2ª PARTE: LA ESTACIÓN
Escrito por kriptomana (Desconectado Offline), el 25 de marzo de 2009
2ª PARTE: LA ESTACIÓN
La estación, de paredes blancas como todos los edificios del pueblo, tenía varias dependencias. Las oficinas que comunicaban con la ventanilla de venta de billetes, un almacén y la caseta, pequeña y ventilada del guarda. El Sr. Blanquillo, -el nombre le venía al pelo en aquel pueblo blanco.-, era el jefe de estación, y como único empleado vendía los billetes, abría y cerraba la estación y arreglaba los cuatro papeles que generaba la pequeña estación. El guarda de noche, un tal Federico Losada, se había tomado una excedencia que duraría todo el verano y necesitaban cubrir, para mi suerte, la plaza. El Sr. Blanquillo, de unos cincuenta años de edad, llevaba quince años trabajando en esa estación. Iba en mangas de camisa y unas gotitas de sudor resbalaban de vez en cuando frente abajo. Sus ojos se escondían bajo unas pobladas cejas grises que le daban el aspecto de estar siempre enfadado. Sin embargo, el buen hombre tenía un excelente humor y no parecía infeliz ni triste. Sino todo lo contrario. Rápidamente me enseño en que consistiría mi trabajo. Más que nada era evitar que alguien entrara en las dependencias cerradas de la estación. En el andén no había problema si alguien se sentaba a esperar. Naturalmente, todo dentro de un orden. No querían que nadie cayera a las vías y cosas así. El Sr. Blanquillo que se jactaba de conocer a las personas en un primer vistazo, me dijo que yo tenía rostro de juez. Achaqué aquella observación a una prueba más de mi buena suerte, pues mi idea al acabar los estudios era preparar las oposiciones para juez. El Sr. Blanquillo no sabía que yo estudiaba derecho, así que de alguna manera se me estaba indicando que iba por buen camino.
Volví al hostal a descansar un poco, ya que debía empezar cada día a las 10 de la noche y acabaría a las seis de la mañana, hora en que el Sr. Blanquillo abría la estación. Así, aquella noche empecé un poco antes. Estaba de mejor humor y quería causar buena impresión a mi jefe. Tomamos un café y le ayudé a cerrar la estación. Nos despedimos y, de esta forma, comenzó una ristra de dias y noches, todas iguales, marcadas por el calor, la comida de la Sra. Vicenta en el hostal, los cafés y las pequeñas conversaciones, mis lecturas en la noche y mis paseos solitarios por la estación, bajo las estrellas. Casi nunca venía nadie por la noche. Solo a las diez, al comenzar yo mi turno una figura solitaria, tocada con sombrero y largo gabán negro, se sentaba en un banco del andén, esperaba media hora y luego, se marchaba a pasos despaciosos, con la cabeza baja. Esto ocurría todos los días. Yo solía cenar y me preguntaba a veces, quien seria aquel hombre que cada noche aparecía y hacía lo mismo. ¿Esperaba o era aquella el final de un paseo?.

 

Escoge el próximo pasaje
Versión
1
div
Escrito por kriptomana (Desconectado Offline), el 25 de marzo de 2009
· Leído 39 veces · Sin comentarios · 6 pasajes debajo
Las noches pasaban lentas. Las ocupaba leyendo, escuchando la radio y paseando por el solitario andén. A la mañana, cuando llegaba el Sr. Blanquillo nos tomábamos en tranquila contertulia un café, abríamos la estación y trás despedirme ... Leer mas


 
Volver al
Pasaje 1º
Escribe tu versión del
próximo pasaje

 
Comentarios
Nadie dejó comentarios en este pasaje.
Escribe el tuyo
Te gustaría comentar aquí
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios
Obtén tu cuenta gratis | Ingresa
Leído 45 veces
Privacidad: Pública
Rating
Puntaje: Sin votos
Ideas
Personajes
Argumento
Comparte esta historia
LINK:
Para enviar por mensajería instantánea o e-mail.
HTML:
Para pegar en tu blog, foro o espacio web.
Creative Commons License
Reconocimiento - NoComercial - CompartirIgual 3.0
 
Tu cuenta
Ingreso
Obtén tu cuenta gratis
 
 
 
Mensaje


Exito


Error


Aviso


Related Links

Partner Links