo todo lo que pienso, siento y quiero!”…y después…lo ves y morís de amor, te conformas con sus migajas, porque sus migajas son tu TODO… Se transforma en un círculo vicioso, en una cuestión de nunca acabar, donde no sos más que una pobre infeliz, que se mata por alguien que no valora ni un poquito de lo que das, decís y haces… Tenemos que reestructurar el concepto, y edificar la relación bajo “Lo mutuo”, fuera de todo tipo de narcisismo: Mutua confianza, mutua aceptación, mutua felicidad, mutuo acuerdo, mutuo, mutuo, mutuo… Establecer un vínculo, una parte por un deseo de supremacía y la otra sometido a un complejo de inferioridad, claro está, y no hay que ser muy pispo para darse cuenta… es una relación que no va a prosperar. Debemos ser coherentes al pensar, y consecuentes al actuar. Y ésta es mi conclusión luego de vivir lo que me tocó vivir, o padecer, mejor dicho… La pareja se forma de a dos, la felicidad debe existir para los dos, teniendo siempre en cuenta que tu vida tiene que ser siempre tuya, jamás debes derivar, en otro, el control de la misma… porque es en ese momento cuando te metes en problemas. Tenías tus cosas, tus amigos, tus proyectos, tus deseos y sueños antes de conocerlo. Si te quiere, tiene que aceptarte así… y viceversa. Pasando a tener ambos dos vidas: una, la que traían; y otra, la que comienzan a compartir. Buscando, obviamente un cierto equilibrio, no imponiendo a rajatabla lo que uno quiere, porque caeríamos otra vez en lo que antes criticábamos. No hay que dejarse cambiar, ni intentar cambiar a nadie. No es sano… “Si la amas, déjala ser; si la quieres, déjala Volar…” sabia frase. Auto respeto, Auto comprensión y Auto aceptación, antes que nada… sino te transformas en un títere infeliz y desgraciado, de alguien que no vale… ni un poco… la pena.
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